Sentir Amaneceres V (Ivette Mendoza Fajardo)

Un momento

Un momento en el perfil del cielo.
Dos relámpagos anticipados en miércoles santo.
Para ser fecundo sobre el azul micénico, precisa
de regreso a lo imposible.
Y la tranquilidad de toda la vida repercute en el
destino, la gruta escondida.
Animación de ángeles contentos
del poder divino inesperado,
sentir y haber sentido
la precocidad de las alas.

Los saúcos

Cuando los saúcos se enraízan en el tetraedro,
las hojas buscan sus paralelos
se encrespan de día, se amarran de noche,
por el lado izquierdo, por el derecho
por todas sus laterales,
¿Cómo se nombran las cosas?
Unos revisan el camino, los otros
contemplan tu corazón desolado.
Atolondrados e incautos, caracolean
sobre la orilla del tiempo.

Yo los nombro por sus rostros,
ellos por el estilo de sus vidas.
Sigue la mano, busco el vértice,
se trenza la duda, se cansa la aurora,
se confunde la huella, el ave suda.
Deja la menta delicia, deja a la vista el deseo.
Hazte llamar Morfeo, al bien por el bien mismo.
Sobre la cresta de la verdad, la confusión
caprichosa. Odiseo mira la redondez y sencillez
de la manzana en el movedizo cuadrante
donde solfea Eneas los versos.

Pelo de llama dorada

Pelo de llama dorada, abanicada,
el vaso con jugo batido, repetido
un sacapuntas ultramoderno, cuaderno,
el ungüento para el enfermo.

Tu respiración, exhala un ala
cuando la penicilina alucina
cuando la caricia desquicia
cuando la lora Lola llora.

La vellosidad de tu piel es el suave pistilo,
el gesto eléctrico, ecléctico
que desea ser simpático.

Es un oso panda con bufanda
una afirmación que parece negación
y que se compara en las dos caras de una moneda.

Mirada olvidada

Como cosa olvidada permanecía tu mirada,
párpados mitad del mar y mitad de la luna,
el molesto silencio alguna vez escuchado
cuando el alma era tan sólo en el tiempo, una.

La orilla que hacía soñar chubascos y rayos
se quedaba en el secreto de las cosas
pero tú lámpara se hizo avivar a puro nimbo
donde proyectó solo tersura el colimbo.

Despierta, despierta para que yo aprenda,
puedes brillar más fértil en la forma de un poema,
el olvido en sus redes te hizo prisionera
pero de este modo se hizo más reverenda.

Otra vez más vuelve el día de ayer, ya ofrecido,
otra vez más contemplo tu mirada olvidada,
fuerte del corazón ya no la pierdo de vista,
ni entre las frutas maduras del puro gentío,

Amor y ojos de abstracción

Amor incendiado y de abstracción
amor de poema y de la crin gracia
noche furtiva de una sombra de plata
que se origina de la miel escarlata.

Cantan tus ojos más puros violeta,
el espíritu alegre que en ellos existe
y parecen igual a una aurora naciente;
cantan, cantan los del cuento valiente.

Por su redondez, en todo desmedido
por rituales insólitos, un día inadvertido
cuando soñaban solo hablar de amor
y solo hablaron de un romance perdido.

Dale la gruta infinita que mora el sol,
dale una tierra de cosechas y de ilusión
que en la selva sombreada del agua
Dios creó sus mañanas y su iluminación.

Viento lloroso

Aventura llorosa, aire llamativo,
manzana nutritiva, nutriente.
Mar infiel, embarcación de arena.
Fábula, fallida, fallece.
Falla y encalla y desaparece.
la embarcación de playa en playa.
Marte que en martes martiriza
a la gente vidente demente.

Peligro sensacional

Peligro sensacional, filosofal
sendero que sin duda aparece escarpado.
Más por aquí su agudeza necia resalta.
Miedo conveniente, plateresco,
salta por las venas del sueño, alabeado.
Sería capaz con su capa oscura.
Sería audaz con su apropiado vestir.
Nunca he renunciado a ti.
El gong de la mesa es agridulce,
da la impresión de ser levadura y cereza
de ser levadura y cereza apaga tristeza.
Vértigo, auxilio a veces,
ríe para ser feliz, ríe para que se acuerden de ti.
Yo en la casa, abierto está el balcón,
tu sacudiéndote una gota de sudor,
en cambio un gorrión va abanicándose solo.
Cuál es el peligro de hoy que te deja perplejo.
La perplejidad de la mente arquitectónica
es más difícil que el peligro filosofal.
Jamás debemos de mencionar la razón,
porqué cae en el mismo círculo vicioso
porqué sólo pasa de círculo en circulo
nunca por el práctico salto de las ovejas
nunca se considera seguro.

Morfeo el feo

Lo que es de grandote, lo es de tocón
esa mano que siempre lo delata
es la mano de mi amor, Poseidón,
¡Ay! y en la cama te desbarata.

Morfeo, tú sabes mi único deseo,
he puesto un bolsa sobre tu cabeza
porque tristemente eres muy feo
pero eso no es ningún signo de flaqueza.

Siempre han dicho que tu fortaleza está
en ese gran algo varonil y humano
que puedo yo tocar con mis manos.

Pero Poseidón que es un poco celoso
ha decidido congelártela un tanto
y lo que queda de ti, es embarazoso.

Silencioso tiembla

Silencioso tiembla el tilo en el mediodía, ilusionado.
El pájaro de trigo que desde su garganta eructa
un chorro de humo y tiende a despertar la piedra
ennegrecida cuando expresa su sinceridad suprema.

Perfecto, en la canción hechiza donde se encuentra
frente al bien y al mal al abrirse dentro del espacio y
el sonido.
Entra por esta puerta que colinda con la Torre
de Babel socavando la vacua visión de las lenguas
y sus noches taciturnas.
Y por ahí tú creces en el mar, hombre de las aguas
y del vendaval ante el entornado portal de la esperanza,
la desnuda contemplación del verbo, escudo astral
para soñar.

Voces

Voces, llamadoras de Sigfrido
siempre calladas, redimidas,
sin eco ni furia, virtual, se enfrenta
a la regresión de los titanes.
Cúspide revestida de cristales
detrás de su salvadora luz,
el halo móvil que las circundan
y luego se conciben, alma tuya.

Retiradas, lloviznando,
como hebra de amor,
en cada golpe soportando,
vestidas diferentes, iguales
una pena extraviada por aquí
otra por allá,
el mismo lenguaje respirando,
en el paralelo del consuelo.

Ahora siendo alma pura, posa amorosa
enredándose en el viento
de todo pensamiento, del mío
su sed inagotable se arroja y busca un río,
lo que queda de ti, lo de las voces.

Nomenclatura

Nomenclatura exacta con techo de metal,
líquidos acuosos derramados en cuevas,
calmoso silicio impoluto sobre tu cuerpo,
fórmula tras fórmula hierro yerro
homogéneas alas de plata,
antes o después de toda oxidación del alma,
algas de bronce corazón rotundo,
rio de azogue en la abreviación de nadie
sin peso corporal.
Uranio huraño de nacimiento, elemental
y puro, marido seguro.

Nimbo de lumbre

Nimbo de lumbre
cereza leal que a la tierra
regresas flama
y por el contorno de la luz
tornas la obscuridad en alborada.
Te busco en el suspiro;
nieve intocada,
afirmación de brisa,
sobre tus labios.

Corazón de piedra labrada

Corazón de piedra labrada a mi súplica,
a mi ruego, mientras tanto dichosa me siento
adquirir la imagen de una aurora hermosa
en el encuentro de libra zodiacal, leal.

Como una brasa capaz de secar la profundidad
de los mares, es el horizonte de tus ojos, la
plenitud de una playa radiante. El tiempo que
pasa y nunca retorna. Sólo las horas entornan.

Arrebato de caracolas que espumas dejaron
cantando a un jilguero ansioso sobre el gemido
de los peces, por dondequiera probó el amor
y dolor de su corazón agitado y sufrido.

El sentimiento del rostro, su contorno, la clara
aceptación del alma. El veraz pensamiento
que busca seguir la huella lisonjera del futuro
venidero en tierras semejantes a esta, en apuros.

A batallas de tumba

A batallas de tumba, campo de plumas eternas.
Bajo el agua, algo que punza y se mezcla en los
cuerpos de la noche, jadean en invisibles cavernas.

Como una cabellera suelta se tienden los mares,
se hacen saber cómo frutas encendidas donde
tu eriges en los peñascos, tu altar y tus acibares.

El recuerdo de actinia empozar ríos quiere, la
vena del trueno, el naufragio de los labios,
la azucena que brota en la mente de los sabios.

Insomnio del vientre trastornado entre las
púrpuras sabanas. Insomnio del relámpago igual
que el ojo de la tarde, en una alianza celestial.

Aceptar y mirar y estar aquí, acepto todas las cosas.
Acepto el tiempo sin luz, la realidad inexacta.
El aire, el cielo, la tierra que en tus ojos pactan.

Mocedades de aires

Mocedades de aires solares
en tormentas electromagnéticas
de la sociedad moderna.
Tecnología del sentimiento de la razón
que puede tergiversarse en aparatos.
Buscar inteligencia en el más allá
o en la energía proclive de la artimaña genética.
Tu corazón es la tranquilidad objetiva
de la sabiduría universal.
Practicamos el poder de los números
para evitar fracasos entre los dos.
El amor agoniza en una máscara de neutrón,
más aun cuando lo observamos de cerca
en una pantalla de turbina nuclear, tiene a
desaparecer.

El corazón y solo el corazón

El corazón
el lugar donde debemos amar.
la semilla inicial,
un lugar
indescifrable,
secreto.
La era moderna:
la era del poeta
libre de reglas
de métricas
de caras melancólicas,
sin la boina de Neruda,
sin mordaza,
la unión de cuerpo y alma,
de muchas ideas,
del arte de amar y ser amado
simple, enmarañado
coherente, incoherente
el cálido recoveco donde se
guarda el sentimiento del mundo.

El aeronauta

En la soledad del aire
el aeronauta asiste a su diafanidad,
es solo un vuelo fugaz
un instante impreciso.

Toda la existencia
anida en su arisco mundo
un boleto,
el itinerario.

Divagará hacia delante
junto a las golondrinas,
irá soñando
por las noches
para ver solo el amanecer.

Palabras con cara de muerto

Palabras con cara de muerto, páramo sin borde,
el amor aquí no tiene cabida, no es amor ideal,
entre dos mares se ahoga, sin descender.
Ha visto el cañaveral infinito en la cordillera del sueño
y tú lo sabrás más adelante.
El puente que se abre de par en par; de la historia
se alimenta, aunque lo único que yo sé es que a todos
nos da escalofrió cuando abajo pasa un rio sonámbulo.
Guirnalda de espera, sin raíz y sin hojas derrotando
la imposibilidad de un cuello de vidrio que quería tener
solo lagrimas benevolentes.
Dos veces heredo, dos veces memoria, dos veces he
vivido la vida como un pan en castigo, eran yo joven
y mucho más pude haber ofrecido.
Palabras con cara de muerto, yerta mortaja que alza
la voz muy fuerte, mano rodeada de puros aranceles,
en vez de cultivar versos como las flores, claudicas.
Me inclino a majestad y alteza, me doblego ante la
torre que solo tiene una idea fija y se declara profeta.
Ante todo melancolía existe; me receta un grillete para
que no pueda soltar los pies.
Un amor a domicilio me hace falta, pero no visita de médicos,
un amor oriental que desemboca en una cascada del
Mar de la China con una terrible sed de permanencia.

El pensamiento punza cada segundo

¿Nos acecha una sola idea fija?
El pensamiento punza cada segundo,
en convexas zalemas mediterráneas.
Sobriedad de soledad, es la lluvia
contra la cara de la lluvia pálida y sola.
Y entonces es entonces, nada todo
es nada y compartimos el jamás.
Vengo sembrando mariposas en los
jardines de colágenos para nunca
envejecer.
El menopaúsico medicamento que
tomó Buda es el mismo que le da
Dios a los hombres para volver a su
punto de partida como buenos sabios.
¡Ay de mí! mi nombre no es lo que soy,
porque en mis sueños derroto penumbras
que levantan memorias coloreando la
triste faz de la tierra.
Es que soy alma que deambulo en toda
forma cuando miro un rostro cansado,
lo convierto en esperanzas.
Nos acecha la idead fija, nos acecha su
muerta amarga. Mundo remojado de
roña. ¡Oh vida! para qué más yo te
quisiera.
Vagar sin rumbo es lo que todos los
días pienso. Vivir en un mundo dislocado
de caderas con una luna que a toneladas
fueran cerezas para ir comiendo. O
ir tras una fortuna alegre y demencial
acompañada por unos cuantos jilgueros
para que vayan cantando a la hora que
ruge el tigre.

Abre el tiempo

Abre el tiempo, sus décimas,
muerde renacuajo innavegable,
quien no entiende su humedad
lasciva, no ve su herrumbre saliva.

Abre el tiempo endecasílabos
rimando con los codos, apenas
si toca su raíz de vena abierta.

¡Ábrete como caja de muñecas!
rubia cabellera cabalga en llanura
incierta. Ábrete hendidura del
llano feliz. Fotogénicas son las horas
para añadirse al manco de Lepanto,
y vamos cabalgando.

Este es el tiempo para peregrinar
por caminos errantes que te impulsan
ver la rosa estallada. La suma de mis
anhelos de mi vida amorosa: Son cinco
tres y uno breve y leve octosílabos.

Era suave

Era suave, brillante, mi mundo expresivo.
Fugaz, relámpago de oro en jardín de plata
donde viví de rama en rama, impasible.
Es más pleno atiborrado, es más pleno imprevisto,
arde el heno dormido, atraviesa los filos del
vértigo compenetrado de curiosidad.

Lo entiendo, lo sé, no lo olvido, lo sé
se sabe; se agita el cuerpo lucero; se entiende
sin fin, lo sé.
Fanal de la pagoda, ignota, y serena,
fanal de la ceniza lo que busca y lo buscado
Y su banal picazón de recuerdos en un marco
Invisible.
Hacia el humareda del espíritu burlón y la piedra,
somos tan fuertes, dos almas quietas, agitadas.
Fuentes del ensueño que pasa del pasado
al futuro fugaz, mientras se entretiene en el
presente por siglos.
Era suave, brillante, mi mundo expresivo.
Converge transformador y vasto de espacio,
converge aventurado mil veces, mil veces
de noche, interminable de amor, desesperado.

La mañana oscila

La mañana oscila alrededor de los párpados,
taladran los días, los pasos, el acaso, los nardos
labrando las cimas de la energía jovial,
proyectando tu rostro en el signo universal.

La tristeza capitana del verso, en el eterno
latir, o en la pausa del tiempo, ha de dormir.
Capitana de la sombra, capitana del silencio
colmando al mercurio mensajero, tus labios.

Inscripción de la palabra capullo destrenza
un reprimenda que empieza en el zumo
añil de mis lealtades, va el lamento borrándose.

Pensando en el alma y su piel original, pensando
qué hermoso es andar tras la lluvia y el viento,
ya en el cálido aluvión de lo último, desdoblamiento.

El lebrel

El lebrel
del hocico mágico
en su amplitud descanso
fiel clásico del mundo.
Huesos
y cadenas
en una y otra calle,
vital bostezo del ladrido compacto,
venturas de la tierra
en ese rincón de la casita blanca,
el gua, gua que no es indiferente
ni cambiable en compañía,
el lenguaje que no dice nada
y se entiende.
Solo yo te acaricio
y ve a vivir en paz
en el lado indescriptible de tu nombre.

El portón del silencio

El portón del silencio entreabierto:
por aquí pasas la claridad del día,
y la oscuridad de la noche, cavilando.

Más acá, serías como la torre hablante
adornado de palabras, libretos y cuadernos.
Incesantes secretos paralelos del eclipse
promueven la marea, en el iris del eco
transversal o acentuado.
Pero el alivio conquistado de tu cuerpo, firme
cerrando capítulos,
luego nace un rio como estaño
Junto al estigma de la vida,
donde nos encontramos la lluvia blanca.

Y mientras abrazamos el equilibrio, tú último
pensamiento permanece entre el margen
del margen a doble espacio, al final cansado.

Noche de escultura

Noche de escultura romántica, tu mirada.
Mi cuerpo, intangible, apropiado en su gesto,
bajo él existe trementina, la herradura móvil,
se yergue más acá salitre de añejas voces,
trocada y anegada en la mies del mundo
y con un vago olor a manzanilla te encuentra,
en la mitad del frio.
Plegaria prodigiosa,
etiquetada emancipación del alma
que me impulsa a otorgar.

Valorizados centelleos

Son valorizados centelleos
de par en par a una épica arcana
que sólo en sueños aparecen
con entonaciones programadas
sobre una alambrada de eucaliptos
y su suave remanso.
Cuando me despiertan
es el lugar probado de juntar las gotas
del desvelo,
las pértigas catan verdaderos titubeos
y también las alejan,
hacia las no triviales ondas que cantando rizan,
duermen y desaparecen.

Lenguaje enternecido

Lenguaje enternecido de tus labios,
mañanas vivas del verano
brotan como alamedas bifurcadas
en comas literarias, del crepúsculo
y sus murmullos.
Y su peso, y su color, sin aromas
aferrados al torrente, huyendo de la roca
y la simulada semejanza donde llega la hazaña,
huella inmóvil del amor a la hora imprecisa
y el tiempo sin razón, no se ocupa de mí.
Barca doncella, mar que no vuelve atrás,
recordando el idioma.
Corona del primer otoño y la solución de siempre,
arco de la entretención.
Almanaque rajante en la primera arremetida,
hace al llanto triunfador,
tierra morada de la sonrisa mutilada,
gracias por haberme desafiado,
yo fui una de esas que nunca
había subido la colina de la campana mentolada.

Bésame

Bésame abrázame corazón te pido.
Electrizante lluvia, dinamiza tus labios.
Sueño blando, agua clara, la tersa arena,
bajo la piel felpuda, tú sombra radiante.

Bésame, como el simple gesto del durazno,
¡Oh! Piel bronceada, que en ti bulle la caricia.
Tómame amor, como el verano y su calor,
como el cielo con sus brazos extendidos.

Dichoso jardín intenso e impenetrable, vitalizado
que en su decir y su delicia, el viento se detiene.
¡Oh! Fibras hipnagógicas de tus ojos
al transcurrir la noche te hacen soñar, te seducen.

Septiembre

Septiembre, la palabra reverencia del mármol dios,
luna de emboscada que se rinde bajo el amaranto,
cinco mil términos pronunciado en el idioma dramaturgo,
¿Y quién tocará la puerta de lo oscuro?
Un cochero en su caballo va mal herido en la cuesta empinada,
y cómo pudo ser y quién más pudo haber sido,
el que le dio la estocada mortal.
Lo vio la crisis de la madrugada que ensayó la muerte,
lo vio con su anillo de Septiembre, para adelgazar incidías.
Otra contienda en el mar de ecos, glucosa nominación que
irradía melancolía.
La párvula estética con trazos góticos y empañados; el triángulo
amoroso de su pena capital y su diabética alcurnia.
Septiembre, la palabra reverencia; Hierofante maduro de mente,
ciego en los crespones de la luz, índigo pero lejano.
Fuerte escalofrío va cerrando mis venas, fuerte tropezón
que di en la hojarasca del sueño, fuerte el golpe que sufrí
en los arbustos de la angustia.
Hecha y derecha sin saber a dónde huir, hecha y derecha sin
saber que hacer cuando me fue vendado los ojos en el naufragio
de un soneto. Solo en el naufragio de un soneto, el norte me
llamaba; el sur me rechazaba. Septiembre, la palabra reverencia
y la brusca almohada del tiempo.

Informando

Informando la nueva ordenanza de la tierra:
Una rebelión contra las gaviotas se desata
desde su jaula de infinito y de espacio,
el resguardo que les puso los soles del poniente;
el deseo inmutable de las aves de seguir luchando,
todo y nada en el oleaje de las noches ahorcadas.

Se quedaba el mundo sin auroras aunque todavía
latía la abundancia de los trigos de la luz a
la hora ceremonial de dos luceros.

La lucha incesante en las huestes del ensueño
la repentina posición militar de los cosmos
en la contienda, echa su primera triada de gorriones;
los fuertes bramidos que los llaman a abdicar;
la cigüeña de los nervios de acero se ha ido;
las flotas que emergen de los mares,
regresan sin poder volar, a tomar su siesta.
Y en el pacífico trascendental de la brisa, paz y guerra.

Ingeniería creativa

Ingeniería creativa del universo
el tacto místico del ensueño.
La imaginación construye en el minuto:
esculturas geométricas investidas.

Asombroso decirlo. Son de vidas.
La delineación del trazo virginal.
La claraboya elocuente en su medida,
al compás del viento topográfico.

Construir un mundo, con un solo dedo,
escuadras del pensamiento asfaltado.
Canto rodado, canto del plano curado
para su próximo porvenir, coronar puede.

Paisaje de madrugada

Paraíso de madrugada y rocío elfo
blanco, índigo, dorado acrisolado
Como nubes de leche y miel
Y soles de sedas y encajes.

Aves de plumas fanales
con las orlas boreales de la lira,
Danubio para el cisne,
blancura para su imperio.

Esperanza de la estética,
anuncia una verdad real.
Un cielo de estalactita o
Tchaikovsky, el mensajero musical.

La evocación del céfiro
es un pomelo en nuestros labios.
Paraíso de madrugada y rocío elfo,
una Sílfide desde allí nos está mirando.

Noble de quebrantos

Noble de quebrantos, idilio martirio amado
por turquesas cuchillos armados,
observable amante como escolta asoma,
¡Dad al candor inmaculado, agua de Roma!
De tu festejo costumbre elogiada
la libélula perdida a la distancia,
en aquella rivera que robó tu infancia.
Mayúscula embriaguez
tantas, tantas y una vez.
Minúscula mancha del brote oscuro inicial
dentro de nube traviesa y caudal un
pitón pitoniso con arrebato de chaqueta.
Sepa Ud. que tiene escopeta y arsenal.

Riqueza de metal

Riqueza de metal, tierra de billetes,
acordeón y máquinas tragamonedas
por las calles y casinos
vas con tu billetera llena de enigmas
que guardan similar Las Vegas,
la entrega, la estampa y la farándula.
Con el frio norte de tu senda
y tu esencia de neón
marcas tu consciencia,
creada siempre de ruletas,
póker de tentaciones terrenales.
Tus arañas husmean el triste estallido
de anuncios, arca de los tiburones.

Mi alma arde

Mi alma arde a tu diestra,
de afuera hacia dentro, echa raíz,
no tiene memoria. Sueño de alto
calibre, miel de su gruta, vestidura
de jengibre.
Bufanda del fuego al escote del
corazón. Entre Dios y los hombres,
la virgen perpetua, sus manos que
tocan el viento letra.

Mi alma arde a tu diestra,
lanza humo pagano, entreteje murmuro.
Su lunar de caprichos, la retina ocular
del tiempo.
Mis manos sobre tu pecho, la caricia
sonora, los dedos lascivos, la cruz
amorosa que besan tus labios.

Mi alma arde a tu diestra,
en un fuego en forma de laguna.
La confianza que respinga es esencia
de ciencia, mi alma es solo una.

Huertos inhóspitos

Huertos inhóspitos, llenos de ideas,
una interrogación se ausenta, fría
de papeles nostálgicos.
Clara mustia de la ausencia contemplada.
De mi sacas de nuevo el poema.
¿A dónde llevas las flores?
Al cesto justo, a adornar el vértigo.
Ideas desechas al viento,
la mansedumbre de sus actos empiezan
a volar pensamientos.
Rosa fecunda en el orgasmo, y
en el horizonte se libera, del falo opresor.
Ando por espirales, en la era de la aurora.
Rama dorada por donde cuelga tu nombre.
Vivimos en la dimensión exacta de mí
edad menstrual.
Parco, rubio y florentino camino, destaca resaca
reciente.
Eternidad de las bocas donde empieza el
amor a sentir su primer coito astral.
Noches de olivo de la danza del ombligo,
caudal embriagante de locura que si te acercas,
te quema.

Y pudimos

Y pudimos soñar la lucha gaitera,
redoblar la gamuza y esperar la zancada de la reina,
combatir con el último tigre del génesis
que ruge en tus entrañas.
Y quisimos hacer una nueva vida
en la inmortalidad del cráneo, pero nos fuimos
en un lanzatorpedos a vivir y mangonear
a la ciudad del perejil.
Así compartimos por tiempo las tinieblas del terremoto.
Así suceden las cosas como la mandolina de Luxemburgo,
bajo el nuevo mandato de un chino en mini moto.
La corbata escolar que viste ahora, la tímida afrenta estomacal,
el enojo bilioso que llevan sus ojos para desatarle
un puñetazo al trueno.
Y salimos al frente con la vara infinitesimal a aporrear
la vaina de sus vientos que nos hacían polillas.
Y sobrevivimos la escaramuza que nos tendió la piedra
filosofal cuando nos robamos el elixir de la vida y la
fuente de la juventud.
Nos apoderamos de la sangrienta cabellera que pujaba
la fragilidad del hocico de su mente.

Rocíos de níquel

Rocíos de níquel, donceles
amansados por los girasoles
dorados ya por el oro
de las nubes de lino y seda,
¿Qué vida gruñona nos queda?
Queda el amor desprendido.
Lúcuma de los Vientos Alisios,
ahora en la ciencia caricia
hacia este destino, amarte,
y amarte me queda.
Vaga tu rostro silente, vaga
hoy honroso el tiempo.
Se conserva intacto tu amor,
se siente gallego Morfeo
rompe la lluvia impoluta,
rocíos de níquel, nubes de fuego.

Cierra la puerta

Cierra la puerta, el teléfono suena,
contra el esturión, Poseidón
en el mar de centeno, se vierte el pulmón,
al mar comestible, al mar intangible
y respira y va y respira y va.
Remolino de la vieja navaja
alza el celo de la hembra,
sonrisa de almendra
más parecía que andaba torcida
más pululaba la mosca a su orilla
por culpa de un muerto
que confundió el oro por
la masa que comía un loro.
Muéstrame, cierra la puerta, muéstrame
quien duerme en mi dorso
no es la mano pachona
quien duerme a mi lado eres tú.

 

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Esta entrada fue publicada en agosto 14, 2016. Añadir a marcadores el enlace permanente.