Sistema de Salud

La situación de salud de las mujeres nicaragüenses ha ido mejorando lentamente, lo que significa que todavía presenta serios problemas, dado que partió de una situación extremadamente deficiente en los años cincuenta y ha tenido oscilaciones considerables, especialmente durante los pasados veinte años.

Las dificultades sanitarias de Nicaragua están referidas tanto al desarrollo del sistema de salud (cobertura, recursos, modernización, etc.), como a la mejoría del nivel de vida de la población y a los cambios que pueda sufrir en su dinámica socio-demográfica.

Como la mayoría de los países del continente, en las décadas de los años cincuenta y sesenta, Nicaragua experimentó una especie de reforma sanitaria con la distribución mundial de vacunas y de antibióticos para combatir las enfermedades infecto-contagiosas. Pero debido a la situación sociodemográfica, no tuvo particular trascendencia en la composición de su cuadro epidemiológico, aunque experimentó un descenso moderado en los indicadores de mortalidad general y en la niñez particularmente.

Antes de 1979, la responsabilidad de la atención de la salud de los nicaragüenses recaía principalmente sobre el Estado, mediante los hospitales asistenciales a la población general y la asistencia prestada por el Instituto de Seguridad Social a unos pocos asalariados urbanos asegurados. Por otra parte, existía una medicina privada, cuya cobertura nunca fue muy bien estimada. Sin embargo, por las características de la atención, se puede asegurar que el porcentaje de la población que cubrían ambos subsistemas no era muy significativo.

Durante la década de los ochenta se creó el Sistema Nacional Unico de Salud, SNUS, y se designó al Ministerio de Salud, MINSA, como ente normador, regulador, planificador y ejecutor de las políticas y programas de salud. Los principios de organización del SNUS estaban en sintonía con el carácter político de las autoridades revolucionarias: la salud fue considerada un derecho de todos los individuos y una responsabilidad del Estado y de la comunidad organizada, así como una actividad enteramente gratuita y planificada.

El gobierno trasladó la responsabilidad de la atención en salud que brindaba la Seguridad Social a las unidades operativas del Ministerio de Salud y en la práctica amplió su cobertura en el nivel primario de atención y desarrolló campañas populares para combatir una serie de problemas de salud, entre las que se encontraban las jornadas para prevenir las enfermedades infecciosas y parasitarias, tales como las inmunoprevenibles y las transmitidas por vectores.

Entre los objetivos prioritarios del sistema, se hallaba el grupo madre-niño. En este marco, las acciones de salud preventiva en los niños hicieron retroceder las principales enfermedades inmunoprevenibles, logrando hacer desaparecer la polio del panorama nacional. Se amplió también la atención hacia la embarazada y la puérpera y aumentó el porcentaje de camas obstétricas en las unidades de atención secundaria del sistema.

Sin embargo, desde mediados de los años ochenta, la crisis económica y militar del país frenó el desarrollo del sistema de salud, el cual comenzó a tener serios problemas de infraestructura y servicios. Así, al concluir la década, retornaban al país algunas de las enfermedades tradicionales ya erradicadas.

La elección de nuevas autoridades gubernamentales, de signo político diferente, ha modificado la orientación práctica del sistema de salud, aunque manteniendo algunas de las realizaciones anteriores. El cambio más visible ha sido el aumento de la actividad privada en el sector, lo que ha mejorado la asistencia en estratos de elevados ingresos. Todo ello en medio de una crisis económica profunda que ha deteriorado gravemente las condiciones básicas de salud en el país.

A pesar de la disminución de cobertura de los servicios de salud y del bajo nivel histórico de la cobertura del Sistema Nacional de Estadísticas Vitales, puede afirmarse que el país posee un perfil de mortalidad que expresa una situación de polarización epidemiológica: se observa la coexistencia de enfermedades infecciosas con enfermedades crónicas, además de hallarse un fuerte componente de muertes por causas violentas.

Los altos niveles de fecundidad que aún prevalecen (4,5 hijos por mujer), particularmente entre los grupos de mujeres menores de 20 años y mayores de 35, contribuyen al elevado porcentaje de partos de alto riesgo obstétrico e incide en los niveles de mortalidad materna, en aumento alarmante en los últimos años.

Por otra parte, hay que subrayar la elevada presencia de defunciones por cáncer en el aparato reproductivo de las mujeres y en especial en el cuello del útero, que ha comenzado a afectar a mujeres relativamente jóvenes. Esta situación resulta un grave indicador del estado en que se encuentran los servicios de salud en lo que se refiere a la detección temprana del cáncer en el país.

 

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