Literatura Náhuatl

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La literatura Náuatl fue escrita por los pueblos que se encontraban en el Valle de México y en algunas regiones que se encontraban en donde actualmente está Puebla y Tlaxcala. Esta literatura abarca un conjunto de obras diversas que abarca un periodo aproximado a los doscientos años (comenzó a finales del S.XIV y culmino en la conquista).

Varios de los textos de la época que aún se conservan vienen de dos fuentes principales: de los códices que son copias de los documentos. Estos fueron realizadas por indígenas que se convirtieron al cristianismo. Sólo han sobrevivido nueve códices prehispánicos y alrededor de treinta posteriores a la conquista.

Otra fuente es la tradición oral, esta fue recogida por frailes e historiadores y publicada en la lengua Náhuatl o traducida al español en diferentes épocas.

La literatura Náhuatl se compone de: poesía y prosa. La primera puede clasificarse como lírica y épica, mientras que la segunda es histórica y didáctica. Los temas abordados por la poesía lírica son: religiosos, heroicos, bélicos y filosóficos; mientras que la épica tiende hacia asuntos mitológicos, legendarios e históricos.

Ejemplo de la poesía Náhuatl se encuentra en “Cantares mexicanos” que es un conjunto de poemas que se reunieron en el S.XVI por fray Bernardino de Sahagún, a través del material proporcionado por sus informantes indígenas.

Por su parte, la prosa Náhuatl aparece agrupada en ciclos que narran el origen mítico de los antiguos mexicanos, en donde hablan sobre divinidades y su visión del mundo.Dichos ciclos son: “Las peregrinaciones”, el de Quetzalcóatl, el de Tula, el de Tenochtitlan y la leyenda de los soles. Esta última es, de acuerdo con los especialistas, la concepción cosmogónica más importante de la lengua Náhuatl. Narra la creación del universo visible, el cual sería resultado de una serie de luchas, entre fuerzas divinas y elementos de la naturaleza. Segun el texto, a la edad de los hombres, originada por la confluencia de las fuerzas sobrenaturales en la superficie de la tierra, la precedieron otras cuatro, cuyos respectivos soles perecieron junto con todo lo viviente.

Fuente: Enciclopedia Océano de México. Océano Grupo Editorial.

Nezahualcóyotl, rey y poeta

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La mayoría de los textos en lengua Náhuatl que se conocen son anónimos; sin embargo, se sabe el nombre de algunos poetas líricos. En el siglo XX, el estudioso Angel María Garibay pudo identificar a tres poetas indígenas. De ellos, Miguel de León Portilla, estudió con profundidad a trece, quienes vivieron en la época de mayor poderio del imperio azteca.

Cinco fueron oriundos de Texcoco, cuatro eran representantes de México-Tenochtitlan, tres procedían de la región poblana tlaxcalteca y el decimotercero era nativo del viejo señorío de Chalco.

De todos ellos, el más celebre es, sin duda, Nezahualcóyotl, noveno rey de Axolhuacán y de Texcoco. Su poesía posee no solo gran belleza, sino una profundidad filosófica que lo convirtió en auténtico tlamatini o sabio. En sus composiciones discurre sobre algunos de los enigmas fundamentales del hombre: la brevedad de la vida, el paso del tiempo, la divinidad, la muerte y la posibilidad de trascendencia más allá de esta.

Los otros poetas estudiados por León Portilla son: Tlaltecatzin, Cuacuauhtzin, Nezahualpilli, Cacamatzin, Tochihuitzin, Azayácatl, Temilotzin, Ayocuan y Chichicuepon. También hay una mujer: la poetisa Macuilxochitzin, oriunda de México-Tenochtitlan e hija de Tlacaélel, célebre consejero de los reyes aztecas.

EJEMPLO: “Estoy embriagado, lloro, me aflijo”

Estoy embriagado, lloro, me aflijo,

pienso, digo,

en mi interior lo encuentro:

si yo nunca muriera,

si nunca desapareciera.

Allá donde no hay muerte,

allá donde ella es conquistada,

que allá vaya yo.

Si yo nunca muriera,

si yo nunca desapareciera.

Autor: Nezahualcóyotl (cantares mexicanos, traducción de Miguel León Portilla).

Este autor combino la belleza con una auténtica filosofía de la vida en todas sus composiciones.

Fuente: Enciclopedia Océano de México.

El Popol Vuh

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En su versión original, el Popol Vuh, llamado también Libro del consejo o Libro de las tradiciones, se encontraba redactado en lengua quiché, aunque con caracteres latinos. Se refiere de manera específica a los mayas de Guatemala, es una transcripción manuscrita anónima realizada entre 1554 y 1558 y contiene, entre otras cosas, ideas cosmogónicas, antiguas tradiciones y una relación de migraciones.

En el siglo XVIII, el manuscrito fue descubierto por fray Francisco de Ximénes, quien lo tradujo al español. En esta obra se encuentran ideas sobre la creación del mundo, la formación de los primeros hombres y el reporte de un gran diluvio universal. La obra tiene un carácter narrativo y muestra similitudes notables con algunas tradiciones europeas.

Los chilam balam

Los Chilam Balam o libros del adivino reúnen textos religiosos, crónicas de carácter histórico y predicciones o profesías atribuidad a un sacerdote llamado Balam. Fueron transcritos en lengua maya entre los siglos XVI y XVII por indígenas que aprendieron a leer y se preocuparon por fijar las creencias y tradiciones de sus ancestros. Parte de éstos parecen ser transcripciones de jeroglíficos; otros, en cambio, están tomados de la tradición oral. Se conservan copias de ocho de estos libros, los cuales se distinguen de acuerdo con el lugar de su procedencia. El más conocido es el Chilam Balam de Chumayel, compilado y redactado en maya por un indio de nombre Juan José Hoil. La primera traducción completa al español se realizó en 1930. Gracias a ella se han podido apreciar su gran dramatismo y calidad poética. El Chumayel es de carácter profético y mitológico y alterna textos religiosos, astronómicos y médicos.

Fuente de información:


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La literatura indígena precolombina: el Popol Vuh, el Rabianal Achí y la poesía náhuatl y quechua

Por Doris Melo Mendoza.

El corpus multilingüístico que llamamos hoy literatura indígena precolombina nació de ese plantearse las cuestiones religiosas y filosóficas más profundas del ser creado frente a sus creadores. También podría estar animado por una intención moralizante o pedagógica para guiar la conducta de la masa.

La literatura española no es la primera manifestación literaria que se produce en América, no viene a llenar un vacío, sino a sustituir (o someter) otros sistemas de símbolos e imágenes culturales considerablemente evolucionados; tal sustitución es el fenómeno clave de la dependencia cultural que impone el sistema colonial.

Esos sistemas indígenas tuvieron como centros la civilización azteca, maya y quechua. En estas tres culturas la literatura tenía un fuerte aliento colectivo y cumplía su función dentro de un contexto más vasto, en que lo esencial era conservar la memoria de ciertos hechos, personajes o imágenes.

El mundo precolombino mantuvo sus expresiones literarias estrechamente ligadas a las necesidades de la comunidad, definidas e interpretadas por las castas o clases que ejercían el poder político; las actividades creadoras eran también una manifestación de los intereses del estado. Es por esta razón por la cual las literaturas precolombinas son anónimas. De la azteca, apenas se ha salvado el nombre de Nezahualcóyolt, el rey poeta de Texcoco.

Las literaturas precolombinas fueron ágrafas. Los aztecas sólo alcanzaron sistemas pictográficos o jeroglíficos de representación. Hubo formas de anotación o registro simbólico pero ninguno constituye un sistema de escritura propiamente dicho. Son formas básicas de grafía o escritura preliteral, a las que Derridá se refiere cuando afirma que los pueblos que no saben escribir nunca carecen de cierto tipo de escritura.

Por otro lado, la literatura maya más representativa es la historia o crónica cosmogónica. El principal interés de este pueblo parece haber sido el de explicar sus orígenes mediante fábulas, mitos y símbolos, y de dejar el registro de su historia como una civilización fundadora de un estricto orden social, político y religioso.

El Popol Vuh es el libro capital maya en lengua quiché y uno de los grandes libros de la humanidad, cuyo valor antropológico, histórico, filosófico y literario es comparable al de otros grandes libros sobre la génesis de los pueblos antiguos. El Popol Vuh o Libro del Consejo contiene las más antiguas cosmogonías, mitos e historias que constituyen el fundamento del pueblo quiché, pero fue escrito después de la conquista, como puede corroborarse por la s numerosas interpolaciones cristianas que presenta. La obra se conoció sólo a comienzos del siglo XVIII, gracias al casual hallazgo de un manuscrito en Chichicastenango (posiblemente escrito entre 1554 y 1558) que hizo el padre Francisco Ximénez, quien transcribió y luego tradujo al castellano el texto. El manuscrito original desapareció.

Aunque algunos lo atribuyen a un indio quiché llamado Diego Reynoso, parece más razonable considerarlo sólo un copista entre muchos otros pertenecientes a la alta clase sacerdotal maya, sabios que heredaron los secretos de su antiguo cultura.

El material reunido en el libro es heterogéneo y una estructura con secuencias cuya lógica interna no siempre es fácil de reconocer. El investigador norteamericano Munro S. Edmonton lo ha distribuido en 97 capítulos que giran alrededor de las cuatro distintas creaciones del mundo en una sucesión cíclica de destrucciones y renacimientos.

El Popol Vuh ofrece un testimonio de las creencias y leyendas sobre el origen quiché y del temprano proceso de mestizaje que esa cultura sufrió en la evangelización española. Al traducirlo y comentarlo, el padre Ximénez no desaprovechó ninguna oportunidad para acercar la teología quiché a la religión cristiana. Lo que tiene claramente origen indígena es la concepción dual del mundo divino los dioses creadores son generalmente parejas que corresponden a dualismos observados en el mundo natural (sol y luna, luz y tiniebla, hombre y mujer). Pese a que el valor del libro es sobretodo antropológico, la belleza lírica y la grandeza de visión que encontramos en varios pasajes le otorgan un alto valor literario.

El Popol Vuh ha ejercido un poderoso influjo en la imaginación y el pensamiento mítico hispanoamericano de este siglo, y ha dejado visibles huellas en la obra de escritores como Miguel Ángel Asturias, traducido a muchas lenguas, ha estimulado a muchos creadores en los más diversos campos, como lo prueba Ecuatorial (1961) la composición para voz y orquesta del músico francés Edgar Varese, que utiliza textos del libro.

El Rabinal Achí es un drama en cuatro actos con acompañamiento de música. Su trama es sencilla: dos guerreros mayas combaten. Uno vence y el derrotado es condenado a muerte. El canto final es conmovedor, constituye una desgarradora elegía, mediante la cual se lamenta de la pérdida de la vida y de un mundo bello y mágico.

Esta es posiblemente la obra dramática más conocida de los tiempos prehispánicos, y una importante prueba a favor de la existencia de expresiones teatrales evolucionadas entre los mayas; en este caso o sólo tenemos un texto integral, con mínima contaminación hispánica, sino también vivo en la tradición comunitaria indígena. Aunque se representó durante el período colonial, en algunos momentos fue suprimido por las autoridades y pasó a ser clandestina, tanto por su carácter pagano como por su mensaje de rebeldía popular contra un invasor. Está escrito en lengua maya-quiché y su título significa El varón o señor Rabinal; también es conocida bajo el nombre de baile del Tun, que alude al sonido del tambor usado en ceremonias sagradas.

La poesía náhuatl es un conjunto de poemas cosmogónicos rituales y de celebración al sol y a los dioses, en especial al dios del maíz. Ella expresa el sentimiento de la brevedad de la vida y de la certidumbre de haber nacido para servir y honrar a los dioses. Esta lírica está impregnada de melancolía y, en este sentido, puede decirse que es esencialmente elegíaca. El tema de la muerte es obsesivo.

El poeta más famoso es Nezahualcoyólt. Lo queda de su obra poética son solo 36 poemas que, conservados en códices como Cantares mexicanos. El gran tema de Nezahualcoyólt es la muerte, mejor dicho la mortalidad y el drama de la fugacidad de la vida.

La poesía quechúa se distinguió por su carácter religioso. Fue rica en géneros, siendo lo más famoso los jaille (himnos de argumento religioso, guerrero y agrícola), los wanka (elegías) y los arawi (madrigales melancólicos para ser entonados con acompañamiento de música). El poeta romántico peruano Mariano Melgar adoptó este género a la expresión española, al escribir sus celebérrimos yarawíes en el siglo XIX.

Bibliografía.

Alcides Paredes, Jorge. “El Popol Vuh y la trilogía

bananera: estructura y recursos narrativos”. Newark :

University of Delaware Press. 2002

Breton, A. “Rabianal Achi : un drama dinástico mayo del

siglo XV” . Guatemala: Centro Francés de Estudios. 1999

Guatemala Editorial Universitaria. Popol vuh . El libro

sagrado , y los mitos de la antigüedad. Guatemala: 1972

Molinera, Rita. “Visión de mundo y literatura”. San Juan.

P.R: Editorial Plaza Mayor, 2006

Rabinal Achi, (traducido por La Cardosa G. Raynaud. “El

varón de Rabinal “. Guatemala Sociedad geográfica de

Guatemala. 1929.


Poesía náhuatl

A lo largo del territorio dominado por la Triple Alianza (México, Texcoco y Tlacopan), poesía, canto y danza eran ciencias oficiales, regidas por una institución rigurosamente organizada, el cuicacalli (casa de canto). Allí se enseñaban las artes. Era obligotorio, no asistir consistía un crimen y era penalizado. Además de eso, estaba la obligación moral: “… En algunas partes había dios de los bailes, a quien temían ofender si hacían falla”. Desde los doce años, niños y niñas recibían la enseñanza en los cuicacalli.

La poesía se organizaba en el cuicacalli, su lenguaje simbólico era codificado por los tlatoltinime, los maestros de la palabra. Los sacerdotes estaban encargados de vigilar e incluso censurar la producción poética (para los géneros de importancia en los rituales; para los otros no debió ser tan estricto). Sin embargo, parece que existían “hermandades de poetas y de sabios”, que reunían a sus miembros para el intercambio de ideas, de fórmulas, de recetas, para perfeccionar progresivamente el lenguaje de los símbolos… pero sin llegar a constituir jamás una “escuela literaria” propiamente dicha.

Hay cantidad de datos interesantes… Pero para efectos de este post, pasaré directamente a los distintos géneros de poesía náhuatl. (Ignoren los colores y demás, problemas de blogger.)


Teocuícatl

“Canto divino”, o canto religioso. Abunda en alusiones esotéricas y metáforas de significado cultural. En el tiempo de los aztecas, eran comprendidos plenamente sólo por los sacerdotes, sus guardianas y exégetas.

Himno a Xochipilli (Joven dios de la fecundidad, de la alegría y del amor.)

Encima del campo de juego de pelota

hermosamente canta el precioso faisán:

está respondiendo al Dios Mazorca.

Ya cantan nuestros amigos,

ya canta el precioso faisán:

en la noche lució el Dios Mazorca.

Solamente oirá mi canto

ahora la que tiene cascabeles, la que tiene

rostro con mascara.

Solamente oirá mi canto,

Cipactonalli.

Yo doy orden en Tlalocan,

el Provedor orden doy.

En Tlalocan, el Provedor,

Orden doy.

Oh, he llegado acá

donde el camino se reparte,

¡sólo soy el dios Mazorca!

¿A dónde iré?

¿A dónde seguiré camino?
El proveedor del Tlalocan:
llueven los dioses.

Melahuacuícatl

“Canto franco” o incluso “canto llano”. Era el más estimado de los géneros de poesía histórica, con importante contenido religioso. Aparece como una saga o una oda nacional utilizada para temas que interesan a la vida de un pueblo en búsqueda de una primera forma de conciencia histórica.

La creación del mundo y el sacrificio de los dioses en Teotihuacan (fragmento)

Cuatro años había ardido el horno sacro allá en Teotihuacan. Y el dios de la vida, y el dios del tiempo, llaman al lleno de llagas y le dicen: -¡Tú tienes que sostener ahora al cielo y a la tierra! Y el dios se puso triste y dijo así: -¿Qué están diciendo? ¡Hay dioses allí! Yo soy infeliz enfermo. Llaman al dios que celebra su fiesta en 4-Pedernal. La luna es. Habla el dios de las lluvias , y habla el dios de los cuatro rumbos del mundo. Ellos lo mandaron. El dios llagado ya se pone a hacer penitencia: toma sus espinas de agave; toma su rama de abeto, se punza las piernas en sacrifico ritual y la luna hace su penitencia […].

Yaocuícatl y Cuauhcuícatl

Yaocuícatl, “canto de guerra, y el Cuauhcuícatl, “canto de águila”, representan las formas más significativas de la poesía épica o heroica de un pueblo que tenia en la guerra un aspecto importante de sus preocupaciones.

Melancolía del guerrero (primera parte)

¿Qué remedio? ¡Hazlo!

¿Qué remedio? ¡Anhélalo!

Son las flores del dios que da la vida…

¡Oh, tú por quien todo vive:

es por tu ayuda por la cual vinimos a vivir

en esta tierra, nosotros tus siervos!

¡Cuán grande es la riqueza de tus flores

del águila que allá se hallan tendidas…!

¡Ah, mi corazón teme…!

¿Cómo podré lograrlas?

Así en breve tiempo

en el campo del combate

en medio de la batalla,

donde el polvo del escudo se alza,

donde crujen los escudos y llueven los dardos

y caen vibrando sobre el cuerpo…

¡Ah, mi corazón teme…!

¿cómo podré lograrlas?

Cuecuechcuícatl

“Canto desvergonzado, impúdico” o “canto cosquilloso” es el género reservado a lo que conocemos como poesía erótica o burlesca. Por tal razón, son pocos los testimonios que sobrevivieron a las manos de los religiosos españoles.

El canto de las mujeres de Chalco (fragmento)

Una mujer: Póngase ya listas, hermanitas mías:

vamos, vamos a buscar flores,

vamos, vamos a cortar flores.

Aquí perdura, aquí perdura

la flor de la hoguera, la flor del escudo,

la que da horror a la gente, la que adiestra,

la flor de la guerra.

Otra mujer: Bellas son las flores:

con las de mi guirnalda adórnate,

flores mías son, soy mujer de Chalco.

Anhelo las flores, anhelo los cantos,

allí donde hilamos, allí donde residimos,

y ahora elevo un canto al rey Axayacatito:

lo tejo con flores, con flores lo rodeo.

Como bella pintura es bello su canto,

es como flor flagrante, olorosa que embriaga en la tierra.

¿Qué hay pues? en eso mismo estimo tu palabra,

oh criaturita mía, Axayacatito:

lo tejo con flores, con flores lo rodeo[…].
Xochicuícatl

“Canto de flores” o “canto de alegría”, es el género que representa, por excelencia la poesía lírica náhuatl. Se componía y se cantaba en las asambleas de los poetas, que permitía expresar sus sentimientos personales comulgando, al mismo tiempo, con las divinidades.

Poesía, flor que embriaga (Fragmento)

Cantemos ahora

ahora digamos cantos

en medio de la florida luz del sol,

oh amigos.

¿Quiénes son?

Yo los encuentro

en donde los busco

allá tal cual

junto a los tambores.

Yo no hago más que forjar cantos,

yo vuestro amigo,

el príncipe chichimeca

Tecayehuatzin.

¿quién? ¿Ya no todos nosotros

daremos placer,

haremos ser feliz

al sumo árbitro (Moyocoyatzin)?[…]

Icnocuícatl

“Canto de huérfano”, “canto del desgraciado” o “canto de angustia”, posiblemente la más bella y elocuente creación poética de la cultura náhuatl. De inspiración elegiaca y filosófica, abarca una temática muy amplia, pero principalmente: la vida como sueño, la obsesión de la muerte y la interrogación permanente frente al misterio de la vida. Es la forma más libre. Aunque la mayoría de la obra es anónima, hay casos especiales como el de Nezahualcóyotl (que era rey y podía firmar con su nombre), considerado el más grande poeta del México antiguo, el “Homero méxicano”, dicen en el libro. El siguiente poema es una verdadera joya (aparece sin título):

Estoy triste, me aflijo,

yo, el señor Nezahualcóyotl.

Con flores y con cantos

recuerdo a los príncipes,

a los que se fueron,

a Tezozomoctzin, a Quahquauhtzin.

En verdad viven,

allá en donde de algún modo se existe.

¡Ojalá pudiera yo seguir a los príncipes,

llevarles nuestras flores!

¡Si pudiera yo hacer míos

los hermosos cantos de Tezozomoctzin!

Jamás perecerá tu renombre,

oh, mi señor, tú tezozomoctzin!,

así, echando de menos tus cantos,

me he venido a afligir,

sólo he venido a quedar triste,

yo a mí mismo me desgarro.

He venido a estar triste, me aflijo.

Ya no estás aquí, ya no,

en la región donde de algún modo se existe,

nos dejaste sin provisión en la tierra,

por esto, a mí mismo me desgarro.

Este caso es bien interesante: “Escrito probablemente en los inicios de la dominación española… Más allá de su recuerdo, la dolorosa percepción de la implacable fugacidad del tiempo reviste aquí un aspecto universal y desgarrador. El título, que hemos tomado de Francois Villon intenta subrayar una notable concordancia temática y de estilo.

Balada de los señores de los tiempos pasados

¿Ha de venir otra vez

el príncipe Cuauhtli Cacámatl?

¿Ha de venir otra vez

Ayocuan que flechó al cielo?

¿él habrá de daros gusto aún?

¡No vendrán segunda vez

los que por siempre se fueron!

Por eso me pongo triste

y lloro por el rey Ayocuan:

¡él aquí jefe de guerra

que nos regía con imperio!

Pero ha sido glorificado,

ha ido a unirse a la cuenta de otros.

¿No acaso lo conocieron

mi madre y mi padre?

Por eso lloro esto:

¡Están en el sitio de los sin cuerpo!

Fuente de información:

http://emulafanzine.blogspot.ca/2008/10/poesa-nhuatl.html