La mujer

Mujeres: pilares fundamentales de la economía nicaragüense

Sonia Agurto V. / Alejandra Guido C.

Investigadoras de FIDEG

Las mujeres nicaragüenses no solamente representan un poco más de la mitad de la población de Nicaragua, más aún, con el aporte de su trabajo, se han erigido como pilares fundamentales de la economía nacional. Sin embargo, este aporte ha estado invisible como resultado de la socialización patriarcal que les asignó roles socialmente construidos y marcadamente diferenciados al de los hombres. De esta manera, y sin ningún soporte material, se creyó en una división sexual del trabajo donde se ubicó a la mujer como responsable del trabajo doméstico y al hombre del trabajo productivo. Si bien es cierto, la mujer nicaragüense es la principal responsable del trabajo doméstico, también es cierto, y la historia económica de Nicaragua lo demuestra, que las mujeres nicaragüenses siempre han estado incorporadas al trabajo productivo.

Las investigaciones de FIDEG, a lo largo de la década recién pasada, muestran la real participación de las mujeres en la economía de Nicaragua. Los principales resultados de estas investigaciones muestran lo siguiente:

  • Las mujeres generaron el 40% del producto interno bruto de Nicaragua en ese período. Es decir, que las mujeres no solamente son mayoría demográfica, no solamente son amas de casa, sino que en el ámbito económico son de suma importancia, ya que con su trabajo productivo aportan casi la mitad de la riqueza que se produce en el país.
  • La participación de la mujer como jefa de hogar se ha incrementado a lo largo de los últimos años. Mientras en 1995/96 el 27.4% de los hogares tenía como jefa a una mujer, en el año 2000 el porcentaje de hogares con jefatura femenina se incrementó al 33.1%. En las ciudades es donde se ubican los mayores porcentajes de hogares con jefatura femenina. De hecho, estos hogares se incrementaron del 32.7% en 1995 al 38.5% en el año 2000. En las zonas rurales los hogares jefeados por mujeres pasaron del 19.6% al 27.7% en el período mencionado.
  • La familia compuesta por el padre, la madre y los hijos (nuclear), es el estereotipo de familia que el sistema patriarcal ha querido imponer en la mente de los nicaragüenses. Los libros de enseñanza, los mensajes religiosos y la fuerte propaganda comercial van encaminados en este sentido. Sin embargo, la realidad muestra que, si bien es cierto, la familia nuclear existe en Nicaragua, no es la predominante. Estudios de FIDEG mostraron en 1995/96 que la familia nuclear representaba el 47.7% del total de familias, mientras las familias extendidas y monoparentales conformaban el 52.3%. En el año 2000 esta estructura familiar se ha modificado sustancialmente. La familia nuclear ha reducido su participación en 13.3 puntos porcentuales en los últimos cinco años, mientras las familias extendidas se han incrementado en 14.9 puntos porcentuales. Para el año 2000 la familia con un mayor peso porcentual fue la nuclear extendida (37.9%), seguida de la nuclear (34.4%), monoparental extendida (21.2%) y monoparental (5.1%).
  • Los cambios bruscos que han experimentados las familias nicaragüenses obedecen esencialmente a problemas económicos. La migración de miles de hombres y mujeres hacia otros países en busca de trabajo para enviar dinero y garantizar la sobrevivencia familiar, ha obligado a que muchos hogares se junten para garantizar el cuido de los hijos y reducir costos. De esta manera, las familias nicaragüenses son familias acordeones, en la medida que se juntan y se separan según dispongan o no, de recursos económicos.
  • La participación de la mujer en la PEA ha crecido notablemente, reflejándose un mayor crecimiento en los últimos 10 años, lo que coincide con la mayor incorporación de la mujer al mercado de trabajo, producto de la crisis económica que atraviesa el país. Mientras en 1950 las mujeres nicaragüenses constituían el 18% de la fuerza de trabajo del país, en 1995 un estudio de FIDEG muestra que este porcentaje se elevó al 42%. La incorporación acelerada de las mujeres al mercado de trabajo da pautas para afirmar que, en un tiempo cercano, las mujeres serán aproximadamente la mitad de la fuerza de trabajo disponible en Nicaragua.
  • Entre 1995 y el año 2000 la PEA ha mostrado un comportamiento incoherente con las características poblacionales de Nicaragua. De hecho, en un país como Nicaragua, donde la población joven tiene un peso significativo, la PEA, tendría que mostrar un comportamiento creciente, ya que año con año, son más las personas que demandan entrar al mercado de trabajo, que aquellas que tienen que salir del mismo. No obstante, en los últimos cinco años este indicador mostró una tendencia oscilante, pero no mayor que el porcentaje reflejado en 1995/96. La reducción y estancamiento de la PEA, en los últimos cinco años, significa que muchos de los recursos humanos en el país se están viendo obligados a abandonar la PEA. Es decir, a abandonar su condición de ocupados o desocupados. Ahora hay que preguntarse por qué muchas personas están abandonando la PEA. Los resultados de las investigaciones que realiza FIDEG evidencian que son muchas las personas que al no encontrar una alternativa de trabajo en lugares cercanos a su residencia habitual, migran a otras zonas, sea dentro o fuera del país. De hecho, la lenta reactivación de la economía, el poco dinamismo del sector privado para absorber a la fuerza laboral que presiona por entrar mercado de trabajo y la saturación del sector informal, continúan siendo los principales factores que inciden en esta situación.
  • La tasa de ocupación se ha reducido significativamente en los últimos 5 años. Mientras en 1995/96 era del orden del 62.9%, en el año 2000 se redujo al 52%. Es decir, que el porcentaje de personas que tenían acceso a un empleo se redujo de manera sustancial. No obstante, esta reducción de oportunidades de trabajo no se ha reflejado en una mayor tasa de desempleo, lo que vuelve a confirmar que la migración es el elemento que está funcionando como el principal mecanismo de ajuste del mercado laboral. A lo largo de los últimos cinco años, hombres y mujeres han sido afectados por una reducción en la tasa de ocupación, sin embargo, son los hombres los que presentan una reducción en lo que se refiere a la contracción en el acceso al empleo.
  • El desempleo abierto no ha cumplido la función de mecanismo de ajuste del mercado laboral, ya que año con año este indicador ha mostrado una disminución continua. De hecho, entre 1995 y el año 2000, el desempleo disminuyó en los hombres del 16.3% al 7.6% y en las mujeres pasó del 9.2% al 6%. En FIDEG, reiteradas veces hemos afirmado que el problema del empleo en Nicaragua no es el desempleo abierto, entendido como la falta absoluta a un empleo asalariado o por cuenta propia, sino la calidad del empleo al que tiene acceso la mayoría de la PEA. De hecho, los datos muestran que del total de personas que tienen un empleo, el 43.1% trabajan en condiciones de subempleo, que significa trabajar duro y ganar poco, es decir, ganar solamente para cubrir aquellas necesidades más básicas. Esta situación afecta en mayores porcentajes a las mujeres, quienes en un 51.2% se ubican en el subempleo y los hombres en un 37.2%.
  • Los estudios de FIDEG, reflejan que durante 1999 el 23.5% de la PEA experimentó movimientos migratorios hacia dentro y hacia fuera de Nicaragua, elevándose este porcentaje al 36.7% de la PEA en el año 2000. Tanto en 1999 como en el año 2000, las mujeres experimentaron mayores niveles de migración que los hombres. Del total de personas que migraron en 1999, el 17.9% lo hicieron hacia el exterior, especialmente a Costa Rica, porcentaje que se elevó al 18.9% en el año 2000. Aún cuando la migración que va más allá de las fronteras involucra a hombres y mujeres, son los hombres los que muestran los mayores porcentajes de migración. En la Nicaragua de hoy, el principal rubro de exportación se llama MIGRACION DE MANO DE OBRA, y son muchas las familias que se han desprendido al menos de uno de sus miembros, para que el resto pueda sobrellevar la aguda situación económica que padecen. Si bien es cierto, las remesas en dinero o en especie, que envían las personas que migran, alivian un poco la situación económica de sus hogares, también es cierto que la migración provoca desintegración familiar y problemas sociales de mayor cuantía, especialmente en aquellos hogares donde la madre es la que se ve obligada a migrar y los hijos quedan a cargo, en el mejor de los casos, de parientes —por falta de padre— y, en el peor de los casos, a cargo de vecinos y amigos.
  • El sector informal continua siendo la única alternativa para hombres y mujeres que no logran insertarse en sectores más modernos y dinámicos de la economía. En el año 2000, del total de personas que desarrollaban una actividad económica, el 71.3 lo hacía en el sector informal. La participación de hombres y mujeres muestra diferencias en este sector. Los hombres tienen una participación de 68.4% por cada 100 que trabaja y las mujeres de 75.5%. Se está haciendo mención de un sector determinante para la sobrevivencia de las familias nicaragüenses, y en especial de las mujeres, en la medida que este sector está proporcionando la mayoría de los empleos a la población trabajadora. Es decir, es en el sector informal donde la mayoría de la PEA ocupada de hombres y, en especial, de mujeres, encuentran una alternativa para generar ingresos y garantizar las necesidades esenciales de sus miembros.
  • La pobreza afecta a una buena parte de la población nicaragüense y su lectura está determinada por el método con que se mida. El método combinado, como su nombre lo indica, muestra los hogares que padecen pobreza por necesidades básicas insatisfechas y por falta de ingresos. Es decir, que este tipo de pobreza es la más dramática. Los hogares pobres pasaron del 82.5% en 1995/96 al 87.4%. La pobreza que más afectó a los hogares es la reciente y la crónica. La pobreza reciente refleja la situación de los llamados nuevos pobres, aquellos que tienen satisfechas sus necesidades básicas como vivienda, servicios básicos, educación, pero sus ingresos se han reducido notablemente y han caído bajo la línea de pobreza. Se podría afirmar que la pobreza más drástica es la crónica, ya que las personas se ven afectadas no solamente en sus ingresos, sino en la calidad de sus viviendas y de su acceso a servicios básicos y educación. Los datos reflejan que este tipo de pobreza se ha incrementado en los últimos cinco años. Mientras en 1995/96 el 53.6% de los hogares nicaragüenses enfrentaban la pobreza crónica, en el año 2000 este porcentaje se había incrementado a 60.1%.
  • Si bien es cierto, los datos de FIDEG han mostrado que la pobreza no tiene rostro de Mujer, sino que Nicaragua tiene rostro de pobreza, y que la pobreza de las mujeres radica en la exclusión a la que han sido sometidas en la distribución de los beneficios del desarrollo como es la tierra, el crédito, la asistencia técnica y la capacitación, los datos de este estudio muestran una situación de deterioro en las condiciones de vida de las mujeres jefas de hogar.
  • Hombres y mujeres generan ingresos para la manutención de sus familias. Las investigaciones de FIDEG muestran que del total de los ingresos generados por las personas que tienen un empleo, el 68.7% lo aportan los hombres y el 31.3% las mujeres. Una explicación a estas diferencias en la generación de los ingresos puede encontrarse en los bajos ingresos que perciben las mujeres. Las investigaciones muestran que por lo general el ingreso de las mujeres está en un 33% por debajo del ingreso de los hombres, todo ello como consecuencia de la forma desigual en que hombres y mujeres se incorporan al mercado de trabajo.
  • Las investigaciones también muestran que la lógica en la distribución de la forma de gastar el dinero de hombres y mujeres tiene sus variantes. En efecto, mientras los hombres destinan a la compra de alimentos el 39.3% de sus ingresos, las mujeres lo hacen en un 49%. La misma tendencia sucede con los gastos en salud y educación, donde las mujeres destinan más ingresos para cubrir estas necesidades. La diferencia más fuerte, en la lógica de gastar el dinero, se encuentra en el ahorro y la inversión. Los hombres destinan el 22.4% de sus ingresos para ahorro e inversión, mientras las mujeres lo hacen en un 5.8%. Si se escudriña la realidad, se puede encontrar diversas explicaciones a esta situación:

a) Las mujeres le dan mucha importancia a la alimentación, salud y educación de su familia y no les queda dinero para ahorrar. Como muchas mujeres afirman, cuando reciben su dinero ya lo deben en la pulpería o en la farmacia.

b) Las mujeres ganan mucho menos que los hombres y todo lo que perciben lo tienen que gastar

c) Las mujeres solas, jefas de hogar, no tiene nadie que les apoye en la manutención de sus familias, por lo tanto, les es imposible ahorrar.

d) Debido a la fuerte irresponsabilidad de muchos hombres, ellos entregan a las mujeres solamente una parte del dinero que ganan y se puede dar el lujo de ahorrar, invertirlo o despilfarrarlo. La mujer tiene que aportar todo su dinero para cubrir todas las necesidades del hogar. Es decir, que el hombro que las mujeres ponen les permite a los hombres ahorrar.

Estudios internacionales han demostrado que cuando se le da empleo a una mujer, se le está dando empleo a una familia, se está garantizando la sobrevivencia de un colectivo, lo cual ha sido corroborado por las investigaciones de FIDEG.

Reflexiones sobre el papel de la mujer en Nicaragua.

Reflexiones sobre el papel de la mujer en Nicaragua.

Eduardo López H.

Las mujeres nicaragüenses han vivido en términos históricos una situación muy difícil, su condición de mujer o sexo débil como se les ha llamado, las ha relegado a personas de segunda categoría, habiendo nacido según la tradición machista para procrear hijos y para ejercer labores domesticas en el hogar. En pleno siglo XXI, todavía en Nicaragua son muy visibles las expresiones culturales machistas que hacen de la mujer un objeto, salvo excepciones de organismos e instituciones que luchan por hacer valer el papel de la mujer en nuestra sociedad.

A pesar del peso de la tradición que ha condenado a las mujeres nicaragüenses a un rol de segunda clase, no podemos obviar su lucha  por hacer valer sus derechos, ha estado presente a largo de la historia y sobre todo en el siglo XX donde las mujeres dieron muestras contundentes de su deseo de emanciparse no solo de la tradición machista que quedo establecida desde la colonia, cuando las mujeres fueron obligadas a servir sexualmente a los conquistadores,  sino que también por sus derechos ciudadanos y políticos que son al fin derechos humanos  muy bien merecidos para un sector de la sociedad que representa más del 50% de la población y que hace un aporte invaluable al desarrollo social, económico y productivo a nuestro país.

En su larga lucha por emanciparse, es importante señalar que desde  1920 las mujeres nicaragüenses comenzaron a tomar conciencia nacional antiimperialista al involucrarse en la lucha del general de hombres libres Augusto Cesar Sandino, incluso un grupo de mujeres, por qué no decirlo, de prostitutas, rescataron los fusiles del traidor José María Moncada para entregárselos a Sandino.

Es imposible entender la historia de Nicaragua sin la participación de la mujer, sobre todo en la lucha contra la dictadura somocista y auque gran parte de los cargos de liderazgo estuvieron en manos de los hombres, la participación de las mujeres  en la lucha fue parte de una tradición en el movimiento sandinista. Su numerosa participación puede entenderse claramente cuando se considera las condiciones de vida que sufrieron las mayorías en Nicaragua. Hubo una terrible disparidad entre la extrema pobreza de la gran mayoría y la riqueza de una minoría marginal. La situación económica tuvo un efecto particular en las mujeres de Nicaragua. Las mujeres eran una gran parte de la fuerza laboral  y muchas veces eran el sostén de la familia cuando el marido las abandonaba. La escritora Margaret Randall afirma que “ La numerosa participación de la mujer en el proceso revolucionario fue en parte el resultado de su integración en la economía nacional.” Con el triunfo de la revolución sandinista fue posible empezar a dar pasos firmes en la abolición de  la discriminación de la mujer desde el punto de vista político, social, económico y cultural.

En términos organizativos, la expresión más visible en Nicaragua fue la fundación de AMPRONAC ( asociación de mujeres ante la problemática nacional) en el año 1977, un invaluable primer esfuerzo por organizar, dirigir e intentar romper las barreras que impedían la integración total  e igual de la mujer  en nuestra sociedad.

El aporte de la mujer por la liberación de Nicaragua no solo se centró en su lucha por hacer valer sus intereses, sino que además aporto sus hijos quienes entregaron sus vidas por el país, tanto en el periodo de la dictadura como en la defensa de la revolución, este

ha sido un aporte sin precedentes en la liberación de un pueblo, de ahí, la enorme autoridad moral de las mujeres por reclamar su espacio de primer orden en la sociedad,

Magda Enriquez, dirigente del movimiento de mujeres Luisa Amanda Espinoza durante el periodo revolucionario de los años ochenta señala lo siguiente en relación al papel de la mujer en el derrocamiento de la dictadura: “ A lo largo de toda esta experiencia, no solo aprendimos de lo que éramos capaces de hacer, sino además la imagen de las mujeres comenzó a cambiar en la sociedad nicaragüense. Nuestro pueblo comenzó a darse cuenta de que éramos capaces nosotras, como mujeres. De hecho, nunca dijimos que éramos iguales, simplemente lo demostramos en el campo de batalla, en las barricadas, en las montañas y en las ciudades.”

Para las mujeres nicaragüenses afortunadamente los espacios ganados en el ámbito jurídico encuentran bases sólidas para legitimar la igualdad de derechos y deberes de hombres y mujeres en Nicaragua; sin embargo, todavía es necesario desarrollar conciencia alrededor de las costumbres y la cultura, como también las reflexiones y acciones que debe llevar a cabo la sociedad política por reconocer el papel de la mujer y su aporte en la lucha por una sociedad mejor, la que encuentra obstáculos actualmente en las consecuencias de la aplicación en estos últimos quince años de las políticas neoliberales que has sido altamente negativas desde el punto de vista socio-económico para nuestro país, reflejándose en los crecientes  niveles de pobreza de nuestra sociedad, que hoy abarca al  75 % de la población y donde las mujeres del campo y la ciudad son parte de esta dramática situación, sin embargo, el reto esta planteado y en estas nuevas circunstancias históricas, los y las nicaragüenses debemos enfrentar el futuro y enrumbarnos por la senda del desarrollo que tanto lo necesitamos las presentes y futuras generaciones.

 

Mujer nicaragüense aportando

Claudia Espinal Baquedano

No hay duda alguna que la mujer es el pilar fundamental de la mayoría de los hogares nicaragüenses. Su labor, incidencia y participación, ha sido relevante, ya que no solamente representan un poco más de la mitad de la población de Nicaragua, sino que con su aporte se han establecido como pilares fundamentales de la economía nacional, donde se han ubicado como responsables del trabajo doméstico y al hombre del trabajo productivo, pero han estado a la par de éstos, ya que siempre se han incorporado a las actividades productivas.El trabajo que realizan las mujeres en el hogar presenta algunas dificultades, pero su exclusión obedece meramente a planteamientos ideológicos (patriarcales) que históricamente han desvalorizado el trabajo realizado por las mismas.

En los hogares nicaragüenses se ha aumentado los índices de jefaturas femeninas de familia y de hogar, lo que implica mayores niveles de responsabilidad económica. Es por ello que su participación ha crecido notablemente, lo que implica mayores coeficientes de actividad en la economía, y por ende se constituyen como las principales proveedoras de los
hogares.

Con el objetivo de aportar a su familia y a la sociedad, la mayoría de las mujeres se han organizado a trabajar en pequeñas, medianas y grandes empresas, donde se le ha apoyado económicamente.

Las mujeres a lo largo de la década muestran su real participación en el desarrollo de la economía de Nicaragua, ya que generan el 40% del Producto Interno Bruto (BIP). Es decir, que éstas no solamente son mayoría demográfica, no solamente son amas de casa, sino que en el ámbito económico son de suma importancia, porque con su trabajo aportan casi la mitad de la riqueza que se produce en el país. Es por ello que cada día están ocupando un papel más importante y preponderante en la sociedad.

La incorporación acelerada de las mujeres al mercado de trabajo da pautas para afirmar que, en un tiempo cercano, las mujeres serán aproximadamente la mitad de la fuerza de trabajo disponible en Nicaragua, ya que en este momento los hombres tienen una participación de 68.4% por cada 100 que trabaja, y las mujeres de 75.5%.

Los datos muestran que las mujeres, al igual que los hombres, producen riqueza y demandan recursos. Sin embargo, a pesar de la fuerte inserción de éstas al mercado laboral, continúan siendo fuertes las asimetrías en lo relacionado a la entrega de recursos como tierra, crédito, capacitación y asistencia técnica, lo que indica una situación de deterioro en las condiciones de vida de las mujeres jefas de hogar, pero no sólo en su vida, sino que también en la de sus hijos, su familia y de la sociedad misma, porque es un sector que se está haciendo notar y están reclamando sus derechos.

Es por ello que si se le da empleo a una mujer, se le está proporcionando empleo a una familia y se está garantizando la sobrevivencia de un colectivo. Esto es debido a que la mujer mantiene la economía del hogar, y por lo tanto, aporta al desarrollo de la economía de un país.

Es debido a esto que hay que luchar para dotar a las mujeres de un instrumento jurídico que garantice y promueva sus derechos, y comprometer al Estado y a la sociedad a establecer medidas encaminadas a la promoción de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, a través del diseño y ejecución de políticas públicas, que contribuyan a superar las desigualdades que, por razones de género, persisten en lo económico, político, social, laboral y cultural, lo cual va en detrimento de las mujeres.

El número de mujeres jefas de hogares cada día está en constante aumento, lo que significa que éstas deben convertirse en el principal o el único sostén económico de sus hijos, lo que implica que estas cambiantes circunstancias económicas y sociales han tenido consecuencias significativas en cuanto al espectro y a la naturaleza de la participación de las mujeres en las economías de una región.

Es por ello que estos mensajes deben reforzar las acciones que se están desarrollando en el país y a nivel regional, con respecto a la promoción de los derechos económicos de las mujeres, incluyendo la promoción de acciones de incidencia de las mujeres en la parte económica, ya que es justo, necesario y urgente que esta labor sea valorada y apoyada por el Estado, para que las mujeres nicaragüenses luchen por salir adelante con sus familias y ser personas emprendedoras, con lo cual estarán aportando al desarrollo de la economía de un país, con lo cual éste se estará ubicando en mejores posiciones a nivel internacional.

Debemos trabajar en conjunto y respaldar a las mujeres en su calidad de vida independiente, ya que los hogares están siendo dirigidos por ellas, lo que significa que cada vez asumen responsabilidades particularmente importantes en las labores. Es por ello que se les debe facilitar el acceso a recursos productivos que hasta el momento les han sido negados, lo cual permitirá respaldar la participación de las mujeres en el mercado laboral.

Además de valorar la importancia de las actividades que ellas realizan a diario en sus hogares, las cuales no han sido apreciadas, ya que éstas deben desarrollarse en igualdad de condiciones con los hombres. Sin embargo, mucho queda por hacer para brindar un respaldo sistemático a las mujeres y a su dinámica intervención en la economía del país.

*La autora es periodista y catedrática universitaria.

El trabajo de la mujer en Nicaragua es subvalorado

¿Es realmente Nicaragua líder en América Latina en cuanto a equidad de género? Las cifras oficiales reflejan que no, al menos no lo es en relación con la remuneración del trabajo. La Encuesta Continua de Hogares al IV trimestre del 2012, que publica el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), revela que el mercado laboral nicaragüense castiga y subvalora el trabajo de la mujer, con brecha en el ingreso laboral que puede alcanzar hasta el 66 por ciento en relación con el de los hombres.

Una distorsión salarial que afecta a la mujer en cualquiera de los eslabones de la economía, tanto en el sector privado como público. La encuesta oficial devela, por ejemplo, que las mujeres que ocupan puestos de dirección en el Estado devengan 54.4 por ciento menos que los hombres que ejercen cargos similares.

En el caso de los profesionales, científicos, intelectuales, la brecha de ingresos es de 31.4 por ciento, según las cifras del Inide, facilitadas por el economista Adolfo Acevedo. “En términos más generales, se trata de una sociedad que subvalora a las mujeres y su aporte en los diversos ámbitos de la vida social”, afirma.

La situación financiera para la mujer empeora según su nivel de instrucción. La encuesta señala, por ejemplo, que el ingreso de una mujer sin formación académica es 54.31 menor que el de un hombre con igual nivel de instrucción. Y si ambos tienen formación universitaria, el hombre nicaragüense gana 27.65 por ciento más que la mujer.

Las cifras son inquietantes, admite el economista Sergio Santamaría, quien señala que aunque en los últimos años se han hecho esfuerzos aprobando leyes para promover la equidad de género, lo cierto es que todo se ha quedado en papel, porque la realidad indica que la bonanza económica de años pasados no ha beneficiado a las mujeres, entre otras razones, porque la mayoría está incorporándose a un mercado laboral altamente informal, con respecto al hombre, que se coloca con mayor facilidad en puestos de trabajo formal.

Por actividad económica, las mayores disparidades en ingresos laborales se agravan en el campo, donde una campesina devengaba en promedio, al IV trimestre de 2012, un poco más de 1,000 córdobas mensuales y un campesino más de 4,000 córdobas. También la industria de manufactura, el comercio, hoteles y restaurantes y servicios comunitarios tienen graves problemas de distorsión salarial en detrimento de la mujer.

AFECTA POBREZA

El economista Acevedo dice que esta desigualdad en los ingresos entre hombres y mujeres, ocasiona que siendo la mujer en su mayoría cabeza de hogar, la familia esté condenada a vivir en pobreza. “Es decir que la discriminación de las mujeres en términos de ingreso hace que el nivel de pobreza sea mayor, y el nivel de bienestar menor”, puntualiza.

Y añade: “Si las mujeres disfrutaran de equidad en términos de ingresos laborales, el nivel de ingreso y bienestar de los hogares sería mucho mayor”.

Para Santamaría hace falta en Nicaragua fomentar tanto a nivel público como privado una política salarial con mayor enfoque de género, donde se reconozca el verdadero aporte de la mujer, que empezó a incorporarse al mercado laboral en los cincuenta, precisa.

Pese a esta dura realidad financiera de la mujer en Nicaragua, el Informe Global de la Brecha de Género del Foro Económico Mundial, presentado la semana pasada en Ginebra, Suiza, ubica al país en el sexto puesto de países donde la mujer alcanza mayores niveles de equidad.