Máximo Jerez


Máximo Jerez

Nació en la ciudad de León el 11 de junio de 1818. Estudió leyes, llegando a convertirse en abogado, una profesión muy valorada en esa época; desde muy joven se destaca por su interés en la política, razón por la cual en 1843 es enviado a Inglaterra como Secretario de la Embajada de Nicaragua, regresando a Nicaragua dos años después (ver Salvatierra, 1950).

Por ser adversario de los legitimistas (conservadores), es obligado a salir de Nicaragua en 1853, por órdenes de Fruto Chamorro, quien era Director de Estado, es decir, Presidente. Pero Jerez organiza una revuelta que luego se convertiría en la “Guerra Civil de 1854”. Jerez, al mando de un ejército apoyado por Honduras, logra apoderarse primeramente de Chinandega, luego de León y después de Granada. Finalmente, decidió reconcentrar sus fuerzas en León, en febrero de 1855. Ante esta situación, los democráticos, para poder vencer a los legitimistas, decidieron contratar los servicios de un mercenario estadounidense, William Walker (ver Arellano, 1997).Las consecuencias de este contrato son conocidas y estaría de más explicar las verdaderas intenciones de Walker de dominar Nicaragua. Por esta razón, tanto legitimistas como democráticos llevaron a cabo un acuerdo político (un “pacto” según los estándares actuales) el 12 de septiembre de 1856, acuerdo en el que se comprometían a luchar juntos contra Walker. No es de extrañarse que este acuerdo fuese firmado por Máximo Jerez y por Tomás Martínez (ver Gámez, 1977).Cuando la Guerra Nacional acabó, Jerez y Martínez protagonizaron un gobierno bicéfalo, para que luego se celebraran elecciones en las que Martínez ganó la Presidencia, dando inicio a un período de 36 años de estancamiento económico que acabarían en 1893 con la Revolución Liberal, conocido como los “Treinta años conservadores”.

Hasta el momento, no hay ninguna actitud que merezca ser llamada antinacionalista, pero para eso hay que discutir un poco acerca de las misiones diplomáticas que le fueron encargadas a Jerez, al término de la guerra.

Pero para comprender un poco mejor la situación en la que se vio envuelto Máximo Jerez, tenemos que retroceder un poco en la historia, hasta 1838, cuando la Federación Centroamericana desapareció y los problemas con Costa Rica se agudizaron más, ya que tanto Estados Unidos como Inglaterra, intentaron, de manera infructuosa, delimitar una nueva frontera de Costa Rica con Nicaragua, hasta que el 6 de julio de 1857, nuestro país, en muestra de agradecimiento por el apoyo prestado por Costa Rica en la guerra contra William Walker, decide, mediante un tratado firmado por Gregorio Suárez en representación de Nicaragua y por José María Cañas en nombre de Costa Rica, ceder las provincias de Nicoya y Guanacaste, así como establecer nuevos puntos de referencia para trazar la frontera (ver Arellano, 1997).

Pero el gobierno costarricense, interpretando este acuerdo como un gesto de debilidad, rechaza, el 5 de agosto, el tratado limítrofe, por lo que intenta apoderarse manu militari (a mano armada) de la fortaleza de San Carlos, el único puesto militar en el río San Juan, que permanecía en poder de Nicaragua. A pesar de que Nicaragua acababa de terminar una guerra, por decreto número 1970 de 1857, se levantan dos ejércitos, uno liberal y al mando del leonés Máximo Jerez y el otro al mando del conservador de Granada, Tomás Martínez (ver Gámez, 1977).

El gobierno de Costa Rica, al ver el exacerbado ánimo nacionalista de las tropas nicaragüenses, pide la paz y una nueva ronda de negociaciones, por lo que José María Cañas es enviado para negociar con el recién electo Presidente Martínez y con Jerez en Rivas, para que luego se firmase, en ese mismo mes de agosto de 1857, el tratado Cañas-Jerez (ver Arellano, 1997).

Sin embargo, el 24 de noviembre, una sombra del pasado desembarca en Punta de Castilla, logra ocupar San Juan del Norte (hoy San Juan de Nicaragua) y El Castillo es capturado; era William Walker. Por esta razón, los gobiernos de Nicaragua y Costa Rica, temiendo una reedición de lo sucedido en 1856, deciden suspender las diferencias territoriales al firmar un “Acuerdo de Paz”, el 8 de diciembre de 1857. En este acuerdo se estipulaba que los límites entre Nicaragua y Costa Rica “serían los que se habían establecido en el último Tratado celebrado en Managua” (ver Arellano, 1997).

Suerteramente, Walker fue capturado ese mismo día por fuerzas del gobierno de Estados Unidos y Máximo Jerez logra, con la ayuda de una importante fuerza en el fuerte de San Carlos, recuperar para Nicaragua, la fortaleza de El Castillo. Superada esta crisis, la Asamblea Constituyente de Nicaragua decide rechazar el “Acuerdo de Paz”, pero gracias a las gestiones del ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, Gregorio Juárez, las negociaciones son reanudadas, por lo que se comisiona a Máximo Jerez a viajar a San José, Costa Rica para que resuelva el conflicto territorial (ver Arellano, 1997)..

Costa Rica nombra al general José María Cañas como representante. El tratado de límites del 15 de abril de 1858 fue firmado con la mediación del salvadoreño Pedro Rómulo Negrete. Este tratado, con condiciones mucho más onerosas para Costa Rica que las estipuladas en el tratado de 1857, es conocido como el Jerez-Cañas. La opinión que quizás más se adecue es la del ministro (embajador) de Estados Unidos en Nicaragua, Mirabeau Lamar: “…Nicaragua ha concedido todo lo que Costa Rica le pedía y probablemente más de lo que esperaba obtener…” (ver Gámez, 1977).

Este tratado de límites fue ratificado por el ejecutivo costarricense el 16 de abril de 1858, pero a la vez, fue recibido con inconformidad por Nicaragua y por esto, no fue ratificado hasta el 4 de junio de 1858; sin embargo, el presidente Tomás Martínez, pasó sobre la Asamblea Nacional y autorizó un canje de ratificaciones más de dos meses antes de efectuarse la ratificación oficial, el 26 de abril de 1858 (ver Arellano, 1997).

¿Que tal? Nada más y nada menos que nuestro héroe Máximo Jerez fue quien entregó el río San Juan a nuestros vecinos del sur. Esto es algo que no está en los libros de historia con los que aprendemos en primaria, y mucho menos en secundaria.

Por esta razón, somos partícipes inconscientes en la glorificación de una persona que es la causante de un conflicto limítrofe, que a la fecha permanece aún sin resolver.

Por supuesto que no trato de restarle méritos a una persona, que a pesar de haber firmado un tratado limítrofe que tuvo consecuencias negativas para Nicaragua, tuvo un liderazgo indiscutible, una notable carrera política y sobre todo lo anterior, una persona que fue precursor en la introducción de la ideología liberal en nuestro país; sino simplemente de mostrar los dos lados de la moneda.

Quizás lo que en realidad sucede es una especie de transformación, de la actitud heroica y desinteresada a una actitud más centrada en el bienestar personal. Esto se puede observar en la figura de Máximo Jerez, quien en sus primeros años en la política, se comportó como un liberal de convicción, así como un nacionalista a ultranza.

Aparentemente, el cambio en la actitud de Máximo Jerez se dio luego del final de la Guerra Nacional, cuando se alió con su otrora enemigo Tomás Martínez, para gobernar Nicaragua de manera interina.

Otro dato importante acerca de Máximo Jerez, y que es a menudo omitido, es el hecho que cuando estaba muy pequeño, él –en compañía de sus padres– se trasladó a vivir por un tiempo a Costa Rica.

Quizás lo que exista en torno al general Jerez no sea más que una confusión: él era simple y sencillamente, un político; si bien es cierto que enarboló por un tiempo la bandera del nacionalismo y del liberalismo, terminó en realidad siguiendo los ideales conservadores y los de su beneficio personal.

Quizás lo más acertado sería especificar que durante un tiempo, Máximo Jerez se comportó como un héroe nacional, mientras que en otro período, no lo hizo. Pero en una nación que cada día está más fraccionada, ya sea por motivos ideológicos, económicos o sociales, es a menudo reconfortante pensar que en algún momento de la historia de Nicaragua –aunque no sea de esta forma exactamente–, existieron patriotas, que merecen nuestro respeto y que son un ejemplo a seguir, sin distingo de colores políticos, credos religiosos o situación económica: simplemente honraron a su patria.

Entonces nos encontramos ante una paradoja: si mantenemos esos falsos modelos, podríamos instar a las nuevas generaciones a tomar como ejemplo a personajes que tienen una biografía maquillada o caer en la cuenta que nadie es perfecto y que aún aquellos que ostentan el título de “héroes” en algún momento se comportaron de una forma no muy “heroica” que digamos.

Este dilema moral amerita un estudio más profundo, acompañado de un análisis de corte psicológico para probablemente llegar a una conclusión ambigua, teniendo que escoger un mal menor.

Estoy seguro que la situación de Jerez se repite una y otra vez en otras figuras denominadas heroicas. La verdad es que éstas han servido a muchos para encontrar un camino al patriotismo.

Bibliografía

• ARELLANO, Jorge Eduardo (1997), Historia básica de Nicaragua, vol. 2, Managua, Fondo Editorial Cira.

• AYÓN, Tomás (1977), Historia de Nicaragua, tomo II, Managua, Fondo de Promoción Cultural del Banco de América.

• GÁMEZ, José Dolores (1977), Historia de Nicaragua, Managua, Fondo de Promoción Cultural del Banco de América.

• SALVATIERRA, Sofonías (1950), Máximo Jerez inmortal, Managua, Tipografía Progreso.

Fuente de información;

http://www.bacanalnica.com/foros/viewtopic.php?f=19&t=60536