Poemas Sentir Amaneceres III

Una afirmativa dinámica

Una afirmativa dinámica de objetos
Los innumerables sucesos de mezclar ideas.
Lo maleable, lo inflexible
Como una línea librepensadora,
Mi corazón se incorpora vertical en el crucigrama
Y mi cuerpo en el macizo espinazo del chispazo
Cabal al centro, adentro.
Una libélula madreperla, deseo complacerla.
Una ventana adornada con campanas aldeanas.
Un perro electrónico que sabe torear y cantar.
Una afirmativa dinámica de objetos.
Un acordeón acorde aun dentro del desorden.
Un toque impreciso como el borrón del renglón
Cuando parpadea pragmático.
La práctica, la presentación y el deseo
Levantan sonámbulas las pupilas del rompecabezas.
Y yo ciertamente lista a volver a empezar de nuevo.

Vamos al embate

Vamos al embate embaucado
Al alfa alfalfa embelesada
Al embrollo embromado
A la energía energúmena
Empatamos y nos vamos
Volvemos a empatar
Al enganche de nuestros cuerpos,
Que asoman con frecuencia ver al sol
Y nos toca del ladrillo rojo, su color,
Del ladrido de la mula, el bozal derribado
De su lactancia, al lagrimal acongojado.
La satisfacción del pubis
Y su labia laboriosa,
Sus fechorías y habladurías.
La merluza sin escama ni pelusa,
En la cama quien la ama
Y quien no la ama, la desmenuza.
Torrente, torrente, torrencial
Tórtola con cuello de tortuga
Tortuosa tortura
Entre el émbolo y el embudo
Apelotada a fuerza, linchada
Licenciada en embutidos
Su única licita profesión
Que profesa durante su persecución.

La osa rosa

La osa rosa osada y amargada
El monte olímpico del olimpo
El oso osa odisea odiosa
Al omega pega, pega
Alameda me da miedo
Bravío ojo vigila chacal de charco
Oleaje de pelaje ola, hola
Hermosa moza acosa airosa,
Airoso vanidoso mentecato gato
Tembloroso ramaje agua viva
Agua viva, viva, olé, olé
Verbo yergo al ojo tuerto
Flota, rota la flota
Presa va la presa persa
Tamal que siente, está mal
Ardiente diente armiño
Encierro encima de emboscada
Fuga fugaz del fugitivo activo
Entredicho dicho y hecho
Rito frito está, en el parco prado
Hongo honesto y honorable
Honorable cargo honra corazón
Gobernante gobierna goleta prieta
Aprieta a la corneta anacoreta
Canela cancela al canalla raya
¡Vaya! Vaya Ud. con Dios, adiós.

Triunfa trompeta

Triunfa trompeta piel de espora cual hoy me implora
Lora longeva de cien cabezas, pereza, pereza espesa
Nube que baja y sube, nube de nube, nube celosa
De losa oruga verruga en su escondite seda cede
Se da bella vellosa bellota empolva y desempolva
Mueca seca de la seca a la meca, a la biblioteca azteca
Jaqueca que cala hondo, saya sintética y cibernética
Sin ética, cierra el ombligo conmigo y me abrigo contigo
Rodrigo, ¿Cuándo me llamas si nunca me has llamado?
Llámame, ámame, abrázame, no, no ahora, mañana
Veré piraña con migraña y comerá arañas y araña.

Qué me falta

¿Qué me falta para chapotear la mañana?
Computarizo con el pulgar el ombligo modular
De la estrella extraña
Y por ese ombligo la imprimimos
Cómputo la compostura del compositor, compota,
Pero no nos compromete.
Se hacen medievales los megabytes
Pero precoces la precaución de tenerlos,
Ni el privilegio, ni el saber de las manos,
La viga vigente, y el vínculo de la viña, por voluntad.

El amor pone el dedal en su dedo
Engancha
Vemos decorar la ventana.
Estrechamos hilos para crear cornucopia,
Piénsalo de esta manera:
Quizás tengan un copete las nubes
Y cuando alguna mete las de andar
Quedan enchorizadas,
O el viento las extravía.

Arribé al toque

Arribé al toque de la luz naciente.
Las castañuelas emprenden su danzar
Dejando emancipada la voz del corazón.
Mientras la maraca al otro lado del Atlántico
Toca entre palmeras que crecen en muto acuerdo
Tan solo al piropear contemplando mí silencio.
Silencio dentro del movimiento, al ritmo de tu ánimo
Y el mío, reprimido a veces, repetitivo como el respirar.
Empiezo y trueco

Empiezo y trueco al extremo
Santo blando y cascanuez
Insípido
El viento por última vez
Agua y carbón la cruda carátula crujiente
No saber dónde se pone
No saber dónde curvar
Tú eres
Yo soy
Se quiere ensanchar la grieta
Alguna vez nunca he sido preguntada
Pero pretendo esquivar las espuelas de las tardes
Experta e inexplicable plantada en pleno día

Tu cuerpo enredado

Tu cuerpo enredado entre los eucaliptos
Presiente la distancia en la distancia
Y un jilguero azuloso, azorado de recuerdos.
Tu amor es más aquilatado que las caricias
Que hacen tus manos.
Amartelada, durmiente me encuentro
En un símbolo de tu presencia,
Tu calor me sirve de perseverancia,
Como una dilatación de alegría.
Un túnel de laureles inestimable
Por donde tú y yo pasamos
A repasar el tiempo y esperar el minuto
Que nos une carne dentro de carne.
Merezco no vivir detrás de la timidez
De la puerta indeseada,
Retorna la mariposa hada, roturada
Es la posibilidad de ser nueva
Es la posibilidad de ser tormento
¿En cuál de ellas me ahogara?
Oscilación de amarantos, pasión de enebro
Te enrosca en esa botella que se tiró al mar
Hace quinientos años.
Voy sobre

Voy sobre la hora montada
Yuma yuma ja ja pio, pio dijo el tigre
Miau, miau su mamá
Cinco cuernos tiene el gato
Siete patas para lazar
Ándele, ándele noche de ronda
Cara, carísima carismática
Ensoñada, ensoñadísima
Los diez delirios de la luna
Lunada, lunadísima sonada
Enramada hecha de la nada
Nadadina precolombina espina
¡Au –au- au -au! Seca tomate
Muele el maíz, bate la olla
Todo o nada, nada y todo
Todo, todo en Cuasimodo
¡Vamos chilote derrite!
Masaya, Masaya suena la marimba
Granada saca la espada
¡Ay, ay! Madreselva malva
Salva salvador de felpa suavísimo
José Traña trama la tragedia de Dante
Antes que se le adelante el almirante
Los tres hijos del sol con la cenicienta
Sus tres martirios solares
¡Yuuuju! Me ama, no me ama
Que importa lo importante es
Amarse a sí mismo
Papalote fantoche pela la pata
Chancleta bicicleta armada con pistola
Bang, bang, el golpe con una escopeta
Me condimentan y me cocinan
Me hacen barbacoa boa, boa
Pica y pica y rasca y rasca resaca
De madrugada fiero, fiero era agüero
Cola, cola en bataola
Pajarracos

Vuelan los pajarracos
Con sus patas brunas
Extendidas lámparas
Entre lámpara y lámpara
De bote en bote
Sobre techo en techo
Laberinto andando
Radiactivo pico picoteando
El jardín de la casa verde.

El misterio del meditativo Atlántico

El enigma del meditativo Atlántico
La medusa y la diminuta mano
Que en el mar navega su piragua prieta.
En piruetas se enreda tu cuerpo con
La brújula que guían buques de turquesa
Y en la noche que te piensan el negrito
Baila de cabeza.
Rítmico como la salsa tropical
Suave como la piel morena del anochecer
Danzarina como las muchachas del jolgorio.
Apagan la luz, azul, azul sin comulgar
Y colérica la tarde con su cola claroscuro
Ríe en el túnel de los campos, ríe, ríe sin parar.
En un canasto camuflado va el viento que te encierra
Y en caracoles de botones brota tu enloquecer.
Todos te ven pasar cuando te cambias al rey del carnaval
Todos te sostienen cuando vuelves al mutismo de las olas.

Hay mañanas

Hay mañanas como pieles tersas y lozanas
Mi cintura es la orilla del mar
Una rosa se entroniza en tus ojos
En cada hoja una gaviota suspira por las tardes
En cada tarde martilla el pájaro carpintero
En las alas del pájaro carpintero las horas anidan
En las horas un paisaje pintoresco
Las estrellas son de plumas y de polen
Vuelan en el aire, abanican la tierra
La serpiente serpentea entre los arbustos
Inoculando sapiencia con sus colmillos
Dejando en su inoculación a la piedra atolondrada
Porque la serpiente es el saber del mañana.
Montañas, fuentes como leche condensada
Huertos giratorios y rocas fosilizadas
Es el tiempo aliento, necesario y simple
Que se agranda como el crepúsculo de un astro.

Nada pero nada

La puesta lenta del sol en las aguas del Mediterráneo
La brizna que humecta las hojas de los árboles
El rojizo atardecer bajo tu almohada
La famosa muralla China y su recorrido
Los tulipanes en los jardines holandeses
Las montañas altas y nevadas de Vancouver
La tecla melodiosa que requiebra en tu corazón
Las rosas que brotan cada madrugada en el Stanley Park
El arcoíris y su arpegio de colores,
Todo y nada es tan maravilloso como la manera en
Que has conseguido conquistarme.

Ágil malabarista

Ágil malabarista
En el margen de lo iluso
La gimnasta en su doro
Malquiere a la hoz
Y al martillo hipocondríaco
Donde demanda desmantelar
El espectro de su pasado rancio,
Los libros, las revistas, los periódicos
Lo prohibido mímico
De sus palabras hostiles,
Doble ejecución, la arremetida
Mito, deidad y opresión
En el arco del mundo, pequeñez
Érase la nieve dura de memoria y
La tecla digital, la tecla de la derrota
Que se transformó al sobrevivir.
Renacen

Renacen planetas en la duda del horizonte
Florecen melancolías en los sueños de la fruta
Se tornan mal pensadas la montañas de Vancouver
Danzan los siete cabritos en un círculo de fuego
Corren chorros de dinero en la campaña de Trump
Llueven peces de colores en los ojos del alcaraván
Navegan submarinos en las aguas de la pestilencia
Caminan en puntillas los astros en el universo
Pelean entre si las siete hermanas pléyades
Saben a leche condensada los besos de Romeo
Tiemblan de frio las calles canadienses en el invierno
Silban las hojas del peral cuando están alegres
Se enloquece el micrófono cuando canta Justin Bieber
Hacen el amor el sol y la luna durante el verano
Escupen de sus bocas iPads los robots electrónicos
Miente y sigue mintiendo el cerebro de la piña
Tocan serenatas en la garganta de un sapo muerto
Tratan de hacer paces la verdad y la mentira
Desconfían del cerebro su alianza con el corazón
Sellan los párpados del tulipán y lágrima no escapa
Congelan los sentimientos del mundo entero
Fijan su fecha de boda la ternura y la felicidad
Padecen de depresión las nubes y se ponen a llorar
Crecen manos en el pensamiento de un mango maduro
Clonan el pensamiento amoroso de un pájaro galáctico
Vuela el pájaro galáctico en el valle de los suspiros
Analizan la depresión de las nubes y reciben terapia
Resuenan en el alma las sinfonías de Beethoven
Emergen arañas de la inteligencia de un oasis
Desgarran el instinto de un pez, se lo come una sirena
Queman la memoria de la tristeza agonizante

Atlético en la cúspide

Atlético en la cúspide del anochecer
Tajante en el olfato del clarín
Soñador como las madrugadas
Atiborrado de luceros lapislázulis
Enciendes tu alma y empiezas tu recorrido
De valles florales se llena tu cuerpo
De lluvia entonada se humecta
Tus manos titilan
Y tu corazón late con piedad
Late en el mío, lo nutre
Lo nutre de amor
Con tus besos
Como el pan de todos los días.
De tu voz se sostienen las nubes
Se expande el universo
Y en las aguas de tus mares
Nazco en forma de:
Sirena,
En caracol,
En peces de cuarzo,
En barco que se pierda a la deriva.
Tu mirada y la mía:
La flor en la libélula
Por donde abren las puertas del misterio,
La quinta sinfonía de Beethoven entre planetas
La música permanente en nuestras galaxias.
Con el alma, con mis ojos

Con el alma, con mis ojos
Firmes asomados al anochecer
Vislumbro los astros y sus figuras
Y desde el fondo de mi ser,
En el valle rojizo de mis soles
Los palpo, los exploro,
Relajados, optimistas,
Brillantes y profundos,
Como si mi sangre fuera
El mismo universo,
Allí perenne están girando.

Hombre de besos inmortales

Hombre de besos inmortales
Que divagan en mi corazón de melocotón
Verdes y dulces como el bostezo del bosque.
Hombre que cabalga en los caballos de la luna
Se inmortaliza ante el piélago de un astro
Y expande el abanico de su razón
Que pausada trepa en las plumas del faisán
Lánguido en el terciopelo del azur pensante
Caes en el gemido de una pera en espera
Y te bañas en los corales inseminados por la lluvia
Entre volcanes Nicas se tienta tu carne
Oyente como el mugido del orégano
Te alistas para la marcha elocuente del granizo
Que encubierto dibuja el pináculo pincelado
Buscarte en la distancia

Buscarte en la distancia del péndulo
Tan sólo encontrar la cripta de la nieve
Buscarte en la membrana de una década
Tan sólo encontrar la frontera desgarrada
Delinearte en el pico de un quetzal
Soñarte dentro del ojo de un tornado
Presentirte en las palmas de mis manos
Cuando tú merodeabas en la cola de un cometa
Y dejé de pensar en ti
Caminé entre los tendones de la Parra
Y pude oír el rimar de la cantata Pitagórica
Y entonces brotaste del vaso de la mermelada
La cuerda

La cuerda telescópica de las campanas
El aire sonoro en la sombra melodiosa
El almíbar fugaz de la melancolía
Una rosa carnal en el eco del recuerdo
La flor que nace en la pared invisible
La tierra firme del pan enmohecido
Las vacaciones olvidadas de las noticias
La manzana que se deleita dorada
El alegre funeral del pájaro bermejo
El corredor de la fama y su poción mágica
Un turista caminando por el Madison Square
Todo esto reflejaba el fondo de tu mirada
Después del anochecer relampagueante

Fotografías del insomnio

Fotografías del insomnio
Moderna ideología noctívaga
Renovado pensamiento
Desliza con ambiciones
Tomando las pequeñas cosas
Como la desnudez del nombre
En un arrebato de luces
Que se apagan y se encienden
Dentro de sí mismas
Y estallan alumbrando
Nuestros cuerpos
Y es el sueño de mi noche.
Picotean

Picotean, picotean,
Las codornices
Y en el relieve del paraíso
Al filo, filo, la sed de sus gargantas hablan.
Puyan el dorsal de la mazorca,
Rastrean su picotear
Y en las telarañas de tu cuello
Germina un índigo alfa sin principio.
¡Ah, no te asustes!
Presente, presente, ausente
Picotea, codorniz, picotea,
Lo que perdure tu andar
Perdurará este enigma en otro paraíso.

Las comillas y los símbolos

Las comillas y los símbolos
Entraban ordenados, disparejos
Cada uno en marcha de rotonda
Sobran de canto ganzúa
Chocarreros en Junio redonda
Se interrumpe la paz gansteril
Babean el boceto febril
Consumen la carne del gato
Se enojan en el ciclo menstrual
Se quieren independizar
Ovulan simétricos, ovulan multicolor
Se pueden leer y contar
Por una luna de sangre atraviesan
Se mojan en el remolino de la histeria
Toman impulso afín
Más en serie que nunca, más que nunca
Recortan su piel de lobo y cordero
Cruzan un llano de hormigas marcianas
Tiemblan en la frente alada del conejo
Revolotean a la deriva saliva
Se hacen peluches de un peluquín
Se empujan, pujan, se multiplican
Se dividen, se contabilizan, arquean
Lagrimean en Junio
No en Abril, nunca lagrimean.

Si debo teja

Si debo teja pelmazo
Pellizca uña pezuña
Espontáneo de abrazo
Carabina de derrota
Gaita en la frente
Franco valiente
Recuerda tu hijo
Burla y celaje
Lápiz de maquillaje
Respira hondo
Mandolina, mandolina
Caduca en la nuca
Mandril manda
Dos en dos
Cuatro en dos
Manecillas y tos
Demasiada pereza
Corazón se estresa
Mutila Atila al camaleón
Nerón y su pantalón
El muro de Berlín
Y el mago de Merlín.
La carencia erguida

La carencia erguida, antipatía antioxidante
Las tres carabelas con la caradura pura
Fogosidad del géminis etapa del esturión
Exorbitante excusa acusa la mancha
Padece, parpadea, parcial, imparcial
Arremete el jinete caballo cochero uno
A uno, cinco en cinco la casa del brinco
Regio saber que la verdad se restriega
Refrita suscita avalancha dramatizada
El reproche que lleva broche de acero
Resfriado reemprende reengancharse
Activo y subjetivo, virulento y selectivo
Motivo que deja morriña metódica y
Espática, escolástica lentejuela malsana
Reina victoria de las mañanas lejanas
Recordar, recordar el raudo viraje del
Pájaro y su plumaje, salvaje paupérrimo
Patriarcado patentado por tres jinetes
Que llevan aretes con equipaje pagado
Pacto de pacotilla comen ardilla pagana
Palmear, palmear y comer con las manos

Lucía cuerda

Lucía, lucía cuerda
Lucía cuentista sobada
Mi niña eras tú, criolla
Criatura mocosa garganta
Guajira tapa la olla
Pinta pelo cobrizo, abrillanta
Farsanta de ojo achinado
Zapato que aprieta coqueta
Lucía María sentada desvaría
Mi amor te pido silencio
Pásame el cigarrillo del mío
A poco se sabe la historia
De que Lucía amanecía
En una buhardilla amarilla
Con qué conquistar
Tus ojos de hielo
Pintar la noche de arrullos
Y la luna gimiendo
Mira mi boca aturdida
Mira a Saturno taciturno
Mañana será otro día
A todos nos llega su turno
Un imperio dormido en su cama
Otro despierto en el cementerio
Tenue vórtice

Tenue vórtice
Que extiende las huellas
Del amanecer.

Selva de cenzontles,
Tú te quedas dormido
Sobre el claro de amor.

Manos que tocan
Tus miedos y el agua
Que borra el pinar
Despechado.
En espirales

En espirales, la noche descose
Desahogo reciente, platino
Quitasueño, se acaba, empieza
Victoria rebelde, suspenso
Recurrente al preámbulo, vacía
Dinastía, te lleva
A una obtusa contienda, observo
Como todo es un melodrama arduo
Impulsivo, guerrero de oscuras
Insignias veladas, ademanes.
La señal

La señal eterno es eterna
La señal silencio es silenciosa
Las dos son eternas, silenciosas
Una a una intentas nómbralas
Sin que un reflejo pronuncie su señorío,
Un crepúsculo enumera en que trayecto
Está la oquedad en que te estremeces.

Llegan al filo de la veracidad y vuelan
Como dos alas con el viento
Esperando que en su vuelo
Te lleven a su conquista enigmática.
En el cielo estaba

En el cielo estaba
Precisa, sumisa, la poesía.
Precisa también,
Se encendió la aurora boreal,
Encarnada, acantilada
A penetrar entre pilares y poesías
El chopo de seda, vasijas finas de palabras
Se enternecieron con ellas.
¿Rimarán ambas?
Talvez, en lo inmediato del amanecer
Cuando ya puedan centellar
Algo más escarlata, en ocaso,
Esa maravillosa aurora boreal
Es la que atrae luz del relámpago
Como toda palabra de esperanzas.

Gato angora

En verano, gato angora
De cultísimo pelaje conservado,
La cola mueve dentro de las hojas.
Rasguña la maqueta en que se inclina
Decisivo incisivo montañoso
Salvaje aligerado pasa del azul
Al abedul al índigo al verde.
Como los presagiados dientes
El bigote negro blanco y tupido
Que le crece siempre.

Cada día

Cada día inexplicable, cada día
La extrañeza ondula secretos y esperanzas,
Y un sollozo de incontenible avidez
Suele declamar poesía, gozosa se dispersa.
Y el abedul soneto de música escarlata
En la explosión estelar de la alborada,
Solo es la valoración y conteo de tu espera.

Liberada encalada

Liberada encalada, mariposa,
Buganvilla sonrosada, ajustada corbata,
Cabalgó mi sangre con emulsionada primavera.
Exudó la fúlgida quimera,
Magnetizan mis venas tu pedúnculo;
El sensitivo espolón que mi corazón ensalza.
Revienta margarita tuya en los lúgubres jardines;
Oh, deshójame tú, vulnerable vénceme
Con tus manos colmadas de tu fresca seda.
Justo a su medida cabe como anillo al dedo en mi pecho,
Te acoplas, me acoplo, nuestros labios se juntan
Y una chispa asoma en tu cumbre sumisa.

Amapolas

Amapolas, jardines en tu cuerpo;
Su néctar me incita,
Sostenida entre tus labios
La fuerza íntima del pistilo.
Escarabajo del pezón, lenguado
La suave areola en las yemas de tus dedos
Como abanico de relámpagos, coleteando.
Ya entiende mi tacto el tenue hormigueo en tus oídos,
Y es una luciérnaga que habla de tu infancia
Y sabe a tu cuerpo
En mi cuerpo llevo la fragancia
De las amapolas. Son amapolas, jardines en tu cuerpo.

Tú queja

Tú queja silenciada, en mundo coniforme
Hervidero movible venidero, asidero.
Mi cuerpo lubrica su deleite en la
Envoltura imberbe del jamás.
Súplica, súplica tierra conjunta, súplica
Sarro de lenguas motoras, motricidad difunta.
Se junta en derrumbe, se hunde en el petróleo,
El óleo le devuelve su movilidad, afín afinada,
Afianzado tributo de treinta centavos que puede cargar
Un dialecto en lo tridimensional del tridente.
La pasión es una caracola de luz

La pasión es una caracola de luz
En cada rincón de tus preguntas.
Tu corazón y el mío es la placenta que
Nos envuelve para gestarnos de nuevo.
Nuestro destino es tan solo luna llena
Al otro lado del rio.
Me besas, te beso, vamos germinando
Por dentro y por fuera, vamos madurando.
Una línea vertical desciende del cielo y
Y la distancia que divide, ahora nos une
Por eso nos crearnos y recreamos
Dentro de nuestros propios pensamientos.
En su corola humectada, el gladiolo nos
refresca y nos duerme.
Vamos cavilando con equilibro de balanza
Mientras nuestros cuerpos en un eclipse
Estelar nos ayudan a imaginar.
La tierra nos devuelve la infancia donde
Hemos soñado, la noche se estira en la
Pupilas de nuestros ojos y el día nos
Dibuja en las orejas paisajes de amor.
Pero entre tanto, Dios no nos puede
Abandonar, el agua aplaca nuestra sed
Y el pan nos alimenta.
Desciende elástica

Desciende elástica
La espalda de la luna.
Se pintarrajea el sol
Y se contempla en su espejo celestial.
Se exilia el amor en mis ojos,
Se mueven gozosas mis caderas.
Mi carne recuerda la flexibilidad
De tus emociones.
Seguimos el camino del gato
Para vivir sus siete vidas.
Para sentirte me basta pensar
En el puma hambriento.
Somos la furia de la espada
Lubricada con su lengua.
Eres el rey de mi propia selva,
Yo, el pájaro sumiso que te canta
Todas las mañanas.
En el hilo de la araña nos balanceamos,
En su piscina de saliva buceamos.
Nuestro hogar es el laberinto erótico
Del búho reverenciando al falo
Decapitado buscando su perfume de piel.
La mañana se petrifica dentro de nuestros
Cuerpos y mudamos en dos bellas mariposas.
Las placas de todos los carros del mundo
Llevan nuestros nombres escritos.
Somos dos grandes limosinas de linajes,
Dos corazones portables con ruedas,
Nuestro equipaje.
Viajamos por el mundo a través de correos
Electrónicos.

Somos un heptaedro

Amor:
Somos un heptaedro frente al mar
Un punto suspensivo y enflorecido,
Cascanueces geométricas cara a cara,
Vértigo del sol, epifanía en sus aristas.
Campo retorcido que arranca en líneas,
Tenía quince años cuando aquel
Sueño azul descendía vertical.
Era aquel vaso lleno de agua
Que aplacaba mi sed fantasmal.
En la superficie cónica del universo
Te entregué el himen pasional y no
Cesabas de besarme.
En la ecuación cuadrática del beso
Trepé a tus labios y me protegiste
Del error matemático del miedo.
La claridad rómbica, el espacio
Infinito donde tú y yo nacimos.
En la cima del Kilimanjaro exclamé:
¡Somos la suma de dos funciones
Algebraicas confusas!
Frente a la nada todo, todo y siempre,
Siempre salimos de la nada y del todo.
Casi, casi siempre donde el heptaedro
Nace, nace la fortaleza con que se mantiene
Nuestro amor.
El vértigo de la pasión

El vértigo de la pasión no es más que la inquietud
De aquellas horas de Abril en que uno podía
Oscilar en el péndulo, el pensamiento de una
Letra.
Es más común nuestro mundo en un simple
Reflejo, que el reflejo fotografiado que palpita
Pero nada fosforece.
Porque si tú y yo existiéramos, nada frente
Al contraste del páramo, nada, solo tú y yo.
Lo extraño se apodera del inédito deseo,
La suave timidez nos transforma en fósiles
Milenarios y sus estatuillas aledañas.
Los objetos son extensiones de la cuadratura
De tiempo, llegamos no vencidos, cansadísimos.
¡Ah! Mirar el entristecimiento del gato,
¿A quién cuidar en sus siete existires?
Siete existires, siete colores en su larga y sensual
Compañía.
La esclava realidad, el momento que se
Alimenta del neumático claroscuro de la
De las cosas, solo existe a veces alegría en su
Exterior.
Pasamos desapercibidos en este corto viaje,
Sordos de amor y del rumor de la lluvia sobre
Los sauces llorones.

Hipnotizada

Hipnotizada
En tu nostalgia, cuerpo solo el tuyo,
La perpetuidad de la noche abundante,
El faro que prolonga la dicha de inventarte.
Sol que se levanta de la penumbra,
El beso insensato trasquilando la calavera
Monocromada.
Más duró la vieja comadreja ocultando
El amor y el volumen de sus voces, que
La confesión sincera donde se rendía
Un saltamontes. Tú no te rendías al amor.
Quedaba todo intacto entre nosotros,
El temblor solo repercutía en el marco
De tu ventana.
Era solo danza cada instante con los
Brazos ciegos. Pero la danza del instante
Es el instante mismo, la memoria
Silenciosa que ha decidido quemar
La triste realidad en algo, con el buen ojo
Del pasado.
Desde hace tiempo

Desde hace tiempo
Vengo siguiendo las huellas del papiro egipcio,
Encuentro cada signo que es lo que es
Y lo que quizás no pudo ser,
Lo que habituaba decir y lo que nunca dijo,
Lo que dice ahora,
Más el tiempo que transita por el
Laberinto del Esfinge y el abismo
De su cuerda transparente.
Lo correcto y lo que no es,
El equilibrio del camello y la sensación
De sentirse confortable o inconfortable,
Dominaría mejor insobornable, dormitaba en la boca
De un oasis, todo se expresa sin razón y con razón.
La letra representada por una pirámide,
La mayúscula parte de la costilla de tu
Corazón auricular, mientras se llena de arena.
Pasar de la materialidad de las palmeras
Al aroma fino de tu cuerpo, no renunciaría
En el nunca jamás a este regalo incoherente
Aunque corra el riesgo de columpiar perenne en
La luz oscura.

Debut de la astilla

Debut de la astilla y su modo de vivir.
Cuento que cuenta y se mete en enredos.
Me lo dijo mil veces, en voz sonora,
Se expresa y se pierde y se vuelva a
Encontrar mirándome en su dramatismo.
Bajo el telón de la telenovela que está
Revista y soslayada y cabizbaja,
Siempre hay un momento resumido
En la taquicardia de tu abatida mirada que
Con sus dedos exclamativos me señalan.
Debut del consorte y de la quietud alada,
En la garganta onomatopéyica, el agua
De los gestos se estanca y padece de
Una sed de batalla, se desenfunda el furor
Del estío sobre la muralla.
Voy disolviendo las huellas de mis pasos
Para hacer el mundo más alargado.
¡Que ilusión tan rara!
Te veo y no nacen los mares, la sierpe
No busca las mocedades. Solo decirte
Adiós para continuar la marcha, porque
Si continúo viviendo entre tus brazos,
Seré la invitada atada.

Pilares romanos

Pilares romanos exuberantes
Entre un cielo y mar de gotas acicates,
Ruinas clásicas envueltas,
Visión de una revuelta, exaltación
Como golpe propinado, y
El creativo salto derrumbado.

Templo hecho en la tempestad,
Atrás dejó lo que había sido,
Sinalefa veintiuno, velocidad,
Éxito redentor, ninguno.
Del opresor al oprimido
Del oprimido al olvido olivo,
La mano uniforme que sutura
El error.
Otros en cambio añoran
Las máquinas, los robots
La serenidad electrónica
El nacimiento de la cara biónica
Tras las cortinas fermentadas
Y las monedas añoradas.

Veracidad, vertiente del instante
Es probable, que lo haya dicho todo
Es probable que no haya dicho nada
Es probable dentro de lo más
Probable, que un meteorito
Caiga y el mundo se acaba
Pero es más probable todavía
Que tú y yo seamos en esta vida
Un casual respiro dentro de una
Encrucijada.
Las constelaciones de las palabras

Yo recordaba las constelaciones de las palabras,
Algunas opacas, brillantes, rimadas, opuestas.
Indagaba en ellas lo que de lejos no entendía,
Lo que jamás se pudo escribir y transcribir
Un signo, el significado de sus pericias, la hebra
Sinalefada que la transportan de lleno a la vida,
Tan pequeño el tiempo de sentirlas.
Cuánto se descubren y cuanto se pierden
Siempre han hecho lo que han querido.
Con sed de garganta van asegurando sus pasos
O imaginadas se convierten en cuerpos silentes,
A veces el miedo algo les enseña y la sigue
Pero las sigue sin ser agudas, graves, esdrújulas,
Inseguras e insatisfechas hacia el impulso
De tentaciones y olvidan su música y sus funciones.
Algo milagroso entre medio del diccionario,
Nunca pierden su adorno onomatopéyico y van a
Dar al paraíso del vocabulario,
Si esto no me gustara, de inmediato se los hago saber.
He pasado repasando el abecedario que prende su
Llama en el vacío y les confieso que las silabas y las palabras
Llevan calor pero no frio.
Y para concluir, les digo, que así un tanto raras,
Se han dado a conocer.
Alondra sin alas

Alondra sin alas, estrujada en signos,
Espuma ebria de gaviotas, fotografiada,
Melancolía en la puesta astral de Mayo.
Una guitarra con el corazón roto,
Un alma diluida en la oscura luz vespertina,
Aullido de un lobo herido,
Sed encendida en el desierto.
Tropiezo y me levanto con paciencia de huracán,
Acaricio las flores
Y escucho su música.
Cuerpo que suda en el frio,
Ruido seco de madera,
Débil luz de estrella,
Corazón de araña trepadora,
Palabra truncada,
Puerta crujiente,
Y tormenta del pasado,
Lo que alguna vez fui.
Penumbra errabunda

Penumbra errabunda del presente,
Coyunturas amorosas de las piernas,
Hermanos de la pena capital, gemelos,
Selfies instantáneos del alba,
Vacilaciones de Obama con el aire rancio
La suma de sus años mal dibujados
Sobre la alfombra voladora de asfalto,
Árbol de hormigas que bajo su sombra
Te vuelve transparente, y sino
Te amenaza y te ordena en categorías de insectos,
Gime el agua esparcida, la recuerda el humo
De las cocinas y precipita el verano de las lámparas,
Llueven en las calles de tu pecho pero se
Enciende una llama que le da calor y rezas
Veinte avemarías, por el mundo del juramento,
Por si nuestras almas se escapan de las cacerolas,
Por la señal de mis rodillas y su clara melodía
En la hora ora la delicia salada del tulipán
Que con prontitud convierte nuestros cuerpos
En afiches de neón y al parpadeo de luces se excitan
Recordando sus vidas y trayectos en una canción.

Con tus ojos

Con tus ojos me hago
Una lámpara que alumbra.
El silente universo
Y sus cabellos de algodón.
Todas las estrellas
Surfean en el Internet.
Me enamora
Un puercoespín
Con sus bucles de oro.
Mi espalda, un
Corral de animalitos.
Descienden flexibles
Las piernas de la lluvia.
Te amo
Con violencia gallarda.
En mi carne herida
Escucho tu voz de entierro.
Tus dedos palpan
Mi debilidad.
Soy el trigo que agoniza
En tu lengua loca.
Todo cae de las nubes
Con su llave mentirosa.
El grito del gato
Y sus alas de pulmón.
El cero y uno infinito
El número telefónico de Dios.
La amiga mitómana
Colgada de un clavo.
Remienda el pasado
Con hilos de dignidad.
La amnesia de mis huesos,
El dolor de cabeza del
Corazón y su actitud destructora.
El palmípedo otoño
Y la aventura humana.
Tu amor, el azúcar
Permanente de mis días.
Torrentes, mar

Torrentes, mar, cascadas anegadas,
Ciprés bajo el cielo cubierto de golondrinas
Por el divino terciopelo.
En el espacio blando, la sombra escarapelada
En peregrinación que eleva mis ojos dentro de tu
Corazón azul.
De la llanura vertida al mar, al mar el único retorno
Donde mi destino se hace polvo. Se contenta bemol,
Devuelto lo imposible se ha guardado en el mar, al mar.

Nuestro amor invulnerable, cálido acero sin cerrar
Murmura en la cima de la espesa arboleda,
Porque soy de esta orilla, de todas partes,
De todo sueño, que se queda en el diluvio serafín
Sin poderse anegar.

 

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Esta entrada fue publicada en junio 11, 2016. Añadir a marcadores el enlace permanente.