Sentir Amaneceres IV

Luna de albur

Luna de albur
la sutileza está en sus manos platinadas.
Celebridad de soles
emerge
en la gruta
de mi sombra delirante.
La escarcha de nieve
murmullo del tiempo
en mis lloros
de anís.
Tocas la mora limpia
del pez nariz.
Este que hipnotizó
con su lira
el regreso
de los Titanes.
Rotula el sacristán
en mi rótula,
su sacro sacrificio.
Tiempo sangriento que
que mancha y sentencia
el alma.
Solidaria y tropical bahía
en un campo de golf.
Canas,
palabras invisibles
que hablan de la vida
y dicen mucho.
La comprensión de los días,
humorística la plática
y su taquigrafía instintiva.

Pájaro estelar

Noche de pájaro estelar
tú y yo, elevando
nuestras alas
de soles
vuelo de bemoles
la memoria
en destellos.
La sombra
pone a navegar
sus peces naranjales.
Pájaro ángel de tus cielos
corazón alado
en mis parpados.
Tras el anzuelo del estío
el nido de los cuerpos
y el alma.
Quimera en la barca
de las aguas
un colibrí danza
en la fatiga
de tu pecho.
Lienzo concubino
la carroza
que adorna el amante
por el entorno alumbrante
Y navega sosegada
por la melodía de los mares.
Mi albor en un soneto
proverbial.
Extraño furtivo
el péndulo.
Oxidada y matutina
la coraza.
Al corazón apenas llegan
Latidos.

Aquí en este plenilunio

Aquí en este plenilunio
soy diluvio en junio,
aspiro imágenes que compactan
y pactan y nada se verifica.
Luz del polvo en oración
en un periodo donde yergue el ojo
y el alma se mortifica.
Burda burla y sorda asume
el ceniciento burbujeo,
transpira sentenciosa
evadiendo su propio espacio
más despacio que el cuerpo inerte
entre el décimo soneto de la carne
y su incoherencia embrionaria.
Búsqueda que escupe cuaternaria,
monigote intrépido glacial
glacial paleolítico entreviendo:
lo que nunca antes quiso ver
lo que vio una vez obtuso
lo que llamaba hermetismo
la falla que llevaba ya fallada
lo que nunca pudo equilibrar
Lo que tú y yo tuvimos que esperar.

En el jardín

Tu alianza en el jardín y sus anchos portales,
sombra laboriosa que eructa la araña
donde Virgilio atisbó la luz
y se afanaba enseñando estrellas.
Jardín que se contempla desde el balcón
mientras la brisa queda quieta
como silencio de terciopelo
como un punto acariciando tus labios
junto al suave aliento que exhala tu nariz.
Mana de la cascada de tus ojos
una lluvia de praderas
donde los días sueñan en las noches
y las noches en los días.
!Asómate al jardín!
En el surco de la tierra, el reflejo triunfante.
Cielos comprimidos, calistenias de la rosa
semejante reciben el mandato de tu mirada.
Cuando nuestras manos se entrelazan
sentimos la misma sensación
de estar en el jardín de anchos portales
y quemamos el amor en aguda lucidez.

Mis pupilas en las letanías

Mis pupilas en las letanías de laberinto
La fogosidad de la voz que desaliña el cabello del corazón
Espasmos dactilares que nutren los costados de mi alma
Hay tardanza en los colores prismáticos de mis muslos
Cinco uñas que me rascan las entrañas y me hacen trizas
Voy aglutinando el ruido ya vivido y el que está por venir
La inquietud del ahora y la torpeza de la lagrima
Tú caes como un objeto invisible al guindo
En el torrente primaveral se extingue mi carne
Tu musculatura es la fuerza obcecada de mis dientes
Soy tan solo un zombi ambulante por las noches demenciales
La imagen de Lenin en la etiqueta del Vodka
La verborrea craneal y el instinto animal que la agita
Somos dos seres cosechando a su paso estrellas y baladas
Como eco fantasmal una lejana guitarra viene naciendo
Soy un viento de mirada intensa que tiembla en la pradera
En el club barroco se quedaron ausentes mis labios
La sinuosa congoja se abre a la conjugación de los recuerdos
Cansa la deshonesta voz que se convierte en lenguas de fuego
Látigo que me azota bajo la luz contaminada
Me invento en la sombra del candelabro y sus decires
Somos una mancha en la pared difícil de borrar
Hoy te siento tiernamente como un suspiro al suspirar

Estruendos

Estruendos de la lágrima, espada
por el tercer ojo, luz amarilla, alucinada.
La vida del corazón, la límpida razón
en algo busco su mundo estremecido.

Piruetas de palabras, sobre la amplitud
de su claridad suenan las campanas,
nacen espigadas.

Apenas empiezo a descifrar el vínculo
inminente de la maraña sosegada y el
álamo de la sombra que inventan el
pensamiento del espectro dueño de
las noches.
Bienaventurada sea la nieve oscurecida
que en sus huellas dactilares lleva
colgada sus mejillas sonrosadas y hoy
por hoy son labios, mañana burbujas.

Seguramente mi grito se va yendo, se
alarga dentro del eco y a ti te asusta
y te atraganta, nadie soporta su peso
irremediable, se disuelve entre las brumas.

¡Oh mundos mudos! Oculta fuerza de
mares sepultados, En el páramo gris
que siempre estoy hilando con todos
mis sentidos empiezo a ser rio, empiezo
a ser espuma, a ser el pez radiante
cautivada en tus brazos.
Decires y entenderes

Los pedazos de cristales atraían sentimientos.
El amigo fiel. Con el chirrido más sonoro.
Chiquilladas en la fuente adverbial, tú.
El disco difuso despierto. El azúcar imaginaria, dura
encalada noche eriza. El sol esperma estampa.
La piedra fallida y fogueada. La piedra santa.
Somos imperfectos habitado de colores, incógnitos.
Una golondrina como suave caracol,
decires y entenderes tardanza del invierno.
Cada pedazo de cristal agridulce resbaladizo
por donde paso todo el tiempo, mirándote.
El fino encuentro del decir en la fábula mágica.
Aquí yacemos dormidos. Fluctúa la balanza.
Una plétora de cosas. Como la meditativa margarita.
Los entenderes cristalinos añoraban manantiales.

Invocada

Invocada en tus sentidos
la calma es lo perdurable.
El momento en que entendemos
el melodrama de la vida
en las progresivas vertientes del objeto.
Esa espera tuya, es el riesgo de olvidarte,
de columpiarse dentro de las leyes cósmicas
y ser uno contigo.
El sentimiento de quererte
con el néctar de mis caricias.

Bien dicha palabra

Bien dicha palabra
garrocha
cuerpo de luto
piernas peladas
espalda aserruchada
bajo el brote del renacimiento
noche morocha
cobre de esencia
dentro de palmera de insomnio
asorochada oreja recortada
del cabello erizado
bien canta la palabrota
cuando se corta la lengua
ping, pong, ping, pong
toca el acordeón
sobre la arena
rezos continuos
te piensan cercanos
la fuerza bendita
La Divina Tragedia
El Lazarillo de Torpes
Don Juan Teodio
El Coronel Tiene Quien Le Escriba
Cien Años de Acompañamiento
Veinte Mil Leguas de Viaje en globo
el submarino que se acuerda de ti
y yo aquí esperándote como la novia de Tola.

Abarqué

Abarqué el cetro de todos los buenos pensamientos
Cuando llovía un silencio sin fondo e inexplorado.
Viento, pañuelo de los bosques, cobija del amanecer
cercando las taciturna noches, que no cesen de hablar.
En las ciénagas de luz repiquetea lujurioso el tiempo,
le gusta entonar canciones, delinea el contorno de
tus labios.
Hay fisuras en las bruscas flores de la duda,
sus pétalos rayados de suaves oropeles, cuando el aire
vacilante se asoma.
Me enredo en los eslabones de tu cuerpo,
colgada triste y alegremente como si no conociera
más que tu sombra.
En mis ojos maduran un sinfín de crucigramas y
encarnan tus ilusiones en las mías.
Dentro de la invisible piel del rostro escarlata
se flagela tu sombra, con su vahído retocado
pudo transcribir su voz, un palanquín de cedro
se figura pura.
Me visto con la desnudez de todas las nubes,
sobre ti caigo como una fuerte lluvia.
Escondida trato de restaurar la luz atrapada
en su brisa, más vale la paciencia que todavía
allí se encuentra.
Seguiré andando por los caminos de la puerta
inequívoca que me incitan a dormir despierta
voy despojándome de la herencia del feroz tiempo
y los pabellones de la religión arcaica.
Yo, en la limpidez de líneas infinitas
que nacen y se pierden como puntos armoniosos.
Cuando veas el relámpago

Cuando veas el relámpago me soñarás
si crees que mi reflejo es la tormenta,
será el cielo suavemente sagaz y mi
alma, como siempre estará hambrienta.

Así trascurrirán los días en Managua
cuando vuelva a ella en vida de regreso
y bese la tierra azul y blanca llena de agua
dejando atrás las sombras que atravieso.

Acostumbrados

Tú y yo, estamos tan acostumbrados el uno al otro
que de inmediato podemos entrar al
Nirvana infinito y su consciencia causativa
de afinidad.
Todo se aproxima al amor y hemos aprendido
a perdonar, a pesar de la melancolía intermitente
de los caminos espinosos que hemos atravesado.
Pero el Nirvana como un eslabón divino
lo tomamos como una fuente indescriptible,
más penetrante que los refranes asumibles
que brotan del océano de amor y paz y lo dicen todo.

Astrolabio del corazón

Astrolabio del corazón, enséñame el mundo
Ventanas del alma, ábrete hacia la luz.
Dulce amor, endulza mis mañanas.
Amor de mis sueños, ámame por siempre.
San Valentín, dame tu dicha y gozo.
San Miguel Arcángel, llévame de la mano.
Amor y nada más que amor, mío serás.
Dolor y ansias, sorpresa tuya y mía.
Nuestra atracción, no tiene explicación.
Iluminación sutil, fuerza de la vida.
Ayes de amor, en las venas derramados.
La sombra apasionada, miel encendida, absorta,
caudal impenetrable,
esencia de mi llegada, tiniebla y claridad de
armonía y de libertad.
Cuando somos uno con otro, son lentas las horas y
se atesora en mis labios tu memoria.

Queriéndote

Queriéndote como el vivo conejillo
seca mis labios de tomillo.

Irascible el maní
por el rio invisible lo sentí.

Ocurrencia de la muchedumbre,
de savia uterina lumbre.

Estoy cercada de habichuelas
tu boca que me anhela.

Sellando en tu corazón
el trayecto de mi ilusión.

Amor todo es como: trueno y calma.
De tropical portada

De tropical portada
cuando la primavera se marchita
en las flores
cuando el amor
sale por las puertas rotas
y el destino clava sus garras
en el fango.
Las rendijas lloran lágrimas de sangre
el amanecer abre las ventanas
indiscutiblemente todos los días
los hechos se ríen
desde los tejados más oscuros
suenan sus armónicas melancólicas
se atragantan desconsoladas
con rencas inclemencias.
Allá, al otro lado de la puerta la lluvia
pinta esperanzas escarlatas.

Cascada

Ayer percibí una cascada azulada
formada de cuarzo sutil
semejaba a un campo de diamantes
de acacias carmesí y añil.
Bajo sus aguas cristalinas
palpitaba un fulgor
de sirenas gaviotas
de sílfides
que cabalgan
sobre la balada de la espuma
un reflejo de rosas
que en lo etéreo perfuman.
Espejo cambiante

Espejo cambiante, crepúsculo en la hiedra
cuerpo oscuro volatizado en el mar,
quieto viento angelical
pesa, pasa, traspasa, reposa dentro del yelmo,
toda esencia abismal,
después del agua, antes del tiempo,
primero como la piedra salada
o talvez último como la balsa
que tiende al náufrago en la ribera
y no sabe cómo enderezarse.
Con siete pies

Con siete pies te abrazo.
Tus ojos respiran un ruido feroz.
A la muerte le gusta aplanar las calles.
La vida cría cuervos y le salen pájaros hablantines.
La luna llora lágrimas de cebolla.
Me arrodillo ante rosas sin espinas y no llueve clemencia.
Ando y ando por los oasis del alma y sucumbo a su inocencia
rota.
Soy una marioneta con colores discordantes.
Estoy ligada al resplandor del pecado del himen extraviado.
Tú y yo rompiendo barreras que hemos construido.
De tripas hemos hecho nuestros corazones y nos indigestamos
de amor.
En el huerto hipocóndrico de tu corazón quedé con la
razón atolondrada.
Tornasolada yo, con ese vestido de sílfide alada.
Círculos en la tierra las rodillas sangrantes a la mitad de un baile.
El túnel de tu corazón por donde nos escapamos de la era medieval.
La biología de tus besos que me enseñan a ser humana.
Tus caricias psicópatas y mis manos para encarcelaras.
Mi corazón de piedra y el tuyo, una pala mecánica, que lo tritura.
El péndulo divide

El péndulo divide en dos
la cuerda de la penumbra.
Otro día mal gastando la pluma
que se distingue analgésica
entre la mea culpa de sonreír
y el miedo de sudar miedos.
Las gafas seminales
enfocan ese signo represivo
y la consuela
cuando ya no puede resistir
el viento que se inclina
a la caída del agua oscura.
Las flores quebradizas

Murmuran las flores quebradizas
de la tarde imposible,
enmudecen las aves hipnóticas
en su precocidad de mármol,
aquí la jugarreta de la vida
que enmascara el cielo
y la tierra,
la ventana del aullido
consumido por las llamas
de lo infinito,
la felicidad quántica
de la atracción
de nuestros corazones.
Y esta corta travesía
en la trémula sensación
por donde se toca
y retoca el perfil
de toda alma.
Fénix

Palabras, sintonías del fénix.
Tienta mi corazón en el jade meticuloso,
tienta mi más perfecta habilidad de geisha,
tienta un hombre que he hipnotizado
entre esta vida y la próxima,
mi silente historia japonesa,
mi amor lejano vaticinando el brote de cerezas,
el japonés que lleva dentro del, el japonés
que impecable sale a trabajar por las mañanas
una mano fina impulsora,
incomparable piececitos de juguete
pisan la arena, escalan el Fujiyama
llora, llora orador panacea de montaña.
Todo tienta en ti,
y tú tan lejos de mi
isla profusa de las aguas
reliquia de la espada invencible
ninja sutil,
todo tienta en mí, sobre sakura del jolgorio.
El pez comprende las palabras.
Estrella de la noche

Estrella de la noche, minúscula,
brillante, transparente, amante,
como dulce peral constelado,
flequillos de seda, colgados.

Peras de abril, pechos tentadores,
sabor de tus labios, acogedores.

Cielo enamorado que se refleja
entre el manantial y los perales,
madre tierra que sobresale
bondadosa y pareja.

Corazones de almíbares y ardores,
piedra ilustre en Azores
recuerda los paraísos
que nacían entre tus manos,
atronadores.
Por allí asoma un ángel sin aviso.

Una alegría nacarada

Una alegría nacarada
dice que festejada
de sonrisas durará
el existir de la pasión.

El pájaro que lo orienta
en sus pasos iniciales
lo gana en melodías
antes que lo hiciera el albor.

La línea trémula
que divide la alegría
de la tristeza solo es
el eco que lo contempló.

El plenilunio en tus ojos
de la noche arrepentida
para la quietud salud,
para el dolor amor.

Más bien es clara la ilusión
que en llama fue estrella,
volátil halló la galaxia ilustre,
virgen tu corazón.

Luz fragmento del amor
al comando sus suspiros
que al desvelo del misterio
una aurora en el alma quedó.

Atisbé sin conjugar

Atisbé sin conjugar
el sol o las mariposas:
Viento efímero para mi aliento, sonrisa
de lucero alejado en penumbra solitaria.
Arboles enervados, los primeros ensueños
arribaron silentes cuando la arcaica
satisfacción de una estrella me iluminaba.
Agasajos del siempre
instantánea reverencia de los siglos
mi corazón tocó con sus manos brisa.
Mientras tanto mis labios besaron los tuyos
gozando en minué y arrebataron de
la palabra su fragilidad.
Me aseguré en lluvia
de ansias densas y clara se derrama
y me nombra y quizás sea un derramamiento
que se ríe o, instiga rebelión.
Pero conjugarte valiera en los espejismos
no en el chubasco insobornable, tampoco
en el astro inflexible, porque escucho de tu silencio
la recurrente melodía.

Eran madrugadas

Eran madrugadas humectando mi femínea piel, flores de primavera
deshojándose por el jardín vidente, sus pétalos iban soñando
nuestros cuerpos en su esencia más esplendorosa.
Puedo, puedo
en la primavera amarilla lanzar mi primer grito hondo y comprensivo
en la que propongo amarte entre esas alamedas de ningún lugar.
Puedo más aun todavía
sentir la fuerza alocada del viento soplando, el planeta juguetón jugando por las mil noches de caricias de tus manos verdes.

Brillaba suavemente

Brillaba suavemente por todos los jardines.
Luceros tiernos brillaban por tus vertientes,
miel cometa roja de pestañas,
cúpula vidente del mar.
Pieles rosas jadeantes,
húmedo céfiro, la límpida
tersura de nereidas en sus mejillas.
Cataratas, algas, ríos mojando
los corazones y las grutas,
alondra en el cuenco de su mirada.
Diluida, gotea, diluida
se zambulle entro los corales
por mil flores de anilina, como una letra
se taquigrafiaba en el alma.
El primer entorno

Paulatinamente, la luna
desciende por la floresta de la ribera
hasta las cabelleras del tiempo
que sacuden las luciérnagas.

Aquí la vastedad del mar
descansa sobre el costado fecundo
del planeta recuerdo.

Un vistazo reconforta el sollozo de los árboles.

El primer entorno
y su voladizo murmuro en la cumbre de la alameda
de acacias bajo el horizonte descubierto. El yugo
de la montaña vertida a ningún lugar su último lugar.
Qué se abran los ojos a mitad del sueño.
La guirnalda que nacía en el pico más alto
donde posaba la luna, será siempre este lugar
para besar tus labios. Como
si la luna cayera dibujando tú
interrogante timidez.

Calor humano

Calor humano
Calor humano entre el oro blanco y los cristales de tu cuerpo.
Calor humano con la llama fina del amor y el gozo.
Calor humano se declara consistente.
Fulguroso cuando asciende a la vida, fulguroso.
A veces se entiende más callado.
Deseable de voluntad.
Deseable de voluntad con el que nació con su cara de inocencia.
Deseable de voluntad cicatrizó la herida para siempre.
Deseable de voluntad por donde en horas se columpia.
Deseo y voluntad, deseos.
Riégalos por el mundo.
Riégalos.
Aceleración del instinto gota a gota bien pensada.
Aceleración del instinto que se abre no arrepentido.
Aceleración del nácar de la mente, de repente.
Techo que consuela hasta alcanzar un sentimiento.
Tus abrazos, tus caricias, el amor en el trigo enlucido.
Enhiestas centurias

Enhiestas centurias, enhiestas
horas enhiestas
ciénagas, enero último, ciénagas
de ocasos,
en maquinales electrónicos retocados,
polea,
polizón.
El tornillo afloja-ruso
trasquilado
intranquilo
revertido
con nostalgias.
Situaciones politizadas en la voz flemática,
navío bravío de palanca circundante
en el acero,
siluetas de llaves en el fuego motriz
emociones, mecánicas
por la tecnología fría,
arrebato y entredicho
empapado con adrenalina.
Añeja era la noche

Añeja y azul era la noche
cuando la parió la llama
de igual manera el broche.

El cielo, el mar y la nube
en las garras del viento.
El lugar donde estuve.

Verdad deforestada
donde una sombra micénica
pierde su corvo diente.
Un rio de alma estancada.

Oh halito de vernales ogaño,
collado ostenta metáfora roída
por los siglos bisiestos de la nada.
Era el único retrato extraño.

Molinos de vientos

Molinos de vientos y ojos ciegos
persistentemente buscando
sus espacios andariegos.

Hay curvas cercanas y lejanas
siendo doradas y plateadas
giran en el cruce de lo eterno.

Sienten el sabor de la querencia
y cuando todos hablan a la vez
anotan el ritmo de su cadencia.

Desde su lecho holandés
fuego en sus pupilas se levantan
y gritan que de la mano los llevés.

Metal, retina ambarina, artesanal
alerones, el atónito aleteo.
Labios contra labios, el beso bifocal.

Tierra acariciada

Tierra acariciada madre
vientre de luz solitaria,
la forma de la oscuridad
es la sangre de tu claridad.

Perla pulsativa de la historia,
letra predestinada a engarzar
la flor que se teje en la sombra
con la frágil espuma al despertar.

Cristal verde de certidumbre
que cavila entre los sueños
en su legado de hojas matices
nace un pájaro de costumbre.

El carmesí sabe a tu desnudez
a favor de las modernas cosas
que te sostienen y te dicen que
en tus entrañas no hay escasez.

Memoria espejo

Amatista de la memoria espejo
en las noches claras de Abril
el horizonte es quien apaga la luz
y el frio de la montaña su reflejo.

El retorno de tus grises ojos
dicen y dicen que lo abarcan todo
y una ola del ansia imposible es:
pétreos paraísos de tus mares rojos.

Niña del juego encontrado y perdido
al inventarse dos o más palabras
vuelve a repetir el mismo y suave
movimiento, ya oculto ya silente,
no en vano súbito y sorprendido.

Ser tú el todo y ser la nada
ningún horizonte ya se pierde,
andar, andar y andar sin especular
andar en la barca abarcada, regresar.
El pelicano peligroso

El pelicano peligroso pela pieles.
Dobladillo doblado y terminado.
Dogo dogmático y dolarizado con
especialidad en maldad, malta.
Los ojos mustios sueñan musarañas.
Molestoso y molido está el molinero,
era jardinero, era, era panadero.
Qué molesta esta espina en el zapato,
bato, bato el chocolate mate.
Penicilina penosa sin penetrar en los
poros. Loros buscan sus estacas en
lugar que los aclimate y los hidrate.
Lluvia de tristeza y Consuelo Melo
salen enrolladas en su propio pelo.
Recuerdo que arde y se consume
en su consomé en desacuerdo.
Las hormigas son amigas de las migas,
y no hay Dios que las bendiga amarillas.
Mi entusiasmo con espasmos se cura
de un solo cuajo con agasajos.
Te enfocas y te desenfocas cuando
miras a las focas en las rocas.
Entreabiertos los ojos del muerto
tuerto, el frio lo enciende y su alma
se desprende.
Soy la reina de la selva Malva en el
desconsuelo, el alba.
La amenaza de un astro casto que
detecta la NASA dentro de un canasto.
La audacia del engaño huraño, su crueldad
su falacia en la democracia, serio, serio
pero ebrio.

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Esta entrada fue publicada en julio 10, 2016. Añadir a marcadores el enlace permanente.