Hervideros San Jacinto

Hervideros legendarios y turísticos de San Jacinto y Tizate

Famoso atractivo turístico. En ellos se desarrollan proyectos de energía eléctrica

Hervideros legendarios y turísticos de San Jacinto y Tizate

*En las décadas del 50-60-70 formaban una neblina de vapores y chorros de aguas hirvientes se elevaban varios metros

* Estos hervideros están repletos de leyendas. En ellos dormía el famoso “Pancho Ñato”, quien se enfrentó a la guardia somocista entre 1948 y 1952

* Un toro, un caballo y un campisto se precipitaron a uno de los cráteres en Semana Santa

*Finqueros, campesinos y trabajadores llegaban a cocer huevos y asar varas en sus aguas hirvientes

*Pablo E. Barreto Pérez

Los famosos Hervideros de San Jacinto, uno de los atractivos turísticos y científicos de Nicaragua, están envueltos en misterios populares y en historias de interés nacional, pues actualmente el gobierno central de Nicaragua desarrolla un proyecto geotérmico de energía eléctrica, con proyecciones más allá de los 40 megavatios.

Hervideros o solfataras de menor envergadura existen en la parte superior Este del Volcán Mombacho, en Granada; en las faldas del Volcán Telica, en la cúspide del Volcán Casitas, donde hubo el derrumbe mortal cuando ocurrió el Huracán Mitch en 1998; en Tipitapa, donde hay un brote de aguas termales, sulfurosas, provenientes del lado de la Caldera del Volcán Masaya; hay cerros o montículos elevados con fumarolas y aguas hirvientes en la periferia de los cráteres del Volcán Masaya; brotan hervideros o aguas termales al Sur de San Francisco Libre, las cuales posiblemente en su recorrido “tocan” la Caldera del Volcán Momotombo; abundan los brotes de aguas hirvientes por encima de las faldas del Volcán Momotombo y en su laguna periférica de Monte Galán; hay numerosas fumarolas o solfataras encima de los Volcanes Las Pilas y Cerro Negro, incluyendo el famoso Cráter del Hoyo.

Sólo he citado unos cuantos sitios en que existen hervideros, fumarolas o solfataras. Solfatara: “Escape de vapores sulfurosos a través de grietas o terrenos volcánicos. Fumarola que emite, predominantemente, vapor de agua e hidrógeno sulfurado. La temperatura media de emisiones de las solfataras varías entre los 100 y 300 grados centígrados. La oxidación del hidrógeno sulfurado en contacto con el oxígeno de la atmósfera, conduce a la deposición de azufre, como compuesto intermedio.

“La acción de los vapores y del ácido sulfúrico, producto final de la oxidación del hidrógeno sulfurado, imprime una serie de modificaciones a las rocas circundantes, sometiéndoles a peculiares ataques químicos, y determina la disposición de sulfatos de varios colores”, señala la Enciclopedia de Ciencias y Técnicas.

Desde niño, yo viví pegado y encima de estos Hervideros de San Jacinto, pues nací en la Comarca El Tololar (periferia de la Ciudad de León), a pocos kilómetros del poblado de San Jacinto, situado a 115 kilómetros al Oeste de Managua, y a tan sólo un poco más de 20 kilómetros al Norte de León y a sólo 12 kilómetros de la Ciudad de Telica, en cuyo territorio municipal se ubican estos legendarios Hervideros, fumarolas o solfataras de Nicaragua.

Especialistas en Vulcanología del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER) indican que estos Hervideros de San Jacinto son las grietas o aberturas por donde escapan gases calientes del Volcán San Jacinto o Santa Clara, cuya masa geológica se funde con la del Cerro Rota, el más antiguo de la Cordillera de los Maribios.

Estos Hervideros de San Jacinto se ubican, precisamente, entre esos dos edificios geológicos. Eso sí, están un poco más cerca de las faldas del Volcán San Jacinto o Santa Clara.

El mismo poblado de San Jacinto, largo y angosto, se ubica entre esas dos masas geológicas, igual la Carretera León-San Isidro, la cual parte en dos una parte del pueblo, cuyas casas mayoritariamente fueron construidas sobre un colchón de rocas lisas y erizas (volcánicas ambas), especialmente muy gruesas en el lado Norte, por donde brotan los llamados “Chorros de San Jacinto”, o sea, un “ojo de agua”, convertido en un Río pequeño.

Poblado de San Jacinto se formó a raíz de erupción del Cerro Negro
El mismo pueblo de San Jacinto tiene un origen poco conocido, pues se originó durante la violenta erupción del Cerro Negro en 1948, según me contaron mi madre Rosa Pérez Juárez y mi padre Octavio Barreto Centeno, quienes expresaban en su relato que San Jacinto se formó con pobladores campesinos que huían de las comarquitas de los Urroces y Rota, ubicadas desde mucho antes de la década de 1940 al pie de los Volcanes Cerro Negro y Rota.

Parte de estos pobladores o familiares de los Urroces y Rota están allí mismo, actualmente, situados entre los dos Volcanes Cerro Negro y Rota.
Mi madre y mi padre vivían en una finca llamada La Lanceña, de mi abuelo Domingo Barreto Fonseca, y también huyeron de la violentísima erupción del Cerro Negro hacia otra finca llamada El Tizate, ubicada entonces y actualmente al Norte de los Hervideros de San Jacinto, a un kilómetro y medio aproximadamente, donde también abundan hervideros llamados de “El Tizate”, que en realidad son una prolongación de los Hervideros de San Jacinto.

Gran parte de las familias que huían de las cenizas, arenas y coladas de lava ardiente del Cerro Negro, se quedaron en este territorio caliente, en la orilla de los Hervideros de San Jacinto, y así nació este poblado de San Jacinto, me aseguraba mi padre, quien, precisamente, pasaba por estas solfataras todos los días mientras se movía (montado en caballos, en mulas, en carretas o arreando vacas, terneros y caballos) entre las fincas mencionadas por el cuido del ganado y de los cultivos agrícolas, por encargo de mi abuelo Domingo Barreto Centeno.

Los vecinos nuevos construyeron sus casitas con madera y paja (o palmas) cortadas en las faldas o cimas de los Volcanes San Jacinto y Rota. El pobladito se fue formando en la orilla Este y Norte de los Hervideros de San Jacinto, mientras estos hacían mucho ruido porque las aguas calientes brotaban en chorros cernidos hacia arriba, y los huecos o cráteres (grandes y pequeños) con solfataras o fumarolas se extendían unos 200 metros de Sur a Norte, con unos 100 metros de ancho.
Cuando todavía era un niño, y ya siendo jovencito, me acuerdo de eses chorros de agua hirviente, brotando de esos crátereres con un ruido como de erupción silenciosa, suave; y a la vez formando una especie de neblina de vapores intensos, especialmente en la mañanita o cuando caía una lluvia sobre los huecos.

Este espectáculo era siempre visible desde las casitas del nuevo poblado y desde el camino carretero, que partía en dos las moles geológicas de los Volcanes Rota y San Jacinto.

Cocían huevos y asaban varas de guácimo

Cuando comenzó a poblarse la orilla de los Hervideros de San Jacinto, también empezaron las leyendas e historias comunes y populares relacionadas con ellos. Por ejemplo, mi padre, Octavio Barreto Centeno y numerosos finqueros y trabajadores jornaleros de los alrededores, para ahorrarse leñas y tiempo, iban todos los días a esas solfataras hirvientes a cocer huevos de gallina para comérselos, a asar varas de guásimos y otros árboles, destinadas para cañizos de carretas. Las cáscaras de las varas se asaban, y se las quitaban. De ese modo la vara quedaba pelada, lisa y blanca.

Un día de tantos, fue con mi padre a los Hervideros un maestro llamado Roberto Altamirano, en plan de ayuda para asar las varas de guácimo, y por accidente se fue dentro de uno de los cráteres hirvientes. El
maestro resultó con quemaduras graves, las cuales le dejaron para siempre la típica huella de las quemaduras en las piernas.

Leyenda de Pancho Ñato

En esa década del 40-50 se había hecho una leyenda en estas Comarcas de León un personaje campesino llamado Francisco “Pancho Ñato” Juárez Mendoza, a quien la Guardia Nacional genocida, jefeada por un tal Balto Alvarado en el cuartel GN de San Jacinto, le daba persecusión por supuestos robos de ganado. “Pancho Ñato” siempre lo negó, y en cambio sostenía que el problema era en realidad que “no soy serviles de guardias, ni tengo por qué andarles cubriendo sus crímenes”.

“Pancho Ñato” tenía fama de ser un tirador fino, con habilidades certeras para dar en el blanco de sus enemigos ya fuese corriendo en su caballo tordío, arrastrándose en el duelo o corriendo entre la maleza. Había matado a varios guardias genocidas somocistas, y para que no lo agarraran, se afirmaba, dormía en las cumbres de los cerros, en los misteriosos “chorros de agua de San Jacinto”, en los Hervideros de San Jacinto y en los Hervideros de El Tizate, porque en esos sitios los guardias y sus enemigos no lo buscaban.

La leyenda se acrecentó porque también se afirmaba que Pancho Ñato era hijo de mi abuelo Domingo y que éste le daba refugio en sus fincas. Pancho Ñato dormía allí en los Hervideros, a pesar de que ya se conocía que la temperatura dentro de los cráteres y en sus alrededores inmediatos oscilaba entre los 90, 100 y 150 grados centígrados.

Pancho Ñato era mujeriego y en San Jacinto dejó una hija llamada Leyla, quien tiene varios hijos, hoy también conocidos y famosos porque son los nietos de Francisco Juárez Mendoza.

Miedo y ácido sulfúrico

Dentro de los propios Hervideros de San Jacinto uno tenía el temor profundo, mientras caminaba despacito, por las orillas de cada cráter, sorteando los tumbos y chorros de agua hirviente, de que el suelo blando, arcilloso, barroso, flojo, de repente podría hundirse o abrirse un hueco por donde la Tierra podía tragarnos hacia su interior de magma ardiente.
Se sentía un fuerte olor o tufo a ácido sulfúrico, el cual me causaba irritación o alergia en las narices. Mientras uno caminaba sorteando estos peligros mencionados, podía apreciar el suelo y los paredones de los cráteres exhibiendo distintas coloraciones: café, rojizo, verde, azulado, amarillento y una mezcla de negro con estos colores.

Uno debía caminar por los bordes del Este y del Oeste, pues en el centro de estos Hervideros de Sn Jacinto, el asunto parecía y es, infernal. Por el lado Sur, uno se topa con una especie de paredón o tope, después de los cuales ya no hay cráteres visibles.

Por el Este y por el Norte, hay una depresión o declive muy leve por donde, es evidente, se desplaza una corriente pluvial en invierno. Esa parte es pareja y de tierra firme, aunque por todos lados uno observa y siente los escapes de vapores por ranuras en el suelo, aunque allí no brotan aguas hirvientes.

Estas características que he mencionado, en general, se mantienen en los Hervideros de San Jacinto, menos los brotes o chorros de agua hirvientes verticales, ni la neblina intensa de vapores, los cuales han venido disminuyendo con el tiempo, especialmente después de que se iniciaron los trabajos de perforaciones e instalaciones en estas fuentes de energía para obtener energía geotérmica por parte del gobierno central, desde la época del gobierno neoliberal de Violeta Barrios viuda de Chamorro.
Este potencial ruidoso, de espectáculo neblinoso de vapores exhibiéndose al Sol y al viento, disminuyó todavía más al ocurrir el Huracán Mitch, cuyas correntadas pluviales y destrozos alcanzaron asimismo a estos famosos Hervideros de Nicaragua.

Sin embargo, allí están los Hervideros de San Jacinto. En años pasados, recientes de la década del 2000 hacia acá, los Hervideros se han extendido hacia los lados Este y Norte, donde han aparecido brotes de fumarolas o solfataras en patios y dentro de las casitas humildes, lo cual ha puesto a numerosas familias en dificultades, pues estas fumarolas representan mucho más calor en el ambiente y peligro de que les aparezcan cráteres con agua hirviente.

Viviendo y durmiendo sobre Hervideros en El Tizate

Estos Hervideros de San Jacinto se extienden como una gran caldera del Volcán San Jacinto hacia el Norte, precisamente hasta la finca de El Tizate, la cual, como ya dije, fue de mi abuelo Domingo Barreto Fonseca. Entre los cráteres o fumarolas, situadas al Oeste del pueblo de San Jacinto, y la finca de El Tizate hay casi dos kilómetros de distancia. Pues esta Caldera del Volcán San Jacinto se extiende en este subsuelo.
La casa sede de la Finca de El Tizate estuvo (y está todavía) donde se hacen perforaciones geotérmicas para producir un poco más de 40 megavatios de energía eléctrica, según los planes del nuevo Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional.

En esa casa sede de esta Finca de El Tizate vivimos nosotros (mi padre, mi madre y mis hermanos) durante 15 años. Es decir, dormimos siempre sobre hervideros activísimos. Notábamos que el suelo era caliente y de vez en cuanto veíamos brotar fumarolas pequeñas de ese suelo.
Mi padre me llevó a conocer dónde sí los llamados Hervideros de El Tizate tenían brotes de aguas hirvientes, ubicados a tan sólo 500 metros al Norte de esa casa sede de la finca mencionada. Entonces me contó la historia de que un grupo de especialistas alemanes había estado haciendo perforaciones en estos hervideros, por encargo del tirano genocida, Anastasio Somoza García, precisamente en 1948, y que supuestamente habían abandonado el proyecto de producir energía eléctrica por temor a las erupciones del Cerro Negro.

Mi padre, campesino con un sentido común muy elevado (había estudiado sólo primaria), me explicaba que bajo aquel colchón de piedras de San Jacinto, “hay una gran caldera de estos volcanes. Como ves por aquí brotan muchos “ojos de agua” y ríos pequeños, cuyas aguas salen calientes o hirvientes, porque en su trayecto subterráneo rosan esos calderos… lo que yo no sé es si esas calderas son del Volcán San Jacinto o del Volcán Rota”.

Esa finca de El Tizate se la heredó mi abuelo Domingo Barreto Fonseca a mis tías Teresa y Narcisa, quienes no han logrado que el gobierno central las indemnice totalmente por estas tierras.

Leyenda del toro, caballo y campisto dentro de los Hervideros
Fue mi padre precisamente quien me contó la historia popular de que un campisto se precipitó con todo y su caballo a uno de los cráteres hirvientes de los Hervideros de San Jacinto, “cuando perseguía a un toro para lazarlo, en Semana Santa. Algunos vecinos dicen que el Viernes Santos se oyen dentro de los Hervideros los balidos del toro, los relinchos del caballo y los gritos del campisto, y también te aseguran que el campisto se fue dentro de los hervideros “en castigo” porque andaba corriendo en caballo en Semana Santa”.

Cuando el régimen revolucionario sandinista, en la década del 80, ocurrió otro episodio doloroso cuando una cubana resbaló y cayó de pies dentro de uno de los cráteres de los Hervideros de San Jacinto, causándose quemaduras graves.

Los Hervideros de San Jacinto están allí, brotando siempre sus aguas hirvientes, sus fumarolas emitiendo vapores que de vez en cuando forman neblinas, mientras los químicos reinantes, salidos de las entrañas del Volcán San Jacinto, siguen imponiéndole diversos colores al suelo arcilloso o barroso de este famoso sitio geográfico y geológico de Nicaragua.
Estos Hervideros de San Jacinto son un gran atractivo turístico y científico. Los atiende la Alcaldía de Telica. La pobreza en el pueblo es también muy acentuada, especialmente entre los niños y niñas, una parte de los cuales son quienes reciben y guían a los turistas en los Hervideros.

Fuente de información:

https://pabloemiliobarreto.wordpress.com/2010/03/12/legendarios-hervideros-de-san-jacinto-y-tizate/

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