Variedades

Historia de la danza en Nicaragua

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La danza como arte escénico tiene su origen en Nicaragua a inicios de los años sesenta con la creación de la Escuela de Bellas Artes y el surgimiento de algunos centros nocturnos de la dinámica vieja Managua; en el primero se inicia la enseñanza danzaria de manera formal y en los segundos se comienzan a presentar las primeras obras, show y espectáculos de producción nacional.
Se destacan en este período Alcira Alonso en la parte de los montajes coreográficos y Heriberto Mercado como intérprete y profesor en las áreas del ballet clásico y otras danzas no tradicionales, principalmente Chonita Gutiérrez, Camilo Zapata y el papá de Irene López, dan los primeros pasos en la conformación de las primeras agrupaciones de proyección artística de nuestros bailes folklóricos debiéndose el desarrollo y la continuidad de estas agrupaciones al esfuerzo y el trabajo tesonero de Irene López, Bayardo Ortiz y Antonio Dávila, entre otros.

CON MAS IMPETU EN LOS 70

Para los años 70 aparecen con más ímpetu y organización los ya denominados ballets folklóricos de Ronald Abud y Alejandro Cuadra con una proyección más espectacular del folklore danzario. Se le adjudica a Alejandro Cuadra la conformación de la primera agrupación folklórica universitaria.

Haydée Palacios juega un rol importante en la enseñanza de la danza folklórica, llega a ser profesora de este arte en el Instituto Central Ramírez Goyena, en la Escuela Nacional de Comercio y en el Colegio Primero de Febrero.

EL AUGE CULTURAL DE LOS 80

Con el auge cultural que propició la Revolución Popular Sandinista a inicios de los años ochenta, surgen muchas más agrupaciones danzarias como el conjunto «Gaspar García Laviana», de Aldanaro Jarquín, el conjunto folklórico Flor de Sacuanjoche de Nina Moreno, el Güegüense de Javier Duriez, el Grupo Nahuatl de Xiomara Gutiérrez, la Compañía Anahuac de Guillermo Urbina y el Ballet Folklórico Tepenahuatl de Blanca Guardado.

Este último (el Tepenahuatl) junto al Macehuatl, el Ruth Palacios y el Ballet Folklórico Nicaragüense, están catalogados como los más excelentes a nivel nacional.

CREACION DE ESCUELA NACIONAL DE DANZA

La creación de la Escuela Nacional de Danza, también en la década de los ochenta, propicia por primera vez en Nicaragua la enseñanza y la práctica de la danza moderna o contemporánea, destacándose con sus aportes docentes.

Patricia López, Evangelina Villalón (México); Elena Gutiérrez (Chile); y Gerardo Lastra (Cuba) q.e.p.d., surge así la primera compañía de danza moderna bajo la coordinación de Gloria Bacon.

Es actualmente el grupo de Gloria Bacon, junto al de Verónica Arana y el de Ligia Luna, los que constituyen la máxima expresión de la danza moderna en Nicaragua.

Iván Luis Palomo y Miguel Angel Tercero tienen su parte en esta historia, crearon las dos primeros grupos de danza de Variedades o de bailes populares.

Cabe mencionar también en este breve recorrido por la danza en Nicaragua, el trabajo realizado por Ana Amalia Sierra a mediados de los años ochenta con la creación de la Escuela Nacional de Ballet, la cual ya no existe por decisión de las autoridades culturales del actual gobierno.

LA ENSEÑANZA EN LA ACTUALIDAD

En la actualidad, la enseñanza formal de la danza en Nicaragua se sustenta en el esfuerzo docente de la Escuela Nacional de Danza «Adán Castillo», del Instituto Nicaragüense de Cultura y de la Academia Nicaragüense de la Danza de la Asociación de Artistas de la Danza, así como el esfuerzo individual de algunas personas de otras regiones del país: Lelia González, Diamante Mercado, Auxiliadora Valle, Felipita Cermeño y Rosalpina Vásquez, entre otras.

Para finalizar esta breve entrega a nuestros queridos lectores, es necesario reconocer que el desarrollo de la danza en general de nuestra querida Nicaragua se basa fundamentalmente en la disposición y esfuerzo de una gran cantidad de bailarinas y bailarines jóvenes que sin contar con salario o una ayuda económica redituable por su profesión, mantienen vivo el movimiento, el ritmo y el espacio.

A todos ellos, sus maestros y sus directores, la más grande felicitación!

de http://archivo.elnuevodiario.com.ni/2000/abril/29-abril-2000/variedades/variedades1.html

Artesanía Nicaragüense

Las manos del artesano nicaragüense han transformado, durante muchos años, materiales inertes, faltos de belleza, en magníficas obras de arte apreciadas tanto nacional como internacionalmente.

Se dice que Nicaragua posee, dentro de la región Centroamericana, la más grande y exitosa variedad de artesanías. Cada departamento del país se caracteriza por algún estilo, material, diseño, técnica o incluso por la referencia de algún artesano en particular que es representativo de algún pueblo o ciudad.

Entre los materiales utilizados podemos encontrar el barro, madera, mimbre, textiles, frutos secos, hojas de elote, conchas de mar, etc.

Donde encontrar… que cosa…

En Masaya se puede encontrar gran variedad de artesanías, pero es aun más conocida por sus Hamacas elaboradas a mano, de gran colorido y en diferentes tamaños y estilos.

Como parte de los “Pueblos Blancos” y también parte del departamento de Masaya, se encuentra San Juan de Oriente; un pueblo de unas cuantas cuadras cuya principal actividad económica es la venta de artesanía, sobre todo a base de barro.

En Carazo predominan los artículos tejidos o bordados, confección de ropa y productos de cuero (pieles).

En el caso de Granada, se dice que por ser una ciudad de infraestructura colonial, sus pobladores se han convertido en grandes y exigentes demandantes de joyería en oro y plata, lo que ha provocado una excelente mano de obra.

León se destaca por la elaboración de muebles y figuras de hierro y madera.

La Cerámica Negra predomina en Matagalpa y Jinotega.

Dentro del departamento de Estelí encontramos el pueblo San Juan de Limay, en donde se elaboran hermosas esculturas de piedra Marmolina.

Éstos son solo algunos de los lugares y tipos de artesanía que se elaboran en el territorio Nicaragüense; ahora solo te queda visitar esta linda patria y compartirnos tu experiencia artesanal.

de http://turismocompatible.blogspot.com/2009/01/artesana-nicaragense.html

El movimiento de Vanguardia

Hacia 1931, con el llamado Movimiento de Vanguardia, comienza a gestarse en la ciudad de Granada la renovación literaria en Nicaragua, fenómeno que ocurre en los años de la segunda intervención norteamericana, que fueron también los de la lucha por la soberanía nacional emprendida por el General Augusto C. Sandino en las montañas de Las Segovias (1927-1932). De esta manera, el eje de la literatura nacional se desplazaría de León a Granada.
El capitán de este movimiento fue José Coronel Urtecho (1906-1994), quien al regresar de los Estados Unidos, a la edad de 21 años, trajo consigo todo el bagaje de la poesía moderna de los Estados Unidos, una influencia y una marca que habría de permear desde entonces no sólo a la generación de Vanguardia, sino también a toda los poetas nicaragüenses de generaciones sucesivas; la Antología de la poesía norteamericana (Madrid, 1949) que de manera conjunta tradujo con Ernesto Cardenal, viene a ser prueba de ese aporte. Y al mismo tiempo, al volver de Francia para esa misma época Luis Alberto Cabrales (1901-1974), otro de los fundadores del movimiento, la poesía francesa de vanguardia que él importó, completaría una doble influencia decisiva.
Además de los dos poetas antes mencionados, los miembros más destacados del Grupo de Vanguardia, que solían reunirse en la torre de la Iglesia de la Merced, son Pablo Antonio Cuadra (1912); Joaquín Pasos (1914-1947); y además, Octavio Rocha (1910-1986); Alberto Ordóñez Argüello (1913-1991); Luis Downing Urtecho (1913-1983), y el caricaturista y grabador Joaquín Zavala Urtecho (1911-1971), más tarde fundador de la Revista Conservadora, una institución en sí misma para la cultura nacional. Junto con ellos aparece Manolo Cuadra (1907-1957).
Los jóvenes vanguardistas empiezan por romper lanzas no sólo contra la herencia modernista de Darío, que para entonces ha pasado a ser parte de una cultura nacional adocenada y mediocre, sino también contra los valores y los estilos de vida de la burguesía formada por finqueros y comerciantes, y contra su estulticia, su mal gusto e ignorancia cultural, tal como puede verse en La Chinfonía Burguesa, un juguete teatral escrito al alimón entre Coronel Urtecho y Joaquín Pasos, que es una especie de manifiesto artístico del grupo de Vanguardia.
De este modo, los vanguardistas comienzan por ensañarse en su propia clase social y en sus mismos familiares, ya que los más notables de entre ellos pertenecen a la aristocrática burguesía granadina. Pero al mismo tiempo que a través de sus manifiestos y poemas despliegan sus posiciones contestatarias antiburguesas, también reclaman una cultura nacional, que sea tanto vernácula como universal; un reclamo que termina buscando el regreso a la tradición patriarcal incontaminada de gustos burgueses e influencias extranjeras impuestas, como la que representa la intervención militar.
Este reclamo por lo propio, y por lo tradicional, que busca el regreso a las raíces,  se extiende al habla popular, la artesanía, la música, la historia, la moda y los modos de vida, y aún la política. De este nacionalismo exacerbado, que tiene además un sedimento muy católico, los vanguardistas pasarían después a un falangismo inspirado en Primo de Rivera, y a reclamar un líder perpetuo que pueda traer estabilidad a largo plazo a Nicaragua. Este salvador, celebrado por ellos, no sería otro que  Anastasio Somoza García, el fundador de la dinastía.
Más allá de sus posiciones políticas, que más tarde o más temprano terminarían por abandonar, o por variar, los escritores de la generación de Vanguardia se cuentan entre los más brillantes de la historia cultural de Nicaragua, y su impulso de ruptura fue decisivo para dar impulso a la modernidad literaria.
José Coronel Urtecho, poeta, narrador, ensayista, historiador, y conversador ingenioso e inagotable, fue un escritor de dedicación y vocación absoluta, y de magisterio permanente para sucesivas generaciones de escritores nicaragüenses; siempre prefirió su retiro del río San Juan, su verdadero habitat en la frontera entre Nicaragua y Costa Rica, donde murió y está enterrado al lado de su esposa, María Kautz, que es en mucho sentidos un personaje de nuestra literatura.
Su poesía, que no desprecia los parámetros clásicos, busca en otros momentos romperlos, y desde la perfección del soneto va hacia los poemas descriptivos —hacia lo que el mismo bautizó como “exteriorismo”— poemas que toman la forma de cartas, o crónicas, o relatos, como el inolvidable Pequeña biografía de mi mujer.
Sus poemas fueron reunidos por primera vez en un libro en 1970 bajo el título de Pol-la d´ananta katanta paranta (un verso de Homero que en parte significa: y por muchas subidas y caídas, vueltas y revueltas dan con las casas). Su otro libro de poesía es Paneles del Infierno (1980), en celebración de la revolución sandinista.
Luis Alberto Cabrales, uno de los vanguardistas que no pertenecía a las encumbradas familias granadinas, pues nació en Chinandega, ejerció como crítico literario, ensayista, pedagogo, periodista, y duro polemista, permaneció atrincherado siempre en su ideología de extrema derecha, (admirador de Charles Maurrás desde sus años en Francia); una ideología que, como en el caso de Jorge Luis Borges, no dejaba de servirle como un arma de provocación.
Su obra poética es muy breve, tal como el título de su único libro lo proclama: Opera Parva publicado de manera tardía en 1961. Sus poemas, todos ellos muy bien cuidados, tiene un hondo acento rural y provinciano, y en los temas amatorios reflejan una intensa desolación. En uno, Canto a los sombríos ancestros, evoca su veta de sangre negra: Tambor olvidado de la tribu/lejano bate de mi corazón nocturno// Mi sangre huele a selva del África./Sombría noche luciérnaga,/ sombría sangre tachonada de estrellas…
Pablo Antonio Cuadra se incorporó a los dieciocho años al movimiento de Vanguardia, y fue uno de sus más entusiastas animadores; y desde entonces, su papel ha sido clave en la difusión de la literatura nicaragüense a través de diferentes revistas, desde la aparición de los Cuadernos del Taller San Lucas en 1943, a El Pez y la Serpiente, fundado también por él a finales de los cincuenta. Y sobre todo, a través del magisterio ejercido por varias décadas desde La Prensa Literaria, el suplemento cultural semanal del diario La Prensa.
Al mismo tiempo, fue dentro del grupo el principal impulsor de la búsqueda de las raíces culturales, donde debía hallarse el verdadero ser nicaragüense; un impulso que lo llevó a rastrear las consejas y cuentos populares, los bailetes y representaciones de teatro callejero, los corridos y canciones anónimas, que  a su vez iban a prestar ritmos y sonoridades a la nueva poesía que se forjaba.
El gran sustrato de la poesía de Pablo Antonio es lo telúrico, (el paisaje de los llanos, los montes  y los árboles, la hacienda ganadera, y los campesinos que habitan ese paisaje, desde la aparición de Poemas Nicaragüenses, publicado en Chile en 1934, a la evocación de lo indígena en El Jaguar y la Luna (1959), y que tendrá su mejor culminación en sus poemas del Gran Lago de Nicaragua, contenidos en Cantos de Cifar (1971); una poesía que sin abandonar su aliento lírico, se torna narrativa y por tanto, doblemente reveladora. Otros libros de poesía suyos, importantes de mencionar, son: Canciones de Pájaro y señora (1929); Canto Temporal (1943); Doña Andreíta y otros retratos (1971); Esos rostros que asoman en la multitud (1976); y Siete árboles contra el atardecer (1980).
Alberto Ordóñez Argüello, nació en el poblado de Buenos Aires, en Rivas, y  vivió casi toda su vida en el exilio en Guatemala y Costa Rica. Entre sus libros de poesía deben ser recordados Tórrido sueño (1955); y Amor en tierra y mar (1964); así como es memorable su pieza de teatro La novia de Tola. Octavio Rocha, por su parte, no dejó ningún libro, y después de los años juveniles del movimiento de Vanguardia se dedicó a actividades comerciales.
El poeta más representativo del grupo de Vanguardia, y uno de los cimeros de la literatura nacional es Joaquín Pasos. Un poeta precoz, que escribía poesía con facilidad desde niño, y que llegó a resumir, según el criterio de Manolo Cuadra, las dos tendencias fundamentales en que se debatía en el mundo la poesía de vanguardia: la claridad y el hermetismo —las dos hemisferios que constituían, a la vez., su propia naturaleza— un doble don que conservó hasta su muy temprana muerte.
Su grandeza está en el poder que tiene de convertir el lenguaje poético en un lenguaje común, o viceversa, dentro de una transparencia que se vuelve mágica; o como escribe Ernesto Cardenal, purificó en sus poemas el lenguaje de su pueblo/ en el que un día se escribirán los tratados de comercio/ la Constitución, las cartas de amor, y los decretos…Su poema Canto de guerra de las cosas, escrito en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, es uno de los grandes momentos de nuestra literatura.
Sus poesías sólo fueron recogidos muy parcialmente después de su muerte en Breve Suma (1947), un cuaderno publicado por la Editorial Nuevos Horizontes en Managua; pero la primer antología importante de su obra, seleccionada por Ernesto Cardenal, apareció en México en 1962 bajo el título Poemas de un joven. Los poemas fueron agrupados de acuerdo al plan que Joaquín había diseñado para su obra inédita: Poemas de un joven que no ha viajado nunca (que incluía sus poemas sobre países que nunca visitó, pues prácticamente no salió de Nicaragua); Poemas de un joven que no ha amado nunca (que incluía sus poesías de amor); Poemas de un joven que no sabe inglés (que incluía sus poemas en esa lengua, que aprendió sin maestro desde niño); y además, Misterio indio, sus poemas de temática indígena.
Manolo Cuadra, quien nació en Malacatoya, un poblado de las riberas del Gran Lago de Nicaragua, cercano a Granada, fue uno de los más importantes fundadores del movimiento de Vanguardia, experimentador de formas y de estilo, buscador incansable de nuevas expresiones; pero su propia historia personal, y sus ideas, habrían de apartarlo del común del grupo.
Se alistó como soldado raso en la Guardia Nacional, recién creada por las fuerzas de ocupación norteamericanas, y fue destacado a las montañas de Las Segovias en la guerra contra Sandino, una experiencia de la que surgiría su libro de cuentos Contra Sandino en la montaña (1942), del que se hablará más tarde. Debemos adelantar, sin embargo, que este libro significó para él un principio de conversión política, pues pasó a identificarse con el ideario de Sandino, con la izquierda, y con las luchas obreras, “para vivir entre los afligidos, tanto por temperamento como por aflicción”, como él mismo señala, no sin humor. Esta nueva actitud lo haría entrar en choque con sus antiguos compañeros de la Vanguardia, que lo acusaron de comisario político del recién fundado PTN (el Partido Trabajador Nicaragüense,  de identidad comunista).
Su vida, y su literatura se entreveran de modo que una es espejo de la otra. Además de soldado, fue telegrafista, boxeador aficionado, peón bananero en las plantaciones de la United Fruit en Costa Rica, propietario de una pulpería,  periodista y humorista; y como se ha dicho, militante de izquierda, opositor a la dictadura de Somoza por lo que fue a dar a la cárcel, al confinamiento, y al exilio. Sus poemas aparecieron reunidos poco antes de su muerte en Tres Amores (1955); y sus ensayos literarios fueron publicados en 1994 bajo el título El gruñido de un bárbaro (edición de Julio Valle Castillo).