Política

Cultura Política en Nicaragua: Una realidad que duele

Foto: Nery García / Conexiones.com.ni

La historia de la cultura política de Nicaragua ha mostrado la fragmentación de amplios sectores de la sociedad. Lejos de que los medios de comunicación aporten a la reflexión para el consenso ciudadano, son cómplices de esa polarización antagónica entre ideas disfrazadas de izquierdistas y derechistas, que se constituyen como parte de una estrategia de política encabezada por grupos de poder político (gobierno, religiosos y oposición) y económicos que lesionan la libertad de prensa ante las presiones y la autocensura mediática.

Giacomo Sani refiere en el Diccionario de la Política que el concepto de cultura política se usa para “designar el conjunto de actitudes, normas y creencias, compartidas más o menos de una determinada unidad social y que tienen como objeto fenómenos políticos” (Sani, 2005, p. 115). Señala como ejemplos de la cultura política a la indiferencia, el cinismo, rigidez, dogmatismo, el sentido de confianza, la adhesión, la tolerancia hacia las fuerzas políticas distintas a las propias.

Sofía Montenegro y Elvira Cuadra Lira (2001) citan en su estudio sobre Jóvenes y Cultura Política de Nicaragua a Sonia E. Álvarez, Evelina Dagnino & Arturo Escobar (1998), quienes sostienen que la cultura política de occidente, calificada como “racionalista, universal e individualista”, si bien se ha combinado en América Latina ha creado efectos contradictorios dirigidos a “asegurar la exclusión social y política y hasta el control de la definición de lo que cuenta como político en sociedades jerárquicas e inequitativas en extremo” (Montenegro, S & Cuadra Lira, E. 2001. P. 19)

Agregan que dentro del marco de sistema liberal en el siglo XIX, embanderados por la “democracia racial”, que pretendía ocultar y negar el racismo, aunque fuera evidente entre las sociedades, lo que provocó fue una “inmensa distancia entre sociedad civil y política”. Luego, con la ola de gobiernos autoritarios en la región que estuvieron de moda a partir de la década de los sesenta, Álvarez, Dagnino y Escobar aseveran que hubo una transición de la exclusión social a la eliminación política.

Nuestra cultura política reciente

En el caso particular de Nicaragua, con el nacimiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) el 19 de julio de 1961, hasta derrocar la dictadura de la familia Somoza en 1979, después de permanecer en el poder por 43 años, evidenciaron una lucha de cultura política entre grupos de poder elitistas que ostentaban el poder político, militar y económico, y un pueblo cansado del exterminio político de sus derechos como ciudadanos.

Después de la insurrección de 1979 se esperaba que los espacios de poder fueran compartidos con el pueblo dentro de un sistema de inclusión social, pero rápidamente esas ilusiones fueron desechadas ante diversos factores, como las decisiones políticas que promovían “la justicia social”, desde la óptica socialista y de izquierda que representaba el primer gobierno sandinista (1984 – 1990), presidido por Daniel Ortega Saavedra; y por el otro lado, estaba la presión internacional de que existiese un “gobierno democrático”, lo que fortaleció la división de las posiciones antagónicas de los y las nicaragüenses.

La intolerancia de parte de las autoridades del gobierno ante la crítica de medios de comunicación que se definieron como opositores, evidenció en la sociedad esa cultura política polarizada, que luego se fue incrustando en cada bando partidario e ideológico, que incluso significó la muerte y desplazamientos de miles de nicaragüenses que terminó por enraizar más esa desfragmentación.

El cambio de gobierno en 1990 en Nicaragua, significó regresar a los tentáculos del Dogma Liberal, a cuyo sistema social Juan García Morán (2001), citando a John Rawls, le atribuye la división entre las esferas de lo público y lo privado, al separar al Estado de la empresa privada, lo que trascendió a las esferas políticas, culturales y religiosas (García Moran, 2001, p. 157)

Bernat Muniesa (2008) recuerda que el Dogma Liberal promovía el “liberalismo económico… nacido como una propuesta atractiva por su rechazo a los métodos burocráticos, evolucionaría pronto hasta ofrecerse como una oferta salvadora y fundada en un nuevo mito: el citado mercado libre autorregulado, ajeno a toda intervención de fuerzas ajenas a lo económico” (Muniesa, 2008, p.45).

Con la llegada a la presidencia de la República de Violeta Barrios de Chamorro, regresó a Nicaragua ese sistema, cuando la mandataria, como parte del ejercicio democrático promueve el libre mercado, que involucra las privatizaciones de empresas industriales y agropecuarias; y luego continuaron en los siguientes gobiernos liberales (1996 – 2006), como sucedió con las privatizaciones de las empresas de telecomunicaciones y de energía eléctrica.

Desde la oposición, los simpatizantes del FSLN, encabezados por los líderes de ese partido se caracterizaron por protestas constantes en las calles, como forma de demanda para una “justicia social”. La cultura política en la sociedad se evidencia en los medios de comunicación, como reflejo de esa polarización y que significó la autocensura, como parte de sesgo político, que involucró a los dogmas religiosos, para conseguir réditos políticos.

Manuel Ortega Hegg, Marcelina Castillo Venerio y Mitchell A. Seligson (2007) precisan en el texto “Cultura Política de la Democracia en Nicaragua: 2006” que el sistema de gobierno presidencialista con que cuenta Nicaragua, permite amplias facultades al poder ejecutivo, obedece a una cultura política de élites, lo que facilita la existencia de regímenes autoritarios.

Ana María Miralles (2011) le da la razón a Fernand Terrou cuando dice que los dos elementos esenciales de la concepción liberal de la libertad de prensa son la libertad de publicación y la libertad de publicación, que a su vez significó “el predominio de los intereses de la empresa por encima de los de un concepto más universalista como el de la libertad de expresión” (Miralles, 2011, p. 86).

La misma autora cita en el mismo texto a Hugo Aznar Gómez para complementar la afirmación de Terrou al aseverar que la libertad de prensa nació para servir de crítica al poder político, sin embargo no necesariamente incluyó la voz de otros actores que tratarán temas de interés público. Eso sucedió en Nicaragua y en algunos países de América Latina.

El poder y la autocensura

Los resultados del monitoreo de medios de comunicación en ochos países de América Latina que hizo la Red Latinoamericana de Observatorios de Medios (2008) demostró que “el manejo de poder y sus confrontaciones se ha convertido en el escenario público más importante del periodismo escrito” (Alfaro, 2008, p.11).

El estudio, que se hizo con medios escritos de los países de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Perú y Venezuela, en noviembre de 2007 y febrero y agosto de 2008, demuestra que los temas relacionados a políticas son más recurrentes (43.8%), lo que “refleja el rol inquisidor de la prensa escrita en nuestros países, jugando un papel relevante al visibilizar el poder desde la crítica, u oficiando de contrapeso o de apoyo, según sea la posición editorial del medio” (Ibídem).

Martin Becerra y Guillermo Mastrini (2009) refuerza la hegemonía de los dueños de los medios de comunicación en Centroamérica en el estudio denominado “Los monopolios de la verdad”, en la que demuestra que dichos medios obedecen a intereses de clases hegemónicas, sectores empresariales y terratenientes. Con el estudio, Becerra y Mastrini dejan en evidencia que bajo la bandera de la democracia, los medios guardan información y en el peor de los casos se autocensuran, al no publicar información de interés ciudadano, en detrimento de la libertad de prensa.

La autocensura se convierte en una limitante para el ejercicio periodístico y contraviene el derecho a la información oportuna, con responsabilidad social que pregona la Constitución Política de Nicaragua en los artículos 66, 67 y 68 para los medios de comunicación.

De qué estamos hablando cuando decimos autocensura. El libro Medios y Libertad de Expresión en las Américas (2003) precisa:

La autocensura es producto de un medio periodístico restringido… cuando un periodista no se siente complemente libre de escoger qué noticia cubrirá o no debido a presiones externas, nos encontramos ante un caso de autocensura.

Conclusión

Es sin duda que la cultura política trasciende a todos los sectores y gremios de la sociedad. Los medios de comunicación y los periodistas no son exentos. Por el contrario, son un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad, no sólo porque constituyen parte de la vida cotidiana de los nicaragüenses, sino también porque esa fragmentación se ve evidenciada en los programas radiales y televisivos y las páginas de los medios escritos, cuyos mensajes también influencian a las audiencias y por tanto ejercen una transformación en el pensamiento individual y colectivo.

El periodismo tiene sus retos. El primero es promover una cultura de paz, de armonía, de tolerancia política y de promoción humana en los diferentes ámbitos. De eso depende mucho, que la cultura política del país empiece a enrumbarse en mejor bienestar. Por supuesto que existen otras aristas que deben involucrarse, como las garantías que el Estado debería brindar para promover un periodismo ético y consecuente con su función social; o la responsabilidad de los ciudadanos de demandar un periodismo de calidad, sin embargo, al igual como demandamos voluntad política a los funcionarios públicos para resolver asuntos de interés social, de igual forma nosotros deberíamos demandarnos voluntad política para ejercer un periodismo que promueva un debate incluyente, de interés ciudadano y con tolerancia.

La comunicóloga peruana, Rosa María Alfaro (2011), señala como retos para el periodismo en Latinoamérica la construcción de un periodismo cívico, donde las facultades de comunicación y periodismo de la región tienen la responsabilidad no sólo de enseñar a los futuros periodistas y comunicadores a redactar, sino también a “saber cómo es su país, qué problema tiene su país, qué historia tiene su país, cuál es el rol que ha tenido su país, entonces tiene que ser el que mejor maneje la situación de su país” (Alfaro. 2011)

Referencias bibliográficas:

Alfaro, R.M. (2008). Nuevos Compromisos de la Prensa con el Desarrollo: Monitoreo Latinoamericano. Perú. Recuperado el 20 de octubre de 2012 de http://bit.ly/v1wmn7

Becerra, M & Mastrini G. (2009). Los monopolios de la verdad: descifrando la estructura y concentración de los medios en Centroamérica y República Dominicana. Buenos Aires.

García Moran, J. (2001). Al Norte del Liberalismo: El Contexto Canadiense de un debate filosófico. Colom González, F. (Ed.) El espejo, el mosaico y el crisol. Anthropos Editorial: México.

García, N. (Octubre, 2011). Entrevista a Rosa María Alfaro: Medios debieron informar proceso electoral desde ciudadanía. Recuperado el 21 de octubre de 2012 de http://www.conexiones.com.ni/articulo.php?id=421

Miralles Castellanos, AM. (2011). El miedo al disenso: El diseño periodístico como expresión democrática de las diferencias y no como provocación de violencia. Barcelona: Universidad Pontificia Bolivariana: Gedisa.

Montenegro, S & Cuadra Lira, E. (2001, marzo). Jóvenes y Cultura Política en Nicaragua. Recuperado el 20 de octubre de 2012 de http://www.cinco.org.ni/archive/8.pdf

Muniesa, B. (2008). Libertad, Liberalismo, Democracia. Ediciones de Intervención Cultural / El viejo Topo: España.

Ortega Hegg, M. Castillo Venerio, M & Seligson Mitchell A. (Diciembre, 2007). Cultura Política de la Democracia en Nicaragua: 2006. Recuperado el 20 de octubre de 2012 de

Fuente de información:

http://www.vanderbilt.edu/lapop/ab2006/nicaragua1-es.pdf

Sani, G. (2005). Cultura Política. Bobbio, N., Matteucci, N. Pasquino, G. (Comps). Diccionario de Política. (pp. 415 – 417). Decimocuarta edición en español. México: Siglo Veintiuno Editores S.A.

Partidos Políticos

aragua]] (PC)

Jefes Supremos del Estado

Supremos Directores

Presidentes de la República

http://www.es.wikipedia.org/wiki/Gobierno_y_pol%C3%ADtica_de_Nicaragua

PARTICIPACIÓN SOCIOPOLÍTICA

Las mujeres han participado en la vida social y política de Nicaragua desde los orígenes de este país, aunque esa participación ha sido normalmente velada y sólo se ha hecho visible en ocasiones extraordinarias. La presencia femenina, puesto que se daba en términos de subordinación social, era notable en la base del sistema, pero se reducía en los espacios institucionales menores y era prácticamente inexistente en los círculos donde se tomaba las decisiones de política nacional.

La expresión más evidente de ese tipo de participación procede del hecho de que las mujeres carecieron en Nicaragua -como en gran parte de América Latina- de derechos políticos hasta mediados de este siglo. Hasta entonces, su participación en la historia de la República no pudo darse sino mediante la acción social y al margen de la representación legal y oficial.

Además de esta discriminación por razones de género, la participación sociopolítica femenina estuvo condicionada por el particular desarrollo de la historia de este país. Como otras naciones centroamericanas, al desembarazarse del dominio español (1821), Nicaragua se debatió entre la subordinación a México, su federación con las otras repúblicas centroamericanas o su establecimiento como Estado separado. Esta última opción fue adoptada en 1838, después del fracaso de la República Federal de Centroamérica, si bien no puede hablarse de la constitución de una república hasta mediados del pasado siglo (1854).

Como en otros países centroamericanos, la naciente vida republicana estuvo marcada por la competencia entre liberales y conservadores, aunque debido a ciertos rasgos peculiares, en Nicaragua, la violencia, la inestabilidad y el estancamiento económico, junto con las intervenciones de gobiernos extranjeros (alentados, entre otras razones, por la posibilidad de construir un canal interoceánico), acompañaron las luchas por el poder entre estos dos partidos. No obstante, la competencia liberal-conservadora permitió el establecimiento de un Estado oligárquico exportador, que se desarrolló hasta la crisis de los años veinte, tras la cual acabó estructurándose (1933) bajo una dictadura militar familiar, que duró hasta 1979.

Durante la constitución de la República oligárquica, las mujeres aparecieron puntualmente en la vida nacional, especialmente desde que a fines del pasado siglo comenzaron a organizarse en el plano de la actividad económica: motín de vendedoras ambulantes de Masaya (1915), etc. Mujeres como María de Altamirano, Blanca Aráuz y Tiburcia García, tomaron parte en la lucha nacionalista del General Sandino, entre 1927 y 1934. Desde el inicio de la dictadura de los Somoza, las mujeres participaron en las secciones femeninas de los partidos políticos, así como en el ámbito de las luchas obreras: en 1935 se forma en Managua el Frente Obrero Femenino.

Algunas mujeres, de diferentes corrientes políticas, lograron distinguirse y ser reconocidas: desde la líder Conchita Solís a la jueza Joaquina Vega, quien luchó por la obtención del voto femenino. No obstante, la información sobre esta participación es sumamente fragmentaria, especialmente en términos estadísticos, debido también a las limitaciones de la participación ciudadana mencionadas, al acceso restringido a la información y a los cambios políticos radicales que tienen lugar en 1979.

La participación de las mujeres en el proceso revolucionario que se inicia a fines de los años setenta, pasó por diferentes etapas en los distintos planos del proceso: militar, político, social, etc. En todo caso, existe coincidencia en que se produjo una intensa movilización de amplios sectores de la población femenina, impulsada por la Asociación de Mujeres Nicaragüenses Luisa Amanda Espinoza, AMNLAE, aunque ello no se reflejara enigual medida en la cúspide del poder político.

Desde la obtención del derecho al voto en 1950 (ejercido por primera vez en 1957), la mujer nicaragüense ha participado en siete procesos eleccionarios. Sin embargo, su participación se ha visto obstaculizada, como toda expresión ciudadana, por el clima represivo imperante por muchos años en el país. Hoy en día las mujeres representan el 18,5% del total de diputados electos, cifra reducida, aunque sea la mayor en la región centroamericana.

La participación es aun menor en el ámbito del Poder Ejecutivo. Pese a que en 1990 fue elegida por primera vez una mujer en la Presidencia de la República, actualmente las mujeres no alcanzan a representar el 10% de los miembros del Gabinete, cifra semejante a la existente bajo el gobierno sandinista. No obstante, la presencia femenina ha aumentado en otros espacios de la administración pública, especialmente a niveles medios y en el campo de la representación diplomática (en 1994 las mujeres ocupaban un 40% de los cargos diplomáticos).

En el Poder Judicial, la presencia femenina es más importante y su incorporación fue la más temprana (la primera jueza local fue elegida en 1948), aunque su aumento se produjo fundamentalmente después de 1979. Antes de ese año sólo se encontraba dos juezas de distrito y nueve locales, mientras en 1991 existían 24 juezas de distrito y 51 locales. La participación femenina, de todas maneras, se halla muy estratificada, siendo su proporción muy baja en las cortes de Apelaciones y Suprema (21%). La primera mujer magistrada de la Corte Suprema fue nombrada en el año 1979.

La escasa presencia de la mujer en los espacios de toma de decisiones también se manifiesta en las organizaciones sociales y políticas, lo que no guarda relación con el evidente incremento de la actividad de las mujeres en los últimos veinte años. Es importante subrayar la necesidad de consolidar información estadística que muestre esta situación. Con todo, en aquellos ámbitos donde esa información es un poco más consistente, esa discriminación se confirma. Por ejemplo, las mujeres son un tercio de los miembros asociados de las cooperativas y sólo un 9% de sus directivos.

Fuente de información:

 http://www.eurosur.org/FLACSO/mujeres/nicaragua/part.htm

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