Poetas y Escritores Nicaragüenses (U-Z)

Urbina, Nicasio

Crítico, narrador y poeta. Nació en Buenos Aires, de padres nicaragüenses, el 12 de julio de 1958. Hizo su bachillerato en el Colegio Salesiano de Granada.

Asistió a la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, y a la Universidad Central de Barcelona. Terminó la Licenciatura en Letras y la Maestría en lenguas modernas de la Universidad Internacional de la Florida; luego obtuvo el doctorado en Literatura Hispánica y Lingüística en la Universidad de Ceorgetown, Washington, D.C.

Actualmente es catedrático de la Universidad de Cincinnati, en Ohio,  donde tiene a su cargo el Departamento de Estudios Latinoamericanos.

También es miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua. En la Universidad Paúl Valery de Montpellier difundió una “Bibliografía completa de y sobre Ernesto Sábato”. Ha publicado numerosos artículos de crítica literaria en revistas nacionales e internacionales y asistido a numerosos congresos literarios.

METAFORA DE UN SIGNO

Nacido verbo bautizado nombre,
adjetivo por educación, moderado adverbio,
preposición y artículo desde chiquitito
y a fuerza de crecer, interjección.

Admirado signo y exclamativo,
ícono indéxico,
semiolograma,
parodia y huérfana y dedicativa,
–realidad engaño–
y por la fuerza madre, copulativo.

De escuela niño y parvulario,
pandillero santo,
erudito mudo ante la ignorancia,
amador profundo,
musical soltero,
paternal,
simpático,
escritor de cosas, filibustero.

Puntuación de días, horas, milenios,
concierto ortográfico de sudores y espermas,
morfemas y arcos, metafórica suerte,
–bajo libertad palabras–.
Poesía de un hombre,
metáfora de un signo.


Uriarte, Iván

Poeta, cuentista y crítico. Nació en Jinotega el 1 de noviembre de 1951. Egresado de la UCA, obtuvo en 1962 el premio de poesía convocado por la revista Ventana con sus “7 poemas atlánticos”. lntegrante de la “Generación traicionada”‘ se trasladó a Francia y luego a Estados Unidos.

En la Universidad de Pittsburgh se doctoró en Literatura con una tesis sobre Ernesto Cardenal. En 1992 mereció el segundo premio de cuento en el certamen convocado por la Comisión Nacional de Quinto Centenario y en 1999 el Nacional “Rubén Darío” en poesía. Ejerció el Derecho y la cátedra universitaria.

Tiene inéditos varios libros de cuentos y poemas.

FLACCIDO CAOS

FLACCIDO caos

aparece

y desaparece

trasmutando en poesía

el frustrado lanzamiento

del disco

en la noche

del solitario poeta

frente a las estrellas.

RIO ESCONDIDO

Rodeado de grandes selvas

pájaros extraños

de huertos cuidadosamente cultivados

el río va cargado de frutas y troncos

gritos de monos

zambos descuartizados

pórtatiles llenos de fruta de pan

bananos

mandarinas

canaletes con iguanas muertas

sábalos con las agallas recién cortadas.

Filas de palmeras africanas se extienden a lo largo

bananales con verdes racimos

tucanes de firmes picos haraganeando en las copas de los árboles.

Uno que otro lagarto dormido sobre un islote

las truchas saltan sobre la espuma de los torrentes.

De noche el río es un negro echado mirando las estrellas

cuando la luna desciende lenta por los cuellos de las garzas.


Urtecho, Alvaro

Poeta, crítico literario y ensayista. Nació en Rivas el primero de noviembre de 1951. Se bachillero en el Instituto Nacional “Rosendo López” de su ciudad natal.

Hizo estudios de Humanidades en la Universidad Centroamericana y de Filosofía y Letras en Madrid y Barcelona. Luego pasó a Costa Rica, donde escribió su extenso poema “Cantata estupefacta” que, sumado a otros poemas, integraría su primera obra.

Trabajó, entre 1979 y 1983, en la UNAN-Managua como profesor de Filosofía y Literatura. Posteriormente se desempeñó como Investigador Literario en el Ministerio de Cultura.

Desde 1988 se dedica de tiempo completo al periodismo cultural. Tiene inédito un libro de ensayos sobre la poesía nicaragüense.

LAZARO

El seco estrépito

de un repentino alzarse de palomas

estremeció mis pasos.

Fue como si algo

se me escapará de la carne,

sorprendida su raíz.

Como si al muerto que guardo

le levantaran la losa y por el mundo

caminara ya sin nada entre las manos.

SABADO A MEDIODIA

Azorado, ceñido el corazón a sus imágenes,
frente al intenso resplandor del sol
que se endurece entre el tejado de zinc
y los cables del alumbrado público,
piensa en la ciudad en que ahora vive
y se sabe, como en todas, extranjero.
piensa en la lentitud del mundo,
y las cosas rotundas que ha visto.
Símbolos, seres, signos. Todo tan real:
el paso de los años, el rito de los hijos
enterrando a sus padres, tántos
cuerpos amados, sus bocas olvidades,
la dulzura del niño perdido, el fragor,
el oscuro designio, la incandescencia
Reclama un horizonte que no lo petrifique,
una patria florida y generosa que dé amor
a sus hijos, un color, un movimiento
para la imaginación.

Cree que hay un lugar
donde él iría, un oculto lugar en un bosque,
Se siente allí, se imagina una senda esencial:
una cierta vereda con muy pocas figuras
en la bruma lechosa, un breve cementerio,
una fronda cercana de ondulados rumores
y ladridos y voces y campanas fluyendo
de otros tiempos como sangre…
Se sabe
tenebroso, es cierto y siente
como le crece por dentro la condena.


Valle, Francisco

Poeta, traductor y articulista. Nació en León el 4 de diciembre de 1942. Hizo el bachillerato en el Instituto Pedagógico de Diriamba y realizó estudios de literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México y de Bibliotecología en la Antoquia, Colombia.

Ha viajado mucho: Francia, España, Estados Unidos, Argentina.

En 1967 obtuvo en Madrid un primer premio con el poemario “La intemperie después” y en 1990 el Premio Nacional de Poesía, a nivel centroamericano.

En cuanto a su labor de traductor, ha comprendido poetas franceses, ingleses, norteamericanos y el argentino Jorge Luis Borges, autor de “Two english poems”.

LA VENDEDORA DE MANGOS

A las diez de la mañana pasa la vendedora de mangos –mangos verdes y colorados, sazones y maduros, fulgurantes de rojo y amarillo como pequeños ídolos tornasoles que nos hieren los ojos– y alzando la voz, la suelta desde la puerta: Frutas, marchante!

Me acerco.

La vendedora de mangos baja de la cabeza la canasta, adelantando los quemados pectorales, con una fruta encendida entre los dedos, me dice, casi obligándome:
¡Tóquelos! ¡Macizos!
Yo aventuro la diestra casi con miedo, y presiono con un dedo la carne del sol. Compro tres, cuatro, cinco floraciones de las altas ramas verdes, para mitigar el verano del estómago calcinado.

Platicamos un rato.

Llega la hora del almuerzo, y el comedor se llena de aromas: naranjas, limas, limones, anonas, piñas, y marañones. Después, hace su entrada el mediodía como un caballero de la Edad Media, haciendo relumbrar por la casa sus pesadas armaduras, y el resplandor de Septiembre se mete por todas partes.

El gato duerme la siesta. La Chispa, en el fondo del patio, descansa.
Un viento suave pasa por la vida.


Valle Castillo, Julio

Poeta, pintor, investigador, ensayista y crítico literario y de arte. Nació en Masaya el 10 de agosto de 1952.

Empezó a publicar poemas en 1970, en La Prensa Literaria. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Tradujo al español a los poetas latinos Catulo y Ovidio, y los poemas en inglés de Tropical Town and others poems, de Salomón de la Selva. En 1972 editó un poemario del modernista nicaragüense Rafael Montiel, en 1974 una antología de Joaquín Pasos y en 1978 otra del modernismo nacional.

Desde 1979 hasta la extinción de esa entidad en enero de 1988, dirigió el Departamento de Literatura del Ministerio de Cultura, y la revista Poesía libre. Luego se desempeñó como catedrático de la Universidad Centroamericana.

Forma parte desde 1980 del Consejo Editorial del suplemento cultural del Nuevo Diario, Nuevo Amanecer Cultural. Ha viajado por América y Europa. Desde 2001 es miembro de número de la Academia Nicaragüense de la Lengua.

Actualmente es miembro del consejo directivo del Centro Nicaragüense de Escritores (CNE).

CATULO AMIGO MIO

Catulo amigo mío,
por fin Cornelio logró sentarse a la mesa.
El hombre es el vivo retraro de las víboras,
penetra hasta por las rendijas de cualquier recinto.

Ya no es visto de soslayo,
ya no avientan puertas a la cínica calvicie
que anuda la sonrisa en la nariz.

Todas las mañanas los buscadores de dones
le roban la dicha del último sueño.

Al verse en ricos tapices, al saberse
dueño del vino y de la libertad de la gente,
enloquece y levanta la estatua
en el jardín de la casa, se ufana de ser
la lengua que limpia mejor los intestinos del César.

CHEPITA REZADORA

La Josefa Vega desde la flaca altura de sus fémures,
con el tobillo seguro en el tacón de sus zapatitos de tango,
clara de piel y suave como medias de hilo,
se pasó la vida después de los 60
–cuando la viudez derramó sobre sus hombros el rebozo negro–
enseñando los novenarios de nuestros finados,
de todos los infieles difuntos de mi pueblo.

Sus padrenuestros y réquiem
se interceptaban por rápidas flemas y toses débiles,
mientras los nardos del catafalco
difundían en repelos olor a muerto y miedo
Gracias a sus letanías,
a la resistencia de su ruega por ellas
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
ruega por ellas,
Puerta del Cielo,
ruega por ellas,
Estrella de la mañana,
ruega por ellas,
Salud de los enfermos,
ruega por ellas,
Refugio de los pecadores,
ruega por ellas,
Consoladora de los afligidos,
ruega por ellas,
Auxilio de los cristianos,
ruega por ellas,
vimos salir ánimas en pena que iban a descansar.
Las vimos agarrarse del escapulario de la Virgen del Carmen
que desciende al Purgatorio los sábados;
y algunas hasta librarse quizá del aceite hirviendo,
de las parrilas y brasas del Infierno.

Aunque palpó el agradecimiento de los deudos
en yardas de tela para su higiene almidonada;
en brazos respetuoso que la llevaban a su casa,
o en tazas de ponche: huevos batidos, aguardiente y leche de insomnio.

Quién rezó por ti, Chepita Vega,
quién bajó por ti toda la corte del Cielo,
quién meció como una cuna senecta tu silla de junco
para que en el otro barrio
reposaras tranquila tus canas de albahaca y jazmín en la peineta.

Qué sino esta lámpara de gas y este vaso de agua
que en una esquina de la memoria no se agotan
garantizan que brilla para ti la luz eterna.


Vílchez, Juan Carlos

Poeta y narrador nacido en 1952 en Estelí. Estudió medicina en España y Alemania.

Desde mediados de los años 80, colabora en suplementos y revistas culturales del país, con una poesía que lo distingue entre las nuevas generaciones del país por su originalidad y solitariedad.

Dice el poeta: «Escribo en una lengua próxima a morir… por el destierro y la aniquilación».

PALABRAS

Alzo la pirámide

Geometría para estirar el mundo.

Palabras que me buscan

tan pocas para escalar los días

aves en la zonas más densas

raíces hacia la redondez del azul

árboles que traspasaron su azar

arlequines al final de la cúspide

barro en equilibrio bajo voces de ozono

estalagmitas creciendo

elevando el sedimento

partículas hacia la ingravidez

planetas en órbitas de tinta

luego

cumbres desmoronándose en el valle

avalanchas, cataclismos, poemas.


Yllescas, Edwin

Poeta, periodista y narrador. Nació en Estelí el 16 de octubre de 1941.

En 1960, conjuntamente con Roberto Cuadra, fundó el beligerante grupo de tendencia beat “Generación traicionada”.

Se graduó de abogado en la UCA e hizo estudios en el INCAE. Trabajó en el semanario La Crónica y, durante varias épocas, en el diario La Prensa.

En los años noventa se reveló como narrador. En enero de 2007, sus Historias urbanas se alzaron con el Premio Rubén Darío, convocado en dicha ocasión en el género narrativo.

 

SMITH & WESSON

RECUERDO

su Smith & Wesson

pavonada de blanco

El porte esbelto de su edad

Sus pantalones azules o kakis

o de cualquier otro color

pero siempre

aguantadores

y cubre tierra

Las sobre-botas café

sus riendas de cuero de venado

y el capote doblado sobre

la punta de la albarda.

UNA MUCHACHA QUE SOÑABA

Hace mucho tiempo

yo fui en un pueblo de Nicaragua

el hijo de una persona muy importante

Conocí una muchacha que soñaba

con pájaros y árboles

Tenía un caballo

y pasaba

por su casa viéndola en la puerta

La encontré en otra ciudad de Nicaragua

en su casa tenía un árbol lleno de pájaros

y tres hijos

Una vez la vi

preguntando por los melones

y por las piñas

y cuando me acerqué discutía

el precio de las naranjas

Y

todavía quiero besarla.


Zamora, Daisy

Poeta y ensayista. Nació en Managua en 1950.

Publicó su primer poemario en La Prensa Literaria del 3 de septiembre de 1967. En 1972 reveló su calidad en el Concurso “Mariano Fiallos Gil” con sus “Dieciocho poemas de amor y de la muerte”. Se graduó en Psicología y Psicopedagogía en la Universidad Centroamericana, realizó estudios de pintura y dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes en León.

En 1977 obtuvo el citado premio “Mariano Fiallos Gil”. Participó en la insurrección popular de septiembre, 1978, y fue responsable de programación en la clandestina “Radio Sandino” durante los meses previos al 19 de julio de 1979. Durante varios años se desempeñó como Vice-Ministra de Cultura.

Sus libros han sido editados en inglés bajo los títulos Clean Slate, (1993) Riverbed of memory, Life for each y The violent foam (2002).

PREÑEZ

Esta inesperada redondez
este perder mi cintura de ánfora
y hacerme tinaja,
es regresar al barro, al sol, al aguacero
y entender cómo germina la semilla
en la humedad caliente de mi tierra.

QUÉ MANOS A TRAVÉS DE MIS MANOS

Las anchas manos pecosas y morenas de mi abuelo
con igual destreza vendaban una herida,
cortaban gardenias
o me suspendían en el aire feliz de la infancia.

Las manos de mi abuela paterna
artríticas ya cerca de su muerte,
una vez fueron frágiles manos, filigrana de plata,
argolla de matrimonio en el anular izquierdo;
pitillera y traguito de scotch o de vino jerez
en atardeceres de blancas celosías
y pisos de madera olorosos de cera,
recostada en su chaise-longue leyendo trágicas historias
de heroínas anémicas o tísicas.

Mi padre siempre cuidó la transparencia de sus manos
delicadas como alas de querube
hechas para lucirlas
con violín o batuta.

Mi madre heredó las manos de mi abuelo Arturo,
pequeñas y nudosas, con dedos romos.

De tantas manos que se han venido juntando
saqué estas manos.
¿De quién tengo las uñas, los dedos,
los nudillos, las palmas, las frágiles muñecas?

Cuando acaricio tu espalda,
las óseas salientes de tus pies
tus largas piernas sólidas,
¿Qué manos a través de mis manos
te acarician?

VUELVO A SER YO MISMA

Cuando entro con mis hijos a su casa, vuelvo
a ser yo misma.
Desde su mecedora ella
nos siente llegar y alza la cabeza.
La conversación no es como antes.
Ella está a punto de irse.
Pero llego a esconder mi cabeza
en su regazo, a sentarme a sus pies. Y ella me contempla
desde mi paraíso perdido
donde mi rostro era otro, que sólo ella conoce.
Rostro por instantes recuperado
cada vez más débilmente
en su iris celeste desvaído
y en sus pupilas que lo guardan ciegamente.

AL PIE DE LA DIOSA BLANCA

Es cierto que te he traicionado.
Por años te pospuse con argumentos vanos.
¡Cómo desatendí tus llamados!
Quise taparme los oídos con la dorada
cera de las abejas, pero
no era de sirenas tu canto.
Hasta en sueños me perseguías
e hiciste yunque de mi pobre cabeza
y yo, necia, me negaba a obedecerte.

Pero prevaleciste, oh Diosa, sobre mí
y sobre la voluntad de quienes quisieron
encadenarme en el antiquísimo rol.

Tampoco puede decirse que fui cobarde
porque de algún modo supe resistir.
Te filtrabas, aliento que hinchó el alma.
He sobrevivido al menos, Diosa, y te hablo,
vencedora: soy tuya para siempre.

MENSAJE URGENTE A MI MADRE

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.

¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!

Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarrillentos, azahares marchitos
ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.

Perdón, madre, por las impertinencias
de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.

Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la tradición
y el buen gusto.

Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.