Personajes

Anastasio Somoza García


Tomado del Diario La Prensa del 22 de Febrero del 2001

Anastasio Somoza García, conocido comoTacho; nació en San Marcos (Departamento de Carazo), en el año1896 y fallece en Ancón, Panamá en 1956) Militar y político nicaragüense. Estudió en la Universidad de Filadelfia, en Estados Unidos. Participó en el levantamiento militar del general Emiliano Chamorro en 1925, que llevó al poder al Partido Liberal. En 1931 fue director auxiliar de la Guardia Nacional, dirigió el asesinato de Augusto César Sandino y derrocó al presidente Juan Bautista Sacasa. Se nombró Jefe de Estado y Comandante de la Guardia Nacional y reformó la Constitución del país para centralizar el poder en sus manos.

En 1950 falleció el presidente Román y Reyes, y se proclamó presidente interino y electo. En 1954 trató de derrocar al presidente de Costa Rica, José Figueres, e intervino en el golpe de Estado contra Jacobo Arbenz, de Guatemala. Aprovechó su gobierno para aumentar su fortuna, aliarse con los intereses anticomunistas y expansionistas estadounidenses, y apropiarse de la mitad de las tierras nicaragüenses. En 1956 fue herido gravemente en León por el poeta Rigoberto López Pérez, y murió en el avión enviado por Dwight David Eisenhower, presidente de los EE.UU. Lo sustituyó su hijo Luis Somoza Debayle, presidente del Congreso.

En agosto de 1951, 17 años después del asesinato del General Augusto C. Sandino, el General Anastasio Somoza García, Presidente de la República y Jefe de la Guardia Nacional, ordenó hacer un inventario de sus propiedades personales y familiares.

El documento, de 28 páginas, incluyendo una portada muy sobria, estaba dividido en tres partes.

La primera, contiene el inventario de las escrituras de fincas del Gral. Somoza en Carazo; la segunda, un listado amplio de otras propiedades en el resto del país; y la última, el índice de títulos de fincas rústicas, urbanas y semi-urbanas, pertenecientes al mandatario y a su esposa, doña Salvadorita Debayle de Somoza. En suma: 85 el primer texto, 26 en el segundo y; 115 en el último índice. Se trata de un abanico de títulos, declaraciones y escrituras, de lotes, fincas, viviendas y hasta acciones, adquiridas sobre todo después de 1937, una vez que asume la Presidencia de la República en elecciones fraudulentas.

Ahí, desde la silla presidencial, apoyándose en su poder político, partidario y militar, el General Anastasio Somoza García multiplicó en proporciones geométricas su capital semilla. O sea, las cuatro propiedades originales: El Porvenir, El Llano, La Pita y El Bosque. “EL COMPRADOR”, UN HOMBRE DE CONFIANZA Se llamaba Julio Somoza y era su hermano paterno. No se detenía ante nada, ni ante nadie.

El 31 de diciembre de 1948, a pocas horas de las celebraciones de Fin de Año y de Año Nuevo, consiguió la venta de una finca urbana en Jinotepe, perteneciente a Luis José León. Luego la inscribió a nombre del Gral. Somoza García, con el No. 1020, asiento 3, folio 169, Tomo 160, del Registro de Jinotepe.

Tampoco le importaban los métodos. El 14 de marzo de 1947, a través de una venta forzada, obtuvo de parte del señor Salomón Vanegas Doña, un total de 450 manzanas de terreno, al sur de Santa Teresa, Carazo. La compró Julio Somoza y luego la inscribió a nombre del Gral. Somoza.

Le denominaban “San Antonio”. Posteriormente, en los años subsiguientes –1948 y 1949— el mismo Julio Somoza, armado y custodiado por efectivos militares, logró la “venta” también de todas las propiedades anexas a San Antonio. Es decir, las colindantes. EQUIPO DE ABOGADOS LEGALES El nombre del Dr. Modesto Salmerón, abogado y notario del padre del Gral. Somoza García, está acompañado de un equipo de abogados leales, que libraban y registraban todas las propiedades adquiridas al amparo del poder.

En Carazo, según la documentación familiar a la que tuvo acceso LA PRENSA en el Instituto de Historia de Nicaragua (IHN), figuran Carlos H. Sánchez, Guillermo Mora, Alberto Sotomayor y Salomón Gómez. En el caso de Sánchez fueron más de diez propiedades escrituradas, mientras que en el de Mora fueron alrededor de 16, según un pequeño ejercicio estadístico.

Mientras tanto, las propiedades registradas en Managua, sugieren la participación de al menos media docena de abogados y notarios, entre los que destacan dos personajes muy cercanos a la familia Somoza: Guillermo Sevilla Sacasa y Oscar Sevilla Sacasa. El primero era su yerno, al casarse con su hija Lilliam.


En la capital saltan los nombres de otros abogados y notarios, entre los que están: Alejandro Romero C., León Barrios, Guillermo Areas, Carlos Collado y Nicolás Osorno. Tenían una gran presión laboral, ya que desde 1934 hasta 1956, año en que Rigoberto López Pérez dispara contra el Gral. Somoza García, provocándole luego la muerte, no hubo tregua alguna. En 1938, por ejemplo, registraron alrededor de 15 transacciones a favor del jefe militar y; en 1941, más de 18 compra-ventas.

NEGOCIOS TURBIOS EN COSTA RICA

Una de las transacciones de 1941, precisamente, se registró en Costa Rica, donde el Gral. Somoza García adquirió una vivienda, con la ayuda de Luis Mena Solórzano. Este mismo, bajo cobertura diplomática, resultó ser su “mano derecha” en los negocios turbios que realizaban en el vecino país.

“Mi querido General Somoza”, reza en una carta fechada San José, Costa Rica, junio 5 de 1941, en la que aborda cuatro tópicos: negocios ilícitos con ganado, compra y registro de la casa, el cumpleaños de la esposa del presidente costarricense y; adquisición de armas por parte de las autoridades vecinas.

“De manera confidencial informo a Ud. que el atraso del Sr. Wolf en hacer la remesa de los fondos (por el asunto del ganado) obedecía a lo siguiente, conforme he podido averiguarlo: las últimas cabezas de ganado entraron furtivamente a Costa Rica, mediante el silencio de las Autoridades de Hacienda de aquí.

Naturalmente, sin los documentos de ley que evidenciaran la importación, la Comisión de Control de Cambios no podía autorizar la Letra”, refirió en la correspondencia escrita en el papel para uso “Personal”. Sin embargo, le explicaba a continuación que Wolf estaba procediendo a entregarle dinero en efectivo y en cheques hasta sumar US$14,579.95, como resultado de la introducción ilícita de ganado en pie a Costa Rica. “Ruego a Ud. hacer sus cuentas y decirme cómo están, pues no sé exactamente cuántos animales fueron entregados a Wolf; además, hay unos liquidados a US$17 cada uno y otros a distinto precio”, agregó.


Para despistar al público del país vecino, sobre el negocio que dice “está resultando maravilloso”, Mena Solórzano le relata al Gral. Somoza que mandan a publicar en los diarios locales que no se ha importado un solo novillo de Nicaragua, lo que evidencia que la ganadería costarricense es autosostenida. “Visto lo anterior”, refirió Mena Solórzano, “creo que con una fuercesita Ud. podría conseguir un precio más favorable para su ganado. Es cuestión de hacerse el disimulado y no dejar salir ningún animal para este país (Costa Rica), por mientras mejoran el precio”, indica.

DEUDAS DEL “REY” En septiembre de 1934, siete meses después del asesinato del Gral. Augusto C. Sandino, el poder político y militar del Gral. Anastasio Somoza García era aplastante. Esto contribuyó, sin lugar a dudas, a reubicarse frente a sus acreedores.

Uno de estos casos curiosos es el que registró el abogado y notario Estanislao Vela, residente en Granada, quien certificó a nombre del doctor don Salvador Solano, abogado, que había quedado cancelada la deuda contraída por la familia Somoza con su representante, don Pedro Gómez, pese a que se había extraviado la documentación de la mora y por ende, no tenía recibo de los abonos.

Con la entrega de 200 córdobas se dio por cancelada la deuda. “… al hacer este pago, tanto el General don Anastasio Somoza, como su señora madre y la sociedad ‘Somoza y Compañía’, quedan completamente solventes con la referida acción del doctor Pedro Gómez”, dice la copia de la escritura. “… en consecuencia, queda sin ningún valor ni efecto el documento privado de que se ha hecho referencia, aún cuando llegare a aparecer más tarde”.

El 21 de septiembre de 1956. En la Casa del Obrero (León), se daba una fiesta, tras la convención liberal que proclamaría otra vez a Somoza García como su candidato. Ese mismo día es muerto por las balas de Rigoberto López Pérez.

Anastasio Somoza Debayle

 

Anastasio Somoza Debayle, apodado “Tachito”, nació el 5 de diciembre de 1925 en la ciudad de León, Nicaragua. Fue el tercer hijo de Anastasio Somoza García, dictador de Nicaragua desde 1934, y de Salvadora Debayle de Somoza, hermano menor de Lillian y Luis Somoza Debayle, y miembro de una de las familias más distinguidas del país.

Siendo el más joven de los Somoza fue educado en la primaria en el Instituto Pedagógico La Salle de Managua, de la Orden de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y la secundaria, ambas junto con su hermano Luis, en Florida y Long Island, Estados Unidos, antes de graduarse en la Academia Militar de West Point en 1946. Al año siguiente, fue nombrado por su padre jefe de la Guardia Nacional.

Cuando su padre entregó el poder al Doctor Leonardo Argüello Barreto, del oficialista Partido Liberal Nacionalista PLN, el 1 de mayo de 1947, en la Tribuna Monumental de la explanada de Tiscapa, este lo nombró Comandante del departamento de León; esto y el nombramiento de ministros del Poder Ejecutivo a conocidos opositores, enfureció a los Somoza por lo que Tachito apoyó a su padre en el golpe de estado del 26 del mismo mes y año, tomando la Casa Presidencial de la Loma de Tiscapa.

Argüello se asiló en la Embajada de México. Permaneció 6 meses allí, hasta que finalmente viajó a ese país, donde murió el 15 de diciembre de ese año en la Ciudad de México, sin renunciar al cargo de Presidente de la República.

Somoza García le había hecho un fraude electoral al candidato de la coalición opositora del Partido Conservador de Nicaragua (PCN) y el Partido Liberal Independiente (PLI), Enóc Aguado, para que ganara Argüello.

A su regreso a Nicaragua asume el control de los negocios familiares y empieza los suyos. Una de sus empresas más queridas fue Dismotor: Mercedes-Benz.

Durante aquella época Tachito alegó estar enamorado de la joven Bertha Zambrano Granja, una joven originaria de Niquinohomo. Los padres de Anastasio no veían con buenos ojos esa relación, ya que Bertha no pertenecía a la oligarquía. Ésta al final se marchó rumbo a México en donde radicó toda su vida.

El 5 de diciembre de 1950, día de su cumpleaños número 25, se casa por conveniencia con su prima Hope Portocarrero Debayle, en la Catedral Metropolitana de Managua (hoy es la Antigua Catedral de Managua). Anastasio accedió a casarse con su prima de mala gana. Luego de la ceremonia nupcial en la Catedral, la celebración continuó en uno de los lujosos salones del moderno Palacio de Comunicaciones y fueron 4.000 personas testigos de la boda más imponente en la historia del país.

Sus hijos fueron educados en el extranjero. Era ampliamente conocido por los nicaraguenses que los Somoza hablaban mejor el idioma inglés que el español, ciertamente; doña Hope y sus hijos se identificaban muy bien con la cultura estadounidense, además de considerar el francés como una segunda lengua. Con el pasar de los años los problemas entre su esposa Hope y él se tornaron constantes al grado que ésta permanecía más de la mitad del año fuera de Nicaragua y el divorcio no ocurría por temor al escándalo social. Somoza iniciaba sus discursos con esta gigantesca mentira: “Mi adorada Hope”.

Sin embargo durante mucho tiempo el matrimonio Somoza-Portocarrero continuó unido hasta el divorcio en 1978, a causa de que Tachito tenía una amante, Dinorah Sampson.

A la muerte de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal el 10 de Enero de 1978, el pueblo se enardece y se levanta en armas contra la tiranía de Somoza.

Aprovechando que de momento no se sabe a ciencia cierta quién es el verdadero asesino de Pedro Joaquón Chamorro, el FSLN aprovecha para ganar adeptos en sus filas y el pueblo se le une para llevar a cabo una guerra civil a como no se había visto en el país desde los tiempos de Sandino .

El pueblo entero de Nicaragua, alzado en armas se une al FSLN para derrocar al últmo dictador de la dinastía de los Somozas quien huye despavorida la madrugada del 17 de Julio de 1979.

El país queda en completa ruina a causa de los bombardeos y la destrucción producida por ambos bandos.

Somoza se refugia en el Paraguay, protegido por su amigo el General Alfredo Strossner.

El 17 de septiembre de 1980, el Mercedes Benz blanco de Anastasio Somoza -con el ex dictador nicaragüense y sus acompañantes adentro quedó destrozado en una avenida de Asunción. El argentino Hugo Irurzún fue parte del grupo, del que también participó Enrique Gorriarán Merlo, quien consumó el atentado.

Habla Anastasio Somoza Portocarrero

Entrevista de Fabián Medina
La Prensa 31 de Enero 2008

Carga con un nombre muy pesado. No es fácil llamarse Anastasio Somoza. Ni haber sido el director de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería de la Guardia Nacional, la famosa EEBI, el cuerpo militar más agresivo de Somoza. Pero la cruz más pesada que carga sobre sus espaldas este hombre de 57 años, rotundamente calvo, alto y más bien delgado, es haber sido señalado durante 30 años como uno de los autores intelectuales del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

“No estoy dispuesto a cargar más esa cruz que me encaramaron”, dice en una extensa entrevista concertada en un café de Guatemala, donde vive “a bajo perfil” desde hace 28 años. Ni su casa, ni su oficina, sino un café escogido por él. Sin embargo, se mueve sin escoltas y deja fotografiarse. Los tiempos cambian.

Dice estar dispuesto a someterse a una prueba con “el polígrafo más fuerte del mundo” para demostrar que no tuvo participación alguna en lo que califica como “horrendo crimen” sobre una persona a la que tenía “aprecio”.

Durante ocho horas, Anastasio Somoza Portocarrero, “El Chigüín”, habló para LA PRENSA. No quedaron temas sin tocar. Desde su amistad con Camilo Ortega, hermano muerto de Daniel y Humberto Ortega, hasta Dinorah Sampsom, la amante de su padre, y por supuesto, la muerte de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, que es el tema con que iniciamos esta serie a propósito de los 30 años de ese magnicidio.

El hombre que entra con 10 minutos de retraso al Café Vienés, de Guatemala, no parece el militar que ocupa un lugar privilegiado en la historia de violencia de Nicaragua. Pelón, delgado y muy alto, con porte de caballero. Busca, y rápidamente localiza al equipo de LA PRENSA que lo espera.

—Anastasio Somoza —se presenta y mira con desconfianza al fotógrafo que ya ha comenzado a esgrimir su cámara—.

—No me dijiste que venías con fotógrafo —recrimina sin mucho empeño.

Vencidas las desconfianzas, acepta al fotógrafo y colabora en la búsqueda de un lugar con menos ruido para grabar. Él mismo lleva una grabadora y una dotación de casetes. La grabadora le da problemas.

—No la usaba desde la entrevista con Xiomara (Chamorro, hace siete años) —bromea. Logra poner a funcionar el artefacto y finalmente dice estar listo—. Pregunte lo que quiera.

Fueron ocho horas de entrevista. La verdad es de muy fácil hablar. Tiene una voz grave, muy parecida a la de su padre, Anastasio Somoza Debayle, aunque físicamente es más cercano a su abuelo, el otro Anastasio Somoza, el fundador de la dinastía. Su acento es muy nicaragüense y escoge con mucha propiedad la palabra a utilizar, recurre frecuentemente al inglés para mostrar sus comentarios más personales.

Anastasio Somoza Portocarrero, conocido como “El Chigüín”, es el primer hijo de Anastasio Somoza Debayle y doña Hope Portocarrero. Vivió en Nicaragua hasta los 12 años, y estudió en el Colegio Pedagógico La Salle, donde confraternizó con el posteriormente héroe sandinista Camilo Ortega, hermano del presidente Daniel Ortega.

Estudió en Harvard y estuvo a cargo de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), el cuerpo élite de la Guardia Nacional, al que se acusa de numerosos y graves abusos durante la guerra de insurrección, a finales de los años setenta.

Desde el derrocamiento del régimen de su padre, ha vivido en el exilio, la mayor parte en Guatemala, donde dice llevar algunos negocios personales y estar enfrascado en la formación de sus hijos. Nunca regresó a Nicaragua.

Desde hace 30 años, a Somoza Portocarrero se le ha acusado de ser la mano que estuvo tras el asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (PJCh), el 10 de enero de 1978. Esta entrevista busca conocer su versión de los hechos. Ni limpiarlo ni inculparlo.

¿Qué fue lo que pasó ese 10 de enero de 1978? Reláteme un poco su día…

Ese día, a la hora del cruel asesinato del doctor Chamorro —que fue algo terrible para toda Nicaragua— estaba yo sentado en mi oficina, en un galerón en la Escuela de Entrenamiento (EEBI), con un oficial de la misión militar americana que me estaba visitando porque estábamos viendo cómo armar una policía civil para evitar el tener que involucrar gente entrenada como soldados en el mantenimiento de la paz en Nicaragua, cuando de repente recibí una llamada del general José Somoza que me dijo muy sencillamente: “Hijó, venite a mi oficina que algo terrible ha pasado”. Obviamente en ese momento, sabiendo que mi padre estaba en recuperación de su infarto que tuvo en Montelimar, lo primero que se me vino a la mente es que el general tuvo un relapso, algo le pasó. Yo le pregunté a don José: “¿Qué pasó?” Sólo se limitó a decirme: “¡Vení!” Entonces le dije yo (al militar norteamericano):

—I got to go. General José is calling, he says it’s urgent and it’s something very important. (Me tengo que ir. Llamó el general José y dice que es urgente y algo muy importante). Nosotros teníamos una relación muy abierta con ellos. ¿You want to come? (¿Querés venir?).

—No, no, it could be personal (No, no, puede ser personal).

—Well, fine, no problem, I’ll let you know as soon as I find out what’s going on. (Bueno, está bien, no hay problema, te informaré tan pronto sepa qué está pasando.

Y me fui a la oficina del general, en el Primer Batallón Blindado y me encontré con una escena. Personas que yo conocí desde chiquito con unas caras de angustia, gente mucho mayor que yo. Entré y dije: “¿Qué pasó?” El general Armando Fernández, que estaba ahí, me dice: “Una tragedia”. Vuelvo a preguntar: “¿Qué pasó?” Entonces don José me dijo: “Acaban de matar a Pedro Joaquín”. Y yo le dije en inglés: “Holy Jesus! (¡Santo Dios!) ¿Ya le avisaron al General?” “Estamos en el proceso de llamarlo. Pero queríamos que estuvieras aquí, porque como es tu papá, y no sabemos el impacto que pueda tener esta noticia, queremos que vos se la digás”.

A mí no me toca decirle esto, pero es mi papá, y si le va a dar algo que lo va a golpear, a mí me toca. Paso la llamada a Montelimar y al otro lado contestó el ayudante, el hoy finado general Adonis Porras. Ellos habían estado escuchando la radio. Yo no tenía idea. Me dice: “No le hemos dicho nada al general”. “Ponémelo”, le digo. Y al mismo tiempo le dije: “Tené listo el team (equipo) médico porque no sabemos cómo va a recibir esta noticia el General”.

Esta es mi versión, obviamente hay otra versión, que es la de él, que sale en su libro. Le dije en inglés:

—Dad, we have terrible news (Papá, tenemos terribles noticias) —porque nos hablábamos en inglés.

—What happened? (¿Qué pasó?).

—Pedro Joaquín Chamorro has just been shot and killed in the middle of Managua, (Pedro Joaquín Chamorro acaba de ser tiroteado y ha muerto en el centro de Managua).

—Holy Jesús! (¡Santo Dios!) —Entonces usó otras palabras muy nicas— a la gran p… ¿Y cómo fue? Let me sit down. Do you have any details that you’ll know. (Dejame sentarme, tenés detalles que sepás).

—I think you better speak to General José and the senior officers. (Mejor hablás con el general José y los oficiales mayores).

—Hold on a minute, let me catch my breath. (Esperate, necesito recuperar el aliento).

—¿Are you all right? (¿Estás bien?).

—Yeah, but, holy Jesús! (Sí, pero ¡Santo Dios!). Pasame al general José.

—Sí señor.

Le pasé al general José y ya le dio toda la información de lo que había visto la Policía en ese instante. Yo por mi lado llamé de vuelta en otra línea en Montelimar para hablar con el ayudante y decirles: “¿Cómo está el general? ¿Tenés el equipo médico listo?” Inmediatamente llamé al oficial en la misión militar americana a decirle:

—Jesus Christ, some jerk has gone out and killed Pedro Joaquin Chamorro. Holy Christ! (Jesucristo! Algún imbécil mató a Pedro Joaquín Chamorro. ¡Santo Dios!).

—Oh My God, yeah, this is terrible! (¡Dios mío, sí, esto es terrible!).

—Pass it on up the chain, I guess you better inform the ambassador. Because I don’t have his number and it’s not my job, I mean, this is a government thing. (Pásalo a la cadena. Mejor informale al embajador porque yo no tengo su número y no es mi trabajo, digo, esto es un asunto de gobierno).

Me quedé viendo a los oficiales, a todos. Ahí se había llegado a concentrar más gente donde don José. Todos con una cara de aflicción. Gente valiente, gente seria, gente de familia, pero con caras de verdadera aflicción. Para nosotros era una cosa tremenda.

¿Por qué?

Por lo que representaba, y todavía representa y siempre representará la imagen del doctor Pedro Joaquín Chamorro ante Nicaragua, ante el mundo, ante la prensa, y lo que representaba para nosotros. Era un hombre que por más que haya batallado a diestra y siniestra a favor de lo que él creía, era un hombre que conocíamos, un hombre al que habíamos tratado. Un ser humano que estaba batallando por sus creencias. Yo sabía, los oficiales de la Guardia Nacional sabían, que muchas veces había sido protegido. Él puede haber dicho que era vigilado, pero había mucha preocupación de que le pasara algo a él siempre. Porque en sus campañas él siempre tendía a ser muy fuerte y hay gente que no respeta la vida.

¿Cómo es que lo protegían?

Obviamente el doctor Chamorro nunca, pero nunca, permitió que se le diera protección al estilo que da el Servicio Secreto en Estados Unidos o el FBI o el equipo de protección personal que creo que tiene la Policía (de Nicaragua).

¿Se lo propusieron?

No me consta de pláticas que hayan hablado con él. Recuerde que cuando muere el doctor Chamorro yo acabo de cumplir 26 años. Pero creo que él se daba cuenta de que ahí en el parque de Las Palmas había un carro, él decía que lo seguía para vigilarlo, puede que haya sido, puede que no, pero sí sé que en las pláticas que se hacían entre personas del Gobierno, más que todo de la Guardia Nacional, el General siempre insistía: “Cuidado le pasa algo a ese hombre”. Cuando tuvo enfrentamiento entre él y otras personas que militaban en sus bandos, el Partido Conservador, UDEL, todas… Había gente que, aparentemente no le tenían aprecio, y no tenían la preocupación que tenía el Gobierno, que todos nosotros teníamos, en el sentido que el doctor Chamorro era un símbolo. Cuando el general viajaba a Estados Unidos se llevaba un par de copias de LA PRENSA, entonces cuando un reportero le preguntaba sobre democracia en Nicaragua o le decía que Nicaragua es una dictadura, entonces el General sacaba un número de LA PRENSA y le decía: “Lea esto y dígame si esto se puede publicar en una dictadura”.

¿Usted me está diciendo que en el más alto círculo del somocismo le tenían aprecio al doctor Chamorro?

La generación mía creció conociendo al doctor Chamorro a través de su periódico y a través de roces sociales con sus hijos. Era una familia de bien, gente conocida, vivían al lado de la familia Ulvert que nosotros visitábamos mucho, ahí, en el parque Las Palmas. No era una persona extraña para nosotros. Para el General, Pedro Joaquín fue su eterno rival, aparentemente desde que eran chavalos en el colegio. De ser el joven fogoso involucrado en una serie de acciones militares, o seudomilitares, ya en los años sesenta agarra seriamente la batalla periodística dentro del espacio que tenía. Él sabía que su espacio era ilimitado a menos que estuvieran conculcadas las libertades públicas, cosa que nunca le sirvió bien a nadie. Ni a LA PRENSA ni a nosotros.

Voy a insistir en la pregunta: ¿Aprecio definiría el sentimiento que ustedes sentían hacia el doctor Pedro Joaquín Chamorro?

Aprecio, diría yo, como una figura importantísima en Nicaragua. El General nunca hablaba mal de él, más bien decía que nunca había que odiar.

¿No teme que estas palabras sean tomadas como cinismo de parte suya?

No, porque hay personas que conocen… Mi generación, que es de la que yo puedo hablar, saludaba al doctor Chamorro cuando nos veíamos en misa. No había una relación de no tocarlo, pues. Ya el General era otra cosa, nunca hablaba del doctor Chamorro, más que para enseñarnos de que había que tener una mente abierta siempre para lo que criticaba.

Pero hay un registro de carceleadas…

Ah, no, no. Yo estoy claro… Pero si usted ve qué llevaba a los momentos en que el doctor Chamorro era detenido, eran acciones que si las hacen hoy en día igual lo llevarían ante un juez: actos armados, Olama y Mollejones, que son los que vienen a mi memoria.

También a la muerte de su abuelo, el doctor Chamorro va preso simplemente porque era oposición…

Leí el libro del doctor Chamorro, Estirpe sangrienta…, cuando yo tenía 12 años. Me lo encontré en un archivo y me lo leí de punta a punta, para ver qué era lo que decía. Comparando lo que él decía a lo que yo veía en la realidad, me di cuenta que, si bien puede haber pasado lo que el doctor Chamorro describe en su libro, ya no estaba pasando. Ya era algo que no era bien visto. Con el asesinato de mi abuelo, en la Casa del Obrero, en León, la reacción se puede haber pasado de mano en muchos casos, no sería, digamos, el tipo de investigación moderna que podríamos hacer hoy en día. Porque no había ni los métodos modernos y era algo que tocaba directamente a las autoridades. La muerte del general Somoza García fue algo que le cambió la vida a mucha gente. La reacción debe haber sido feroz. Yo no estaba en Nicaragua en ese entonces.

¿Conocieron algún plan contra el doctor Pedro Joaquín Chamorro que no llegó a ejecutarse?

Yo, en lo personal, no. Que puedan haber habido, las autoridades de la Policía, de la Oficina de Seguridad, es posible que se hayan dado cuenta. Pero yo no puedo decir que aquí hubo un plan para hacerle daño al doctor Chamorro… No. Y en eso yo me someto a un polígrafo. Cuando querrás.

Entonces esa protección que dice usted que le daban ¿era simplemente una corazonada?

No sé… No sé… Recuerda que yo me fui de Nicaragua a los 12 años a estudiar a Estados Unidos y venía sólo en vacaciones. Y lo que aprendí no era porque yo era parte de nada, sino porque pelaba la oreja como dicen en Nicaragua. Decimos. Oía pedacitos de las cosas que decían, veía al general Montiel hablar con mi papa y decir: “Estamos protegiendo a Pedro Joaquín”. Uno no preguntaba a esa edad qué está pasando.Mi papa nunca nos decía: “No hablen con ese hombre”. Nosotros le contábamos las veces que lo veíamos. Para nosotros era como ver VIP… ¿Me entendés? Uno de mis hermanos tuvo una admiración por una de las hijas del doctor Chamorro, y no me voy a meter en ese enredo de explicarlo. Como chavalos se escapaban el uno de la casa del otro y se encontraban, siempre rodeados de amigos… Era una relación más, Montesco y Capuletos.

Retomando el hilo de su día, usted se entera, hay caras largas… ¿En qué momento siente que el dedo público lo está señalando?

Yo no siento que me están señalando hasta varios días después que comienzo a ver… ¿y esto qué es? Comienzo a oír que yo pudiera haber estado involucrado en ese acto tan horroroso. Y por otro lado me doy cuenta que en el proceso de investigar la muerte del doctor, el General ha ordenado que sea un nuevo equipo completo de personas que lo investigara, no la gente involucrada en trabajos de Inteligencia o Policía. Y me dice a mí: “Stay away of anything to do with Pedro Joaquin’s death because some evil son of a bitch is trying to pin it on you. (Alejate de cualquier cosa que tenga que ver con la muerte de Pedro Joaquín, porque algún maldito hijo de puta está tratando de culparte)”. Así con esas palabras.

Obviamente, cuando comienzo a ver y a oír, yo digo: “¡Mamita linda! La muerte del doctor Chamorro me la están queriendo encaramar a mí”, y yo estoy diciendo: “¡Momentito! Aquí alguien está manufacturando esto por razones, obviamente de hacerme mal, por razones políticas, pues”. Que tiene que haber sido una mente bastante malévola o alguien que sabía lo que estaba haciendo. La primera pregunta que se hace cualquiera en una investigación de un crimen es: ¿a quién le beneficia el crimen? Y por donde usted lo busque, a ningún miembro de la familia Somoza le beneficiaba la muerte del doctor Chamorro.

Pero es extraño que se sorprenda de que lo empiecen a mencionar a usted si reconoció que el doctor Chamorro era el principal rival, enemigo, de la familia Somoza…

No, no. Él era el principal opositor en su medio. No políticamente. Políticamente el doctor Chamorro, como ya es récord público, trató de armar una serie de alianzas, de movimientos políticos, etc. Pero su valor enorme en Nicaragua, como lo ha demostrado la historia, era el valor simbólico, no el valor político. La antorcha de la libertad. Usted me dice rival político, yo le digo el doctor Agüero.

Que al final fue aliado.

Que al final fue una persona que le buscó a Nicaragua una transición diferente. No aliado.

Dice que días más tarde es que empieza a sentirse acusado del crimen. Pero el mismo día usted mandó unas flores al funeral…

Sí, como toda persona decente que ve que alguien que ha admirado, y con quien yo personalmente no tenía más que una relación personal. Era un hombre… qué querés que te diga, que le decía “hola” cuando le veía. “Doctor, buenos días”. Y veo que lo asesinan, y yo, como se estilaba en Nicaragua en los tiempos en que la decencia imperaba, mando unas flores por dolor de ver esto que nos afecta a todos. Fue un acto, quizás políticamente naïf (ingenuo), pero de corazón.

Le decía que cómo es posible que hasta varios días después usted se siente acusado, si ese mismo día destruyeron las flores que usted mandó y el titular de LA PRENSA de ese día inculpaba a la familia Somoza: “Mandaron a asesinarlo”.

Una cosa es que inculpen a la familia Somoza y la otra es la pregunta que tú me hiciste, si yo personalmente siento que me ponen el dedo a mí. Culpa a la familia Somoza desde el momento cero. Porque obviamente era el blanco fácil.

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal

Director del diario La Prensa, el de mayor circulación en el país y líder de una alianza opositora para la remoción del poder de Anastasio Somoza Debayle, fué muerto a tiros de escopeta en su camino al trabajo en Managua el 10 de Enero de 1978.

Su muerte provocó violentas demostraciones en demanda del retiro de Somoza, y desencadenando una guerra civil que marcó el comienzo del fin del régimen autoritario de la familia Somoza.
Nacido en Granada, Nicaragua, el. 23 de Setiembre de 1924, Chamorro había sido por largo tiempo un jefe de la oposición de la dinastía Somoza. Cuando aún era un estudiante de leyes, comenzó a tomar parte en demostraciones contra el dictador General Anastasio Somoza García y fué brevemente encarcelado en 1944 después de hacer undiscurso anti-Somoza en un rally.

Ese mismo año, el periódico de su familia, La Prensa, fué censurado por el régimen, y la familia Chamorro se fué a Mexico, donde empezó a estudiar periodismo. Regresó a Nicaragua en 1948, convirtiéndose en editor de La Prensa después de la muerte de su padre en 1952.

Preocupado por la situación de su pueblo, donde Somoza había estrujado toda oposición política y amasado una considerable fortuna personal, Chamorro permaneció involucrado en política.

En 1954, fué encarcelado, torturado y sentenciado a prisión bajo el cargo de rebelión, pero la sentencia fué conmutada a arresto domiciliar en 1955.
Chamorro fue arrestado de nuevo en 1956. Fué acusado de complicidad en el asesinato de Somoza García, pero más tarde se le hizo cargo por rebelión y confinado a San Carlos, un pueblo distante al Sur-este de Nicaragua en 1957.

Se fué para Costa Rica con su esposa Violeta Barrios de Chamorro y en 1959 organizó una expedición para derrocar al gobierno del hijo mayor de Somoza, Luis Somoza Debayle. Sinembargo los miembros de la expedición fueron capturados y Chamorro traido por tercera vez para una corte militar, la cual lo senteció a nueve años en prisión por traición.

A su liberación en 1969, reasumió sus editoriales en La Prensa, que continuaron atacando al régimen de Somoza, ahora al frente de Anastasio Somoza Debayle, hijo menor del dictator. Violeta Chamorro fué electa presidente de Nicaragua en 1990.

Durante 32 meses de suspension de los derechos constitucionales, impuestos por el gobierno en 1975 después de un ataque por Cubanos rebeldes, Chamorro dirigió la oposición Unión Democrática de Liberación (UDEL) y dirigió campañas de derechos humanos y la restauración de la democracia . Su periódico llegó a ser la principal plataforma, trayendo a la corrupción del regimen de Somoza como el punto atrayente de la opinión mundial.

Durante este periodo, Chamorro y La Prensa fueron censurados repetidamente. El procedimiento regular era que en la tarde antes del día de su publicación, todas las páginas desde la primera hasta la última del periódico tenían que ser sometidas a revisión por un claustro de censura compuesto de tres oficiales de La Guardia Nacional.

La primera y la última pagina eran sometidas al día de la publicación.

Como presagiando su muerte prematura, Chamorro escribió una carta al presidente Somoza en 1975 : “Estoy esperando con una conciencia tranquila, y paz en el alma, por el golpe que vas a asestar.”

Tres años más tarde, en Enero de 1978, Chamorro era asesinado por pistoleros anónimos quienes le dispararon desde un carro con escopeta. “Su sangre se esparció por toda Nicaragua,” rezaba un editorial de La Prensa. En su funeral, miles de personas acompañaron el féretro desde el Hospital Oriental de Managua hasta el hogar de la familia Chamorro, turnandose para cargarlo.

Luego del asesinato de Chamorro, aproximadamente unas 30.000 personas se amotinaron en las calles de Managua.

Se incendiaron carros y algunos edificios pertenecientes a la familia Somoza fueron atacados. Se llamó a una huelga general. Fuera de la capital, el desasosiego enardeció en un número de ciudades y pueblos, particularmente en las áreas donde los miembros de la Guardia Nacional habían masacrado a granjeros y campesionos durante los dos años de esfuerso contrainsurgente. El gobierno respondió con más violencia y reinstaló la ley marcial. Durante 1978, hubo siete ataque con ametralladoras y atentados con bombas para La Prensa ahora bajo la gerencia dela viuda de Chamorro, Violeta.

 

N

Augusto Nicolás Calderón Sandino

Augusto Nicolás Calderón Sandino (General de Hombres Libres) nace el 18 de mayo de 1895 en Niquinohomo, departamento de Masaya. De niño, trabaja con su madre, Margarita Calderón, recolectando café en las plantaciones del Pacífico nicaragüense.

En octubre de 1909 una insurrección apoyada por Estados Unidos provoca la renuncia del presidente José Santos Zelaya.

Asume el cargo José Madriz, pero en febrero de 1910 tropas norteamericanas desembarcan en Corinto y provocan también su renuncia.

Luego de múltiples maniobras toma el poder Adolfo Díaz, tenedor de libros de una empresa minera norteamericana y aliado incondicional de Washington. Estados Unidos otorga un par de empréstitos a Nicaragua y toma, en garantía, el control de las aduanas, el Ferrocarril Nacional, los vapores del Gran Lago y fondos no utilizados de otro préstamo.

En julio de 1912 estalla una sublevación en contra del títere Adolfo Díaz. Tropas norteamericanas desembarcan en Corinto. Benjamín Zeledón enfrenta a los invasores y muere en combate el 4 de octubre. A sus 17 años Sandino queda muy impresionado con la imagen del patriota.

En 1916 trabaja como ayudante de mecánica cerca de la frontera con Costa Rica. Viaja a Honduras en 1920 y a Guatemala en 1923, donde trabaja en las plantaciones de la United Fruit. Marcha a México y trabaja para empresas petroleras en Tampico y Cerro Azul.

En agosto de 1925, Estados Unidos retira sus tropas de Nicaragua; la ocupación ha durado 13 años. Permanecen, sin embargo, los instructores de la Constabulary, antecesora de la Guardia Nacional. Golpe militar del general Emiliano Chamorro en octubre. Washington se niega a reconocerlo.

En mayo de 1926 ocurre un alzamiento liberal en contra de Chamorro. Tropas norteamericanas desembarcan en Bluefields. Al enterarse del inicio de la Guerra Constitucionalista, Sandino parte rumbo a Nicaragua a donde llega el 1 de junio.

El 26 de octubre de 1926 se alza en armas con algunos trabajadores del mineral de San Albino y se incorpora a la causa constitucionalista. El 2 de noviembre, en su primer enfrentamiento contra las tropas conservadoras en El Jícaro, sufre su primera derrota.

El 24 de diciembre, tropas norteamericanas desembarcan en Puerto Cabezas. Al día siguiente, Sandino consigue armas y municiones. El general José María Moncada le ordena regresarlas en una entrevista que sostienen en Prinzapolka; logra conservar las armas e inicia el retorno a Las Segovias.

En enero de 1927, tropas norteamericanas desembarcan en Corinto. En febrero, Sandino se instala en El Yucapuca e inicia en San Juan de Segovia una campaña militar victoriosa; participa en un gran número de combates. Las tropas conservadoras son totalmente derrotadas y Moncada trata de deshacerse de él enviándolo a Boaco.

A principios de mayo de 1927 mantiene un intercambio epistolar con Moncada sobre los términos del armisticio que éste ha logrado con Henry L. Stimson, delegado del presidente Calvin Coolidge en Nicaragua. El 12 de mayo de 1927 en una circular dirigida a las autoridades locales de todos los departamentos anuncia su determinación de continuar la lucha hasta el retiro de las tropas norteamericanas de ocupación. El 18 de mayo se casa con Blanca Aráuz.

El 1 de julio de 1927 emite su primer Manifiesto Político dirigido al pueblo de Nicaragua desde su campamento en Mineral de San Albino. El 14 de julio responde a la propuesta de rendición que le hiciera Gilbert Hatfield, capitán de los marines. El 16 de julio, después de una batalla de 15 horas, toma por unas horas El Ocotal. La aviación norteamericana bombardea y ametralla el poblado causando 300 muertos entre la población civil.

Combate en varias ciudades y se retira hacia su campamento de El Chipote; inicia la guerra de guerrillas. El 2 de septiembre de 1927 se constituye el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. El 14 de noviembre suscribe el Acuerdo sobre los traidores a la Patria.

En diciembre, los gobiernos de Coolidge y Díaz acuerdan la transformación de la Constabulary en Guardia Nacional.

Después de varios días de «combate», el 26 de enero de 1928 los marines alcanzan finalmente la cumbre de El Chipote y encuentran sólo muñecos de zacate.

El 22 de junio de 1928 el dirigente comunista salvadoreño Farabundo Martí se incorpora a las filas del sandinismo.

El 6 de noviembre de 1928, en elecciones organizadas y supervisadas por los marines, es electo presidente el traidor Moncada.

El 23 de mayo de 1929 sale de Nicaragua con rumbo a México buscando, infructuosamente, el apoyo del presidente mexicano Emilio Portes Gil. Sus generales prosiguen la lucha. Regresa a Nicaragua el 16 de mayo de 1930.

El 31 de diciembre de 1930 las tropas de Miguel Ángel Ortez emboscan una patrulla de marines en Achuapa.

El 15 de febrero de 1931 suscribe su manifiesto Luz y Verdad.

En noviembre de 1932, Juan Bautista Sacasa es electo presidente. Poco antes había solicitado la permanencia de los marines, sin embargo, en esta ocasión Washington se niega.

El 1 de enero de 1933 triunfa la causa sandinista al retirarse los invasores norteamericanos de territorio nicaragüense. Sacasa asume la presidencia y el «general» Anastasio Somoza García la jefatura de la Guardia Nacional. Sandino viaja a Managua en febrero y firma un tratado de paz.

El 20 de mayo viaja nuevamente a Managua para quejarse con Sacasa por los constantes ataques de la Guardia Nacional en contra de su gente. Regresa el 30 de noviembre por la misma razón sin obtener resultados.

El 21 de febrero de 1934 al bajar la loma de Tiscapa, después de una cena con Sacasa, es capturado y posteriormente asesinado con los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor por orden de Somoza García. Poco antes, su hermano Sócrates había corrido la misma suerte. El coronel Santos López, quién participará posteriormente en la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional, logra escapar.

N

Rafaele Herrera


Tomado de El Nuevo diario del 16 de Septiembre de 2004

Vino de Cartagena

Con datos publicados en la Revista Conservadora del 21 junio de 1962, extraídos de la obra citada, se rememora que en Cartagena de Indias vive una familia descendiente de un reconocido brigadier de gran renombre en todas las luchas de España. Y tiene un hijo, Josep Herrera, casado con doña María Felia Udiarte. Estos son los padres de Rafaela, que viven en Cartagena de Indias.

Lo nombran castellano comandante de la Fortaleza del Castillo de la Inmaculada Concepción. ¿Qué tiene de importancia esta fortaleza? Está a la entrada en medio río de El Castillo, puerto importante de cambios culturales y comerciales. Todo lo que viene de Europa y sale hacia allá, entra y sale de Granada.

Josep, dice el poeta, se lleva a su hijita, de 17 años, en 1758. Se desarrolla con su padre y él le dice cómo se manejan las cosas. Es normal. Puede suceder que en el documento de Archivo de Indias no diga que agarró el cañón, lo puso y disparó al mundo entero. No, no hace falta.

Fue “de adentro”

Entonces, tras lo de El Castillo, se viene a San Carlos, ahí se enamora de Pablo Mora. Éste, que es de Granada, se viene a vivir en un barrio viejo por un lugar que se llama Corinto en Granada, y estuvo de sirvienta “de adentro”. Los historiadores de Educación únicamente dicen que “vivió sumida en la pobreza”.

Cinco hijos tuvieron. El texto del MECD señala que dos resultaron paralíticos. Llegó a anciana. Para 1785 alguien le hace una carta y se la envía al rey, y él contesta y le manda una pensión.

¿Rafaela Herrera fue doméstica?

“De adentro”, de una familia ahí en Granada. Sería mentiroso decir qué familia.

¡Una heroína de sirvienta!

Te fijás cómo son las cosas. Era una heroína española, se sabía que había tirado un cañón. Era lo que sabían los granadinos, eso era toda la gloria que tenía. Pero esa es toda la gloria que le doy yo, que la reivindico: una muchacha de 19 años que un día dispara un cañón y termina de sirvienta “de adentro”.

Ella estaba muerta de hambre. Alguien le dijo que buscara al rey. Alguien le hizo una carta y se la presentaron al rey, y él respondió: esa acción heroica está registrada, que se defendieron. El rey hizo también su fafulla:

La carta del rey

“El Rey: por cuanto he sido informado del distinguido valor y fidelidad con que vos, doña Rafaela Herrera y Udiarte, viuda que al presente sois defendisteis el Castillo de la Purísima Concepción de Nicaragua en el río San Juan, consiguiendo a pesar de las superiores fuerzas del enemigo, hacerle levantar el sitio, y ponerse en vergonzosa fuga, pues superando la debilidad de vuestro sexo, subisteis al caballero de la fortaleza, y disparando la artillería por vuestra mano matasteis con el tercer tiro al comandante inglés en su misma tienda: realzando la acción a la corta edad de diecinueve años que contabais, no tener castellano el Castillo, ni comandante ni otra guarnición que la de mulatos y negros, que habían resuelto entregarse cobardemente …”. Dada en San Lorenzo a 11 de noviembre de mil setecientos ochenta y uno.

Yo, el Rey”.

Nieto hunde barco de Somoza

El rey debe darle una pensión y debe ser justificado con un gran heroísmo: que se haya decidido a no entregar la fortaleza, teniendo a cuatro pelagatos.

Y le manda sus realitos justamente, dice el poeta. Ahí termina ella, ya más no se sabe. Sólo nos damos cuenta que un nieto de ella, el capitán del barco “General Somoza”, Alberto Mora, queriendo pasar en el lago delante del vapor Victoria, chocó y hundió la nave.

A nadie le interesaba en Granada lo que hizo Rafaela. Qué perdían los granadinos que eran grandes señores comerciantes, que se alegraron cuando supieron que se querían meter unos negros por el San Juan. No le hicieron caso a ella y quedó en un barrio por Guadalupe. Ahí vivió desgraciada.

“Como no había conciencia de patria y no estaban formados las leyendas ni personajes heroicos, pasó como una más”, sostiene.

En el fondo, reconoce Silva, políticamente defendió España, era española, pero de este lugar.

¿Por qué los granadinos no la aceptaron como una heroína?

¿Y cuándo has visto que los granadinos anden aceptando otra cosa que no sean reales y bisnes? ¿cuándo se iban a fijar en una pobre muchachita, simple y sencilla? Tal vez si ha sido una aristocrática española sí. Jamás la tomaron como española ni como heroína.

¿En qué época se eleva al tamaño de heroína?

Después de la independencia. Defiende a Nicaragua que es parte de España, no deja de ser así, pero tampoco deja de ser que ella sufre el olvido. Ella sigue en Nicaragua. Pero apenas le sirve lo que le da el rey para comer, pegada a esta tierra como si fuera su propia tierra que ella había salvado.

Es difícil el papel de héroe. Casi siempre, como un sino histórico nacional, terminan deambulando en las calles, a pesar de que luego se les erige un monumento y los maestros de historia hablen maravillas.

Himno a Rafaela Herrera

Los piratas cubrieron el río.
el guardián del castillo murió
mas Rafaela con velo y con brillo,
con sus manos el cañón disparó.

Puso ramas ardiendo en el agua
de sus ojos el llanto secó
y la hermosa y feliz Nicaragua
de piratas por fin se libró.

Entonemos canciones de gloria
que a la patria la augusta mujer
escribió gran hazaña en la historia
su patriótica acción sin igual.

Rafaela Herrera es la estrella,
que fulgura en el cielo natal,
ostentando su gran figura hidalga bella
y su patriótica acción sin igual.

La Nicolasa Sevilla
Armando Ñurinda Ramírez (El Nuevo diario, 14 dic. 2009)

La “Colacha” y sus tropas de asalto

La “Colacha”– así llamaban a Nicolasa Sevilla Montes, los somocistas y perseguidos–, esa dama entrada en años, había sido la jefa de una claque al que le ponían varios membretes, así: Frentes Populares, Amroc (Asociación de Militares Retirados, Obreros y Campesinos), ULPS (Unión Liberal Pro-Somoza), Cantones Liberales y otras notas.

Los usaron sustentando a las hordas que comandaba la “Colacha.” En esas agrupaciones incluían a empleados estatales, inclusive profesionales y ministros. Pero el grueso social lo constituía gente que vivía en caseríos marginados (La Rebusca, Viet Nam, Quinta Nina, Los Pescadores, Acahualinca y otros).

Una parte eran trabajadores del Ministerio del Distrito Nacional y del Ministerio de Fomento y Obras Públicas, o Plantel de Carreteras. Muchos eran desocupados. Para transportar su claque, en las dependencias citadas, a la “Colacha” le proveían de camiones y otros vehículos.

La “Colacha” organizaba manifestaciones. Con su gente nutría velas, entierros, apoyaba inauguraciones de obras, mítines, comparecencias de los Somoza, apoyaba sesiones del llamado “Congreso” (Cámara de diputados y senadores) o “Chanchera.” No faltaba en las famosas “Cortes y Tribunales Militares,” atormentando a familiares de acusados. También atacaba marchas de campesinos que reclamaban tierras y justicia. Reuniones de estudiantes, asambleas sindicales, Convenciones de partidos, destrucción de imprentas (El Gran Diario) radioemisoras (Radio Mundial), La Prensa, en Calle El Triunfo y otras depredaciones.

La “Colacha” “recomendaba” para que emplearan a los correligionarios, de toda categoría. Esa dama entraba y salía de las instituciones, daba órdenes.

Los ministros y coroneles la “respetaban.” Era poderosa. Las acusaciones contra ella no avanzaban en los juzgados. Era otra vacunada contra la Justicia. Indudablemente, recibía buena paga y prebendas. Disponía de medios y de recursos para satisfacer a la gente que la seguía obediente e impune.

La “Colacha” con su gente invadía áreas de reuniones, y la GN le autorizaba antes que a otros, para que no se concentraran. Decenas de manifestaciones fueron atacadas por los nicolasianos.

La “Colacha” aterrorizaba a los no somocistas. Ponía bombas zaguaneras, de las que fabricaba “La Caimana.” En los Cantones Electorales, hay que decir que el personal era empleado a sueldo del Tribunal Supremo de Elecciones (por algún tiempo dirigido por el abogado Modesto Salmerón). Donde apareciera doña “Colacha”, imponía terror, garrote y sangre. Ella apaleaba a los “cachurecos,” apodo de conservadores, pero así calificaban a opositores de la dinastía.

La “Colacha” con sus bandas asistía a misas. Recibía la Hostia. Apoyaba procesiones, más si en esas demostraciones asistían miembros de la Dinastía.

Formaba multitudes donde los Somoza realizaban actos, así Novedades demostraba la “popularidad” del somocismo. Pero, los años pasaron, los sucesos condujeron al triunfo de la Revolución Popular de 1979.

El final del personaje

No todo es eterno. En 1979 y siguientes, en la Cárcel Modelo, de Tipitapa, por no existir prisión para mujeres en Managua, en la que fue “Sala de Costura”, los autollamados revolucionarios de aquellos días, hacinaron a varias mujeres, entre ellas Betty Bravo, Zobeyda McRea, conocidas como del “FSLN”, “La Chorro de Humo”, Nicolasa Sevilla Montes y otras señoras, después de haber abusado del poder que ampararon los Somoza durante varias décadas.

En manos de una parte de sus enemigos, enfrentando la pena de no estar en libertad, sin poder y joder como acostumbraba, despojada de bienes, la “Colacha”, supuestamente, enfrentaría la Justicia de sus víctimas, ella y sus seguidores. Pero no sucedió así, pues fue excarcelada.

Burlándose, la ofendía, y ofreció “podrirla en la cárcel.” Pero “…por ser una vieja decrepita e inservible…” y otros epítetos colmados por un comandante ministro, se fue de Nicaragua.

Supuestamente para Venezuela. Premiada, impune. Pero el fantasma de ella con su claque, ahora en pandillas mixtas, “los nicolasianos” nos viven atormentando. Se multiplicó. Sus rostros, sus imágenes, se ven en varias rotondas de Managua. Esos demonios no descansarán en paz. Ahora son más, “rezan, celebran”. Necesitamos de alguien que los pacifique.

Fuente de información:

http://www.nicaragua-actual.info/somozapadre.html

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