Archivo | junio 2016

Poemas Sentir Amaneceres II

Bronceada desde

Bronceada, diluida dentro de los confines del sol
Con mis párpados fuego y sus sumisas pupilas.
Si no me acaricias me pierdo como la alborada
Ensombrecida por oscuras estrellas.
En tu océano navego como barca tranquila y
La brisa desde arribe nos sonríe.
Hay días de lluvias, días en que solo escucho
Tú susurro; mientras tu corazón es un libro
De cuentos románticos al que me pongo a leer.
Soy cien corazones en uno, soy un alma contenta
Que centellea como haz de luz, cien corazones
Que me rodean.
Caer rendida sobre el manto astral de la noche,
Dormir entre sus alas de nieve y su follaje sonoro;
Luna más luna su canto de cuna, sus misterios
Que atesoro.
Se traga mi clara visión la última demencial inspiración
De un poeta, se convierte en letras, se hartan mi
Razón, me hacen poeta.
¡Olé, olé! Fogosidad de mis piernas haciendo
Ruidos, sin poder escapar de su música atolondrada,
Pero al final me hacen reflexionar que soy nomás un
Pájaro comiendo migajas de pan en otoños ruidosos.
Me sueño imperfecta y feliz reclamada solo por
La inmensidad del mar cuando se despoja de sus
Fatuas olas miopes.

Mundo de constelaciones

Mundo de constelaciones tranquilas,
Hay una en mi pecho que se deja
Acariciar.
Garabatear la piel de tu alma me
Hace una diosa que busca la manzana
Prohibida.
Me entrego de lleno a las rimas
De un poema, me rebelo cuando
Tocan mis labios envenenadas.
Espoleando la luna vaquera,
Sumergida en su aguardiente sabor.
He decidido al fin que la mejor
Manera de vivir es la que me
Conduce a las quimeras del sueño
Iluminada por el rayo demencial
Del verso.
Hay lunas que se levantan con sed
De romance, hay soles que se desbordan
A la mitad de un poema.
Un dulce beso vislumbra el fulgor de
Las almas que no han podido cruzar
Más allá del horizonte.
Tu carne diluida en lavanda fragancia
Se hace llover desde un cielo apacible,
Comprensible a mis penas.
Vivir perdida en los amaneceres
Me trae una dicha humectada, labrada
En nueces con un fulgor insano.
Tu mirada me lanza su sed delirante
De fuego, me quema el alma y nuestro
Amor es ciego.

Para la reciente labranza

Para la reciente labranza
Que de las palabras siembra
Ojeriza en las esperanzas,
Su ocaso etimológico
Trae oleaje de alcaravanes repentino.
A la sazón labrador
Proclive a este tipo de cosecha
Pulsa la puerta eléctrica del cielo
Con la mano derecha
Y su labia frutecida
Para darme la nata
Pluralidad de tu mirada
Y germinar
En el surco refractario
De su misterio.

Madrugada escapada de espinas

A cuerpo limpio, madrugada escapada
De espinas.
Una rosa que no se pierde de
Andar en la proa de las horas
Hasta su tallo fecundo,
Aflora en un rayo iracundo.

El Buda que aplaca el ciego sentimiento
Espera la quietud de su blonda belleza
Descartando el placer de su carne
Que vierte diminuta y asustada.

Tú, que me encuentras en el llano del amor
A mandíbula batiente,
Mi corazón regresa
A su tierno serpenteo silvestre
Y se disipa en la luz.

No hay más espinas en su boca,
Ni jaulas, ni encierros,
A tiempo calma,
La tormenta de espinas viciosas.
Nace móvil

Nace móvil un lienzo halógeno,
Un fresco océano lo precipita
A la cueva mimosa que goza la
Rosa rociada, la rosa, rosa oteada.
Estancia de un corazón de viento
Que haya ventura en su armadura,
Su realidad dulce. En el estero, sus
Ansias.

Tiembla, tiembla el gemido interno
Tiemblo en el reversible confín
Tiemblan las horas cuando se acerca
El fin; huella que deja en la aurora.

Como el Triángulo de las Bermudas,
Desaparece un buque de lágrimas,
Estático al fondo del mar, astral en
La superficie. Tragado en horas
Menguadas, por una tarántula- arrecife.

Me embarco en el destino clavado
Por pinos. Un puerto de sombras,
Un jilguero adivino que canta, canta
Y tiembla al cantar. Venía cansado.
Venía extasiado.
Lleva acero

Lleva acero el esternón de mi alma
Aunque es de barro y aliento,
En el bosque de hadas una fuerza
Hidráulica me impulsa hasta las yemas
De mis dedos plumas que humecta
Vibrando la resequedad de sus grietas.

Simiente engarzada en el agua cerca del
Itrio peñasco, devuelve la potestad
De mi voz. Acoge el cántaro el
Sueño sagrado, recoge sus frutos
Añiles que pasan por el puente
Inalámbrico.
Bajo la lluvia, lluvia. Sobre la bruma,
El jardín de mi cuerpo desnudo donde
Pulso el botón del portal de Nirvana.
Todo queda archivado en el pergamino
Rutilante del matriarcado divino.
Mujer, mujer soy hecha de las plegarias
A Dios, mientras amamante una luna
Con dos bocas, mi barro y mi aliento
Brota mujer.

Tiempo de la gris oquedad

Instante de reflexión, tiempo de la gris oquedad.
Instante pensativo, tiempo del sol vacilante.
Valles caloríficos, carrera acalorada
Subo la cuesta abollada, me empaña los ojos la luz,
Me empaña su aliento
Y su aliento es, mi encrucijada fútil
Viviendo las horas febriles
Buscando el significado de la vida
Y no he encontrado nada.
He intentado hacer de la nada, un mundo de mieles.
Imaginar lo bello de tu rostro,
Lo bello de tu generoso acto,
Pero nada.
Instante de reflexión, tiempo de la gris oquedad,
Logrando recordar lo que he vivido
Pero termino en la terquedad del olvido.
Instante pensativo, tiempo del sol vacilante,
Tú, te imaginas dentro de mi alma rota,
Dentro de mi alma rota, te abrumas
Y vives extraño, y vives ermitaño
Dentro de mí alma rota,
Instante de reflexión, tiempo de la gris oquedad.
Larga distancia, sueño de brevedad.
Mis manos entumecidas
En la maraña del eco,
Incapaz de regir el rumor de lo que
Lleva en sus entrañas.
Vida teñida en violeta

Vida teñida en violeta, vida perfecta
Desea llenarse de lunas panderetas
Y se escucha su voz sonreír.
Susurro de hojas, susurros de vientos que
Ya están cabal en el cercano recuerdo,
De nuevo se escucha su voz sonreír.
Latinos pensamientos se van perfilando en
La falda de luz de la carismática estrella.
La quietud neblinosa, es aire que se labra
Y se desparrama, se desparrama y se vuelve
A labrar.
Mi corazón te espera y lleva armonía
De frutos, armonía de espera con su dialecto
Como los ademanes de peras, con sus gestos
De amor.
Se impuso tu presencia como farol de la noche
Y en mi lecho brillabas como una flama eterna,
Como una luciérnaga que sigue la luz al pie
De la letra.
Bajo el verdor de la hierba, en una gota
De lluvia emerjo desnuda, te beso en la frente,
La tierra se anuda y reclamo el destello
Que dejan tus huellas.
A pedir de boca, Poseidón me regala su cuerpo
Amatista, su espalda que abre las puertas del
Olimpo, su masculinidad que me hizo mujer y
No suele dejarme.
Se rompe la voz

Se rompe la voz del translúcido mar,
Rompe a la velocidad del sonido,
Traspasa sus huellas, traspasa el viento,
Se contenta dentro de los espejos del cielo.

Cien ángeles rodean el agua, cien sombras
Desnudas en las olas, su claro pensar.
La piel del cordero, la muerte del pecado,
El sacrificio que se hace y nos limpia de ceguera
Bajo el sexo estremecido, dentro de las
Voces sin guerra, a cara descubierta.
Se siente naciente mi vida furtiva, esquiva.
Hambre que se poetiza en el ocaso

Hambre que se poetiza en el ocaso
Una vida dura, un pedazo de pan
Mal herido, una realidad de payaso
Para tapar lo vacío.
Sórdida carencia, que germina en
El surco gastado. La mesa nos cuestiona
Y se resiente ante los ojos del plato vacío.
Nadie pudo darle consuelo. Tantos peces
Que hay en el lago, parecieran llevar
Pensamientos de gente acaudalada.
El miedo nos electrocuta y nos hace
Insensibles al consuelo. Justicia que va
Vacía de corazones y con el corvo derecho
De reclamar y ponerse a llorar.
Una cartera obsesiva de pretensiones y
Se lleva la gran estafa de la vida.
Nos dan atol con el dedo y nos encienden
El corazón hasta dejarlo sin rostro.
Pagamos un precio muy alto por deslizarnos
Felices en la montaña de mentiras.
A la hora de la hora y en este mundo
Tan dolarizado, el silencio debería de tener
Un alto precio, es sabio, eficaz y te ahorra
Tiempo y dolores de cabeza.
Un poeta que se muere de hambre.
Un subconsciente malvado que nos hace
Llorar. Una tierra labrada en dólares que
Va desgastando nuestros huesos, se cosechan
Lamentos.

La voz que tiene voz

La voz que tiene voz dentro de un
Corral.
La prensa que prensa el corazón
Humano con sus amarillas noticias.
El alma carcomida por el dinero.
Los mangos de Chango cantan
Y andan en zancos blancos.
Hay un saber que pretende saber
Pero de verdad no sabe nada,
Pero se siente sapiente.
Con mi pulsera de ojo de tigre
Espanto los males y calmo mí
Corazón cuando anda de parto.
No sé si se han fijado, que cuando
Hay carestía, entre bulla y cabuya
Todo mundo es sordo y ciego.
Al mal tiempo mala cara porque
Nadie la quiere.
Amor de limonada en pleno verano.
Un astro tuerto que ve solo los
Errores que hace la mano derecha.
Un semáforo que parpadea como
Los ojos de mi abuelo.
El pintor de brocha gorda que pinta
La nostalgia de las casas.
Las jirafas son hombres bien altos.
Un cerdo es un político cebado.
Una gata es una mujer mimada.
Un esqueleto bailando es mi
Abuela cuando le ponen música
Salsera.
Un perro ladrando es mi jefe
Cuando descubre en la computadora
Un error mío.
Yo soy la que aguanto cuando a mi
Jefe lo visita el dios Baco.
Muchas veces era

Muchas veces era un útero amargo y labioso.
La neurosis de la luna en mi almanaque.
El bosquejo de las letras que sudaban constante
Al ovillarse hacia al otro lado.
En su mala suerte, el árbol de guayabo que creció
Torcido, detrás de la casa.
Como el hermoso Cuasimodo en su tuxedo
Tocando las campanas el día de su boda, yo
La esmeralda de sus ojos.
Muchas veces sólo era un papalote sin cola,
Polifacética pero sin sentido alguno queriendo
Retomar la trama de la telenovela en un hilo fino.
Me protejo, dentro de la concha de una
Tortuga, así se sienten menos los golpes de la vida.
Te amo a cómo te ama el usurero prestamista,
Nuestro amor tiene valiosos intereses.
Un acuario de lágrimas será la herencia que les dejo,
Lo demás lo he prestado.
La noche vengativa y agresiva se apoderó de mí y
Me enterró sus cuchillos, ahora convalezco en el
Hospital de cuidados intensivos. La noche es un
Antro de violencia.

Mujer de acero

Aves de canto bilingüe, mujer de acero
Biorritmo calibrado del himen, aterciopelado.
Ingenio de la vida que conquista el desierto
Con una gota de agua.
Mujer guerrera cincelando su rostro en la piedra
A ojos cerrados, caligrafía de la paz.
Lucha contra la nebulosidad de Edipo,
El hombre ante su plomizo espejo,
Compacta idea de piélago silicón.
Trazo cibernético de un dinosaurio
Que todavía existe.
Mujer de fuego
En un reino disléxico.
La despampanante

La despampanante, colorete carmín
Entrepiernas abiertas hacia al Moulin Rouge.
La danza del Can Can enfurecida
Nunca deja de danzar, nunca deja de sonar.
La copa de vino, el cosquilleo en acción
El bombillo parpadeante que hace llorar,
Solitario detrás de las cortinas.
La mesa con su mantel planchado
De pie, estática, fotografiándolo todo
Nunca antes, siempre después.
El trago de Vodka desconsolado
Y los encajes que adornan
El charco de la calle, despampanante.

La ovulación que desgarra

La ovulación que desgarra las pieles sedosas
Del mar.
El puerto entreabierto de la vulva, su brújula
Sobre el humo candente de la tierra.

¡Bésame en la boca!,
Te acerco mi sexo que dormita frágil en los
Montes de Venus.
Me pierdo en su mudo pelaje de su femíneo
Presentimiento.
Vislumbro el púbico resquicio que muerde
El madero nacarado del lecho en sus embestidas
De rocas.
¿Quién te hará mujer cuando el silencio redoble?

Un instante, un instante se atesora en la limpidez
Del útero. Aquí no hay sombras, que troten la sangre,
Que no entienden y olvidan entrar al sueño mujer.
Disfrazarme de nube, quizás, disfrazarme de nube.
Caracoles gimientes emergen del trueno.

Brama tibia la noche, braman los peces en su
Carrera alocada.
La diosa ríe y rompe en llanto, rompe en poses
De sensibilidad y mariposa.
Viaje taciturno

Viaje taciturno, en el borde del papel,
Vacilante y dogmático se aferra como humo
En el acero de cuerpos galácticos donde
Figura figurado en el pretérito reencarnado.
Mi espacio entre líneas editadas
Observan la mano crispada,
Que es una mano que transforma en añil
La diametral medida del renglón.

Circundo en la fresa policromada
Casi fresa, mitad durazno, mitad ilusión.
El diente de marfil rasca preciso con una
Coma en función dentro del navío
Jadeante.

Sabor pueril, sabor de una batallante belleza,
De una batallante gentileza, en su
Árbol de octaedros fluoritas
Adornan los néctares excitantes de
Los sexos.

Hay titubeos que parten mi alma
Cuando descubren cien labios
Cuando descubren cien bocas
Que no caen benditas dentro del papel.
Cuando los valles se cubren

Cuando los valles se cubren de árboles
De pieles y auroras, se desprende la vertiente
Ignota de los océanos.
El amor agridulce se enreda en el hilo
Fresco de las horas de estaño, y yo me aferro
A tus manos que tiemblan de miedo.

Entre las vertientes de un mar metafísico
Cuelga el misterioso firmamento y una
Brisa que viaja y sopla, todo lo mueve
Y lo agita, entonces me bebo el albur
Reflejo que deja en la espuma sobre
El estero.

Habilidad en cuerpo presente, destreza
De la amapola que en la marisma contempla
Su herida y sube a la tierra de las esperanzas,
Sube al cielo por el surco delgado, sube
Dentro de mí, y me recorre como un
Guardián fantasma donde encuentra su
Propia imagen.
Un jilguero que siente

Un jilguero que siente la mente
Del lípido cielo que este a su vez
Engorda el follaje del universo,
Canta engordante en el recoveco de
Mi dermis.
Nadie disuelve la risa de la luna
Silvestre, porque todos duermen
En su trono de cuarzo sonrisa.
Voluntad que me apura a seguir
Andando y ando con fiel locura.
Padre obsesionado, un sol
Que se empecina vivir en una
Novela erótica de largo metraje y
Luego expela al mundo sus rayos
Lascivos.
Hay que poner un poco más
De atención a la mágica brújula
Que anda errante en el centro
Del universo, quizás nos lleve
A encontrar el camino de uno
Mismo.
Los mares escupen las noches y
Luego se rascan la frente para
Descargar peces sabedores.
Es el relámpago el sueño
Clarividente del canto del ruiseñor,
Es el canto en el árbol lleno de dichas.
Un polinomio de voces es tu rubia
Cabellera que lo dice todo, tú te vas
Y ellas se quedan conmigo.
Con tu boca carnívora devoras
La carnosidad de mi corazón y yo
Desde mi reino forestal solo percibo
El aroma de flores que expela
Tu piel

Los clones

Los clones del trovador.
La presocrática música, el verbo.
Cada clon indeleble
En el giro repetido.
El clon del instante primero
Auxilio nos da, yo también lo acudo.
La música égloga recapitula,
Cede su paso al mármol y copula,
Simula.
Nada es tan grande como el
Espacio surrealista y la posibilidad
De anidar dentro del.
Clonas al serte negado.
¿Qué más puede ser tuyo ahora?
¿Con quién me quedo?
La iconografía de un trovador.

Por allí andas o debes andar

Por allí andas o debes andar
Con brújula de nube y vida
Bajo una llovizna de oscuridades,
Atribulada suerte de amenidades,
Nubes densas. Cielos totalitarios.
Vasto y melancólico
Vestuario de las vías lactas.

Andar y andar por el agua furtiva
Sobre la distancia rota
Y el inesperado deseo de explorarla,
A ver si sopla el viento,
Como una oveja mansa desvalida que
De ventana en ventana asoma
El rostro taimado de sus desesperanzas.

Sombras de aguas pobladas

Sombras de aguas pobladas de soledad
Que al correr como ríos se convierten
En la infinitud de las lágrimas.
Titila el sueño en su cámara secreta,
Se piensa disfrazado de gratas ideas
Amanece colgado en la patria del alma
Renacida.
La razón intangible sobre el decorativo
Espejo alega que para brillar no necesita
La luz, ni los rayos del sol porque lleva
Luz propia.
Un suspiro de la memoria castra la
Insoluble penumbra, vasectomía en su
Corazón enlutado de lamento profano.
Voy reparando el tiempo que lleva la
Cabeza hueca y cómplice sonoro
Del recuerdo mueca.
Aquí me quedo en el puerto de tu
Congoja desconociendo que el mar
Madura con su latido imperfecto y
El tiempo perdura.
Me enamoré de un ave de ojos verdes,
Cabellera de trigales que picotea solo
Las remembranzas de risas explosivas.
Lágrimas de cebolla en este entierro de
Farsas y su lápida de dolor incurable.
Follaje sobre tus labios, deseo ser
La abeja que los dulcifica de anís o
La mariposa farola que los encienden.

Ondeando

Ondeando,
Abrazando el mundo,
Fulgura el alba.
Bajo el hierático silencio
Se presenta el consuelo
Y luego se escucha
Su humanístico hablar.
Flama heroica
Ardiendo inmutable en
La libertad democrática.
Tierra sollozante,
Fecunda llanto
En la agonía de Abril.
Llega la noche,
Empieza la lluvia,
La hiedra prepara,
Su cama de dolor.
Ilusiones de jade
Disputan el Mar
De la China.
Lúcido jacinto
Enjabonado
Se hace ilustrar.
Justamente tu corazón,
A la medida del mio.
Ejercito de duendes
En la psiquis de
Las flores.
El sabor de las rosas
A miel, la alegría del
Mundo.
En primavera,
Sueños de hadas
Besan los campos.

Ingrávidos ojos

Ingrávidos ojos del musgo, por el oblicuo
Horizonte, con su cola óptica azota
Al viento, negruzco, blancuzco.
Pecera de celuloide, en su agua sutil
Crece una palmera de la nueva era, añil,
Crece y sigue creciendo, crece en Abril.
Bola de bocas, se tocan y se alborotan,
Rebotan y se vuelven aquietar.
Precios escalofriantes suben y bajan
Y se liquidan con pistolas fulminantes.
La belleza comercial comercializándose
En el corazón de Paris.
El trafico congestionado y acatarrado
Del alma, su contagio lento, viral y mundano.
La alegre penumbra danza en un solo pie
La zumba.
Martillo que martiriza las preguntas
Martilladas y las deja mareadas, martirizadas.
El gato con botas marcha la Marcha Triunfal
Con paso y ritmo hitleriano
Nace de ti, la aurora que peina mi cabellera
Y me hace pensar siempre en ella.
Se desprende de mí una lágrima de cristal,
Cae al suelo, se quiebra, se convierte en
Caramelo.
Desnuda, suda la beldad del corazón
Cuando le dan la razón.
Un virus con alas vuela y se propaga,
Se hace la maldad del mundo antropófaga.

Se escucha pulverizar al fanfarrón

Se escucha pulverizar al fanfarrón y su ego, ruborizado calor de cocina.
Embarazo embarazoso recorriendo la geografía huracanada que retumba
A mis pies. Carcajada radical sin raciocinio suele revolcarse en el revoltijo
De libros. La nómina del pecado enumerado, hidalga repuesta nos da
Alienadas. Estudioso reencuentro lujoso encerrado en cuatro paredes,
Guiado por lagartijas investigadoras que estudian las vértebras del clítoris Y el amor sincero del falo. Reacio y real se incuba la brumazón del miedo
En los muebles de la antesala. La tierra movediza del licor empedernida,
Sin quijada por el desequilibrio. Hibrido y electrizante, relincho de Caballos alrededor del orbe conoce su destino y su arte de relinchar. El Hombre-niño rastrea su razón en un calamar para poderse calmar. Hay Un gato encerrado en todo corazón del hombre, un tigre en el de una Mujer. Una guardatinaja guarda en la tinaja los secretos guturales del Agua, a veces sospecha que no los ha guardado. Despistado eclipse Ensombrece imitando la fábula del gato y el ratón, entra a la cosmografía Felina.
Mar de burbujas

Mar de burbujas, almirante sin copete
Almirante burbuja, borracho hasta el copete.
La cucarachita Mandinga mendiga un trozo
De pan y no se lo dan, se lo roba, entonces
Un mandarinazo le dan.
Lúcida luciérnaga de broche luce una muchacha
Fantoche. Luna en lunada lunática proclama
Ver una laguna fantasma y ve los pavores de
Sus almas, los errores de sus desaciertos, los
Hedores de sus desalientos.
Hoy se estrena la vida mis antojos de frutas,
La visión madura de espíritu enclenque, la
Alondra que posa en mi alma en su escalera
De asombro que toca Do-Re índigo en canción.
Chinchilla amarilla célebre celebrando su
Éxito con celeridad e insiste en estar célibe,
No le atraen los machos celosos.
Acacia con pecas que desciende del agua
Con mucha gracia, en su mayor parte peca
Por tonta y llena de miedo, se emboza detrás
De palabras, que forman una poza y se pone
A temblar como si viera una gran osa.
La carcajada funesta en una fiesta se traga
La alcoholizada noche y angustiada termina
Su bacanal carnal en los pies de Baco y un
Dios infernal, su destino es una astilla quemada
Con hedor a azufre.
Cigarra

Hermosa llamarada,
Cigarra de yerba en yerba
Canta continuo, música
Del rojizo musgo selvático.
Se siente, se clava
La dulce vibra en el alma
Y nada en astilla acaba.
Rige el imperio del follaje
Cantata de pléyades
Resonante y grata.
Canta, canta
Mientras más canta
Las flores se levantan.
Suaviza la piedra dura,
Hechiza la voz poderosa.
Misteriosa en luna clara,
Venus en broche la ata.
Yace al centro de alma,
Nace del verbo idea,
Se engendra cantora
Y gozosa.

Carro de fuego

Carro de fuego:
Velocidad de aves agregadas
A la musa inspirada, inspiradísima
Entronada en la flexibilidad del
Suspiro.
Dulce sombra que borra la cicatriz
Del sueño del ansia abrevada.
Azota el viento tramposo a la
Resina que busca la claridad
Del astro.
Un fantasma marchito se escapa
Del maletero con deleite embustero.
La crueldad del ojo, su ojeriza
Ondulante delirante hacia la
Llama del frio.
El duelo de soles injertado en la
Consciencia juvenil.
El derrumbe del crepúsculo,
Su avalancha de mentiras, la
Modorra de clavos que desborda,
El frágil castillo donde pulula.
Se enciende la lámpara, se clona
En tu piel, se pronuncia victoriosa
En ella.
Laguna del pubis, corazón astillado
Que sube por el alba con oscuras
Agendas y su cacofónica resonancia.
El mercante chino que vislumbra
Dominar las almas en el universo
Mercantilista, nos acercamos temerosos,
Pero nos atrae su aurora boreal.
Maquinal

Hay una maquinal confusión en la faz del fusil,
La enjundia del tigre averiada sobre el montículo.

Sensaciones divergentes en el rostro estoico de la gente,
Entre el fuego y la fuente, el juego de armas, tu y yo.

Naciente, naciente, fluctuante,
Rechazo de amor, amor enroscado en espacio ensayado,
Describe el carácter de un pistolero vaquero.

Soliloquio de fogatas en el desierto de Arizona,
La intermisión de la piedra expatriada.

Impasible paradigma agrandando esperanzas
Que devora un libre pensador.

Sueño precolombino en el umbral de una pirámide
Que amanece celeste en la herradura silvestre,
Se ensortija, serpentea antes de expirar.

Ausencia dentro de la ausencia,
Delega el poder de su ser a la palabra mortal.

Modular la cuerda final

Modular la cuerda final
Cae de modo monada.
Monaguillo acude a monasterio de misterios
Aguanta punible hambruna
Adelanta en collar de zozobra.
Prole profana proclama cielo lunar
Se ufana en el arte de recortar historias
Sin glorias recordadas, aumentadas
Al fuego filial que reniega la luz solar.
Victoria recitada de memoria mal acostumbrada
Ceñida nos deja sin reaccionar, mantenida.
Fogoso fragor de lucha sin pudor
Se precipita visible al invierno invencible
Llamado dolor.
Manso argumento imprevisto
Cara embotellada del mal
Resulta desenvuelta
En rimas y versos perversos
Manantiales libertinos indisolubles
Barcos inciertos, alertos.

No más caricias

¡No más caricias, ponzoña!
Conozco el juego de tus mentiras
Te veo entre matices fallidos,
Follaje obtuso de armadura.

Te sigo viendo de nuevo, aquí,
Aquí donde menos deseo verte.
Verte y fluir aburrido, fluir sin ser
Transformado. Más avispado que las
Avispas.
Soga desmedida al grito, grito.
Soga agreste, comedia encima
De todo, encima de nada.
Pobreza solana agarra lágrima
Cercana, ahora mismo, a cualquier
Hora, casi, casi nunca, siempre.
Grito, grito para no verte, grito
Y tú no escuchas mi grito.
¿Qué no lleva su delicada voz?
Ando observando el cuenco
Desolado y nada he encontrado.
Hace calor, nicotina quemada.
Pájaro negro, infiel a la tierra,
Infiel y oscuro y obtuso, infiel.
Corazón fruncido que ya no recorre
En mis venas, ni en las heridas.
Hace calor y ocultas tu mirada,
Perdió el sentimiento, tomas el mío,
Te apetece, lo arrebatas, te sirve
De corbata, lo desbaratas y te agrada.

Ebriedad de deseos

Ebriedad de deseos, seriedad purgativa
Sobre un reflejo migraña que engorda,
Enflaquece buscando pretextos.
Supone que va del ombligo a la cabeza.
De la cabeza a los pies mascando sus mundos,
Mundos gratos, ingratos que embrutecen,
Me azotan, a ti, a ellos, a todos, a nadie
Al ideal que no se pudo plantar, plantígrado.
Yo jamás pedí que se plantara,
Mecanicé clemencia
Soy la misma clemencia
Soy el arrebato de la clemencia
Dentro de tanta carencia
Soy la crítica entre el papel y el ensayo
Para servirle al poema
Y para no servirle.
Escudos de árboles

Escudos de árboles, guillotinas de la luna
Dagas de la mañana, berrinches del mar.
Intuyen la frigidez del fuego.
Sin perderme, el malabarismo del malandrín,
Que desata una lluvia de ojos con puñales.
El déspota despotrica contra el aprecio,
Y recibe el desprecio de los demás,
Pagó un alto precio.
La onírica ciudad de las luces y su torre de papel.
Un oasis obcecado se traga los rayos del sol.
El garabato del corazón desgarbado
Desgarra el nido que le han ofrendado.
Siempre tú amando la sintonía cantora de mis labios
Y su cambio constante del tiempo.
Vivo en una ciudad poblada de peces
Que detectan la maldad de los barcos.
Soy un poste de luz que alumbra
Las calles del vecindario y nunca me apago
Además recibo buen pago.
El mapachín en una fiesta de máscaras
Enmascara penumbrosos precipicios.
Se suicida la depresiva noche, se cuelga en un árbol,
Muchas veces intentó degollarse.
Los caminos del cráneo y sus vidas intrincadas.
Como un can husmeo los pasos de tu infidelidad.
Hay un águila dentro de mi corazón, que vuela con
Alas libertarias.
Buscan corazones acaudalados en los avisos
Clasificados.
Hay búhos trabajando con google que lo saben todo.
Toda aliteración

Toda aliteración, todo renglón,
La pasada y la presente suerte,
El desbarajuste que todo lo rodea,
El borrón que brama y ladra sin bozal
En el hematoma de un planeta sin oxigenar,
Características de una película espectral
O la cara pesquisidora de una pestaña del sol
Antes que la musaraña con el pico aprenda a contar
El pelaje de sus patas recortadas,
El pasado y sus grietas
La presa y su carnada
El prejuicio que no han podido controlar,
Un sacristán y su sacrificio, salto que da leve
Cinco palmadas al paradigma, parapeto breve
Mi pelo despechado
La muñeca que muerde el pezón,
Todo el día pasé amamantándola
Repetí, repliqué, repercutí, siempre en lo mismo
Fui de lugar en lugar, con el tiempo ligado
Donde amanecía la esperma erial
Estática, flexible, movible, estática
Era el estigma del diente roído
El minuto que hierre dormido
Por donde no se liberaba el hombre,
Detrás de los jardines del pubis,
El vestido puritano recitando un refrán singular.
Célebre y tétrico
Célebre y tétrico y absurdo y bendito.
La cuerda de tu miedo se desnuca en el témpano
De mi curvatura, triste forma de luchar.
Premonición es materia prima, la consumo como
Luz proyectada.
La cortina de la niebla demanda su sal de conciencia.
En su doblez se retuerce la cólica lluvia, me espantan
Sus gases.
Esta, esta es la más extraña coincidencia, petrificar
Mis flores con el salitre del mar y el cocodrilo que las ataca.
Misa de cien años enrollada en vino senil con sotana
Y sin fortuna, nunca pagué un céntimo.
Dijo que no la mano peluda de la parca, pero se lo llevó
Y cuando dijo que si, lo dejó.
Tu alma embrujada es la rebeldía de mis alas de ave.
Soy huésped del vértigo dentro de su escama mercantil.
Mi blusa de chaquiras aloja un insecto simulado de verdades.
Humillada en el infinitesimal suspiro de tu piel.
Me dejó anonadada Poseidón en pelotas, se rompió la
Espalda al acostarse en mi cama, era tan macho, macho
Que le corté el penacho, se tornó hocicón.
Un hombre para alegrarme

Un hombre para alegrarme
Con su voz de trigal, surge de la loma,
Cae sin fin a las aguas del rio,
Ríe, llora, bendito seas.
Cada instante eres el grafitis tatuado
En la tierra, pronto a mi auxilio.
Nada para que mi corazón se emocione,
Nada para que mi alma reaccione,
Habla esplendor su lenguaje, sube
Al cielo de tus labios.
¡Ah! Despiertos veremos la rojiza
Infancia del contorno de la luz y su
Recién nacida ternura.
Escúchame:
Tus manos palpan mi vientre y
Encuentran sus frutos y rodamos
Jubilosos dejando las cosas a la
Brisa de la vida.
Un sí, con sabor a durazno, alzan
Tus ojos y me miran, zarpamos
Al mar, al viento, al aire, a la fuente
Del amor, sin malos entendidos,
Solo gestos visibles y palpables.
Cuerpo solitario

Cuerpo solitario fantasma, ectoplasma
Explora su mundo mellizo, castizo
En el esplendor romano, sano, insano,
De aves y muros, de peces y pilares
Que nos señala hacia la era virtual.

Cada noche, cada momento se tienta Nerón
Se tienta llorón, amargo y atolondrado
Ciudad que quema al verse desafiado,
Desata su burla en un arco de palomas
Se asoma con triunfo dantesco.

Luz que me quiere, más cerca de donde estoy,
Señal de vectores señalando la claridad
Festejan el parir y el morir de las almas.
El imperio romano era sólo una libélula
Aleteando encima del fuego.

Aquí la noche atrapada

Aquí la noche atrapada en su martirio parapsicológico,
En su bola de cristal, en su cántaro roto.
Encumbra a la soberanía del silencio,
Al valle de madera, a pesquisar a los cielos.
Tres golpes del martillo, clavando, sonando
Para imitar la metálica voz del espejo.
Los tres pelos del diablo cantando
Las ansiedades de Dios que no puede expresar.
Más rojo que nunca, más incinerado que siempre
El diablo es diablo y no puede cambiar,
Cambia pero nadie puede ver su cambio
Y su cambio es una paranoia mimetizada.
Bajo el incesto de la estatua quebrada
La orgía de la teología y su vahído, balanceándose
Como el agua salpicada de salpullido,
Como la cólera demencial de las campanas,
Se balancea, se sigue balanceando
En los medievales templos del gallo
En la luxación de sus huesos de cemento
Y su paranormal puerta amarilla, la puerta sombría.
Y por los peldaños del calderón, su última función.
Beberse un estero de vino

Beberse un estero de mandarinas
Beberse su fruición de ensueño
Sexo de halago, medicina de locura,
Llama que muerde su dentadura,
Túnel velante, dentadura atlante.
Vuelve el cóndor, al deliro del poniente
Sed de la vaina en el fúlgido verbo
Es fúlgido, es oscuro, es lacónico,
Es draconiano, viene de Marte,
Murmura la nave dentro de mí,
Y yo la vi y la vencí y la conocí.
Manzanos hermanos agarrados
De la mano, me llaman por mi segundo
Apellido, pero no se acuerdan de mí.
Aunque abajo, mis ojos siguen
Cobrando milagros
Que son binarios que son arios
Con brazos secretos que van en cuartetos,
Ningún suspiro alcanza mi
Inexpresable amor por ti.
Peregrino rio

Peregrino rio, al óleo, campanuda corriente
De selenita, se ufana ortodoxa,
Emblema del corazón, emblema de su brillo.
Huye y no sabe huir, juguetón,
Sombra de la ensenada, hijo del viento.
Jacinto, -tú lo miras como una obra de arte-
Yo, -como una escena de amor-
Entonces al mirarlo, tiembla,
Arroyo que resiste estar pintado.
Arroyo pintado, arroyo conmovedor.
Arroyo dentro del arroyo,
A su imagen y semejanza.
Escoba que barre su sombra
Indica que ha mejorado
Sombra en su espina dorsal,
Tú y yo en la danza del dragón.

Casas de malaquitas

Casas de malaquitas verdes,
Barranco menopáusico en
El centro de un reino unido,
Archipiélago hiperactivo.
El rostro hippie de John
Lennon.
Anduvo de corazón a coraza.
Sin fronteras yergue tocando
El disco de oro hasta la
Profundidad del tímpano.
Se escucha el néctar de una
Melodía feliz, una guitarra
Llorando. Cinco cristales
Que no han dejado de sonar.
Reunión de pitufos

Reunión de pitufos admiran
El cadáver del cuervo.
No sale el sol, va entre pecho
Y espada. Si viviera por mí
Sería feliz. Después de romper
La brusca aldaba hostil,
Micifuz encuentra cien monedas
De oro en el cofre,
Se compra dos pares de botas
A la moda para andar por el
Mundo.
Bajo su sábana de nailon
Duerme un pitufo embrujado
Que siente el placer de ir
Condenado por el juez de
De su propio ser.
¡Clase de condena se busca!
Bailar ballet frente a un
Tsunami y sacarle la lengua.
Ser de alcurnia y vivir atiborrada
De ilusiones mitológicas.
Esto no es todo, ni es nada,
Como si yo fuera un árbol
Un perro me quiso mear.
Las calles se derriten en
Este calor infernal. Un gallo
De bronce me enamora,
Me implora amor y me regala
Un bouquet de plumas y me
Hago una diadema risueña.
Hora del almuerzo, comer sushi,
Tragar poesía, escribirlas, saborearlas,
Recordar que es la única forma
De sacar tantas arañas imaginativas
Que hay dentro de mi cabeza.

Sauces llorones

En el cementerio,
Filas de sauces llorones,
Cuyos gestos y propósito
Son: carcajearse
De los vivos y los muertos.
Son humanos malignos, benignos
Así de verdes y hermosos
Dulces y amargos,
Como tormento en
Sus desgajados rostros.
Son las doce de la noche
Lloran, se ríen
Y yo empiezo a temblar
¡Ay mama, y yo aquí!
¿Por qué me dejaron entrar?
Son las doce de la noche
¿Por qué me dejaron entrar?
Los escucho reír y llorar
Son malignos, benignos
No da frutos,
Tiempo de ir al baño, ¡oh no, no!
Mi miedo ha mojado el césped.
Soy tan buena cristiana

Soy tan buena cristiana que el pecho lo llevo desecho
De tanto golpearlo con una piedra.
Declarársele a una muchacha al estilo canadiense, con
Cinco Budweisers entre pecho y espalda.
Después del trabajo la gente camina por las calles como
Zombis o en estado cataléptico.
Se respira aire viciado de inflación, de carestía y de malas
Noticias.
Cuando hay tontos alrededor es mejor hablar en mímicas
O señas.
La aceptaron en la MENSA INTERNATIONAL por tirarse
Un discurso cantinflesco.
Tengo un vecino al que confundo con un parlante de
Alta potencia ambulante.
Mi inspiración va cargada de electricidad, el día que haya
Un corto circuito se quema y se termina todo.
En su ataúd, un muerto debería llevar un celular para
Para que nos diga como es el más allá.
Duro verdad, quemarse las pestañas estudiando para
Luego tener un sueldo ñaña.
Al trasto con la poesía de ninfas y lagos de cisnes, a mi
Me gusta hablar de Poseidón porque es un hombrón de
Caites y cotona, que empuja un carretón y en pelotas
Se roba mi corazón.
En el invierno de Canadá todos parecemos nacatamales,
Envueltos de pie a cabeza.
A veces me siento como una gallina clueca y quiero picotear
A todo aquel que me hace la vida cuadritos.
¿Será cierto que un espejo dice la verdad? Hay muchos
Que no entienden la verdad del espejo, esos necesitan
La verdad del pescozón.

El papagayo

El papagayo avanza
Adorno de la musa.
En su pasarela cada día,
La estética abril remplaza.
La pluma incubada
Llama la atención.
Aplaude la audiencia.
Y su carácter tan sutil
Acoge al árbol arcano
Del huerto del sueño
Dentro de mis sueños.

Era eterno

Feroces ideales.
El elixir es eterno.
Un arroyo serpentea en tus afectos
De luna.
El elixir es eterno.
Y una rosa abierta
Me devuelve
Al centro de la elipsis
Con la ventaja de tener la forma
Aguda del ónix.
Uñada escarlata inútil
Que se alarga en la oscilación,
Del mudo astrolabio.
Llorar y llorar y solo llorar
Y todo es asunto
De la palabra negada
Que traga las dunas
Del desierto con saciedad.

Me estremezco

Me estremezco
En el tupido vapor de mi intuición,
Y su capa latida de emoción.
No abrazo fragmento totalitario
Que nunca ha sido coloquial.
Descuelga de mí
La sutura del pensamiento
Arrinconado sin límites,
Se destila su pensar,
Se purifica, no se purifica.
Se sabe organizar
Una historia ya organizada
En el ángulo del sentimiento,
Se proyecta femenina,
Se sabe su intención,
Es la intención mía
Que siempre conocí
Que siempre conocieron
Aquella que cargaba
La ilusión casera del mundo
Que sabe existir,
En el margen
De las mesas y los platos.
Llevadero trono

Llevadero trono, de ciudad solitaria
Cerca del mar sombrío,
El bien y el mal
Al repaso eterno, traspaso de
Mansión de cristal
Nada parecido a nosotros.
Luz ciega del santo
Luz negra del quebranto
Refleja ojiva de hormigas dormidas,
Resignadas a vivir mantenidas.

Y en la cima del cielo velado
Se escucha un grito terrenal, disipado
Parecido al del parto adverbial
Que responde a una libertad
De jaula, como la de Paula
Como la mía, no. La tuya, la vuestra
Eso demuestra que en el amor
Todo debe de estar en un acuerdo
Testimonial.

Adentro, adentro

¡Adentro, adentro luz del convento, adentro todo!
Mocedades de la brizna en topológicas noches
Círculos circundantes con mástiles infinitos,
Brocados dorados en cien años de soledad.
El drama del amor en la pantalla del espacio espacial.
Melodías de esferas y el lazarillo de Tormes, retornan.
El infierno de Dante y sus nueve círculos que se juntan.
Don Juan Tenorio en su jolgorio voraz y pertinaz.
Adán y Eva en el mismo paraíso pecando y la culebra
Enseñándoles sus colmillos.
¡Adentro, adentro luz del convento, adentro todo!
Días auríferos, ocaso de diamante postizo enfermizo.
Bucles de oro, peluca de la poesía, duda que pone en
Sus ojos la lira chaquira.
¡Adentro, adentro luz del convento, adentro todo!
¿Quién podrá saber que una vez nos juntamos?

Cenit

Cenit, recompensa, violácea,
Forma alada de la rutina,
Guasca de la esperanza
Entre sentirla y acariciarla.
Madreselva, se inclina a la
Onírica avalancha con regodeo.
Recuerdo, marejada de huellas.
Cuando domine la unión
¿Vendrá la parquedad?

Sincero

El portón, sincero, bandolero.
Automático toque casero.
Alma y corazón. Tiene
Una tenue tendencia daltónica
Con una fusión de símbolos, afónica.
No es de melodía, no es de armonía
Si de tonalidad. La emoción lo sabe
Visualizar cuando no puede sentir
Porque es signo y letra no toma.
Dialecto, fusiforme cuchilla chinchilla,
Deposita la aldaba exacta del contexto
En esta quieta luna de castaña y caña
Que cata cataclismo categóricamente,
La impresión, la madera, el detalle,
Mientras tú me acaricias de lleno.

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Esta entrada fue publicada en junio 11, 2016.

Poemas Sentir Amaneceres III

Una afirmativa dinámica

Una afirmativa dinámica de objetos
Los innumerables sucesos de mezclar ideas.
Lo maleable, lo inflexible
Como una línea librepensadora,
Mi corazón se incorpora vertical en el crucigrama
Y mi cuerpo en el macizo espinazo del chispazo
Cabal al centro, adentro.
Una libélula madreperla, deseo complacerla.
Una ventana adornada con campanas aldeanas.
Un perro electrónico que sabe torear y cantar.
Una afirmativa dinámica de objetos.
Un acordeón acorde aun dentro del desorden.
Un toque impreciso como el borrón del renglón
Cuando parpadea pragmático.
La práctica, la presentación y el deseo
Levantan sonámbulas las pupilas del rompecabezas.
Y yo ciertamente lista a volver a empezar de nuevo.

Vamos al embate

Vamos al embate embaucado
Al alfa alfalfa embelesada
Al embrollo embromado
A la energía energúmena
Empatamos y nos vamos
Volvemos a empatar
Al enganche de nuestros cuerpos,
Que asoman con frecuencia ver al sol
Y nos toca del ladrillo rojo, su color,
Del ladrido de la mula, el bozal derribado
De su lactancia, al lagrimal acongojado.
La satisfacción del pubis
Y su labia laboriosa,
Sus fechorías y habladurías.
La merluza sin escama ni pelusa,
En la cama quien la ama
Y quien no la ama, la desmenuza.
Torrente, torrente, torrencial
Tórtola con cuello de tortuga
Tortuosa tortura
Entre el émbolo y el embudo
Apelotada a fuerza, linchada
Licenciada en embutidos
Su única licita profesión
Que profesa durante su persecución.

La osa rosa

La osa rosa osada y amargada
El monte olímpico del olimpo
El oso osa odisea odiosa
Al omega pega, pega
Alameda me da miedo
Bravío ojo vigila chacal de charco
Oleaje de pelaje ola, hola
Hermosa moza acosa airosa,
Airoso vanidoso mentecato gato
Tembloroso ramaje agua viva
Agua viva, viva, olé, olé
Verbo yergo al ojo tuerto
Flota, rota la flota
Presa va la presa persa
Tamal que siente, está mal
Ardiente diente armiño
Encierro encima de emboscada
Fuga fugaz del fugitivo activo
Entredicho dicho y hecho
Rito frito está, en el parco prado
Hongo honesto y honorable
Honorable cargo honra corazón
Gobernante gobierna goleta prieta
Aprieta a la corneta anacoreta
Canela cancela al canalla raya
¡Vaya! Vaya Ud. con Dios, adiós.

Triunfa trompeta

Triunfa trompeta piel de espora cual hoy me implora
Lora longeva de cien cabezas, pereza, pereza espesa
Nube que baja y sube, nube de nube, nube celosa
De losa oruga verruga en su escondite seda cede
Se da bella vellosa bellota empolva y desempolva
Mueca seca de la seca a la meca, a la biblioteca azteca
Jaqueca que cala hondo, saya sintética y cibernética
Sin ética, cierra el ombligo conmigo y me abrigo contigo
Rodrigo, ¿Cuándo me llamas si nunca me has llamado?
Llámame, ámame, abrázame, no, no ahora, mañana
Veré piraña con migraña y comerá arañas y araña.

Qué me falta

¿Qué me falta para chapotear la mañana?
Computarizo con el pulgar el ombligo modular
De la estrella extraña
Y por ese ombligo la imprimimos
Cómputo la compostura del compositor, compota,
Pero no nos compromete.
Se hacen medievales los megabytes
Pero precoces la precaución de tenerlos,
Ni el privilegio, ni el saber de las manos,
La viga vigente, y el vínculo de la viña, por voluntad.

El amor pone el dedal en su dedo
Engancha
Vemos decorar la ventana.
Estrechamos hilos para crear cornucopia,
Piénsalo de esta manera:
Quizás tengan un copete las nubes
Y cuando alguna mete las de andar
Quedan enchorizadas,
O el viento las extravía.

Arribé al toque

Arribé al toque de la luz naciente.
Las castañuelas emprenden su danzar
Dejando emancipada la voz del corazón.
Mientras la maraca al otro lado del Atlántico
Toca entre palmeras que crecen en muto acuerdo
Tan solo al piropear contemplando mí silencio.
Silencio dentro del movimiento, al ritmo de tu ánimo
Y el mío, reprimido a veces, repetitivo como el respirar.
Empiezo y trueco

Empiezo y trueco al extremo
Santo blando y cascanuez
Insípido
El viento por última vez
Agua y carbón la cruda carátula crujiente
No saber dónde se pone
No saber dónde curvar
Tú eres
Yo soy
Se quiere ensanchar la grieta
Alguna vez nunca he sido preguntada
Pero pretendo esquivar las espuelas de las tardes
Experta e inexplicable plantada en pleno día

Tu cuerpo enredado

Tu cuerpo enredado entre los eucaliptos
Presiente la distancia en la distancia
Y un jilguero azuloso, azorado de recuerdos.
Tu amor es más aquilatado que las caricias
Que hacen tus manos.
Amartelada, durmiente me encuentro
En un símbolo de tu presencia,
Tu calor me sirve de perseverancia,
Como una dilatación de alegría.
Un túnel de laureles inestimable
Por donde tú y yo pasamos
A repasar el tiempo y esperar el minuto
Que nos une carne dentro de carne.
Merezco no vivir detrás de la timidez
De la puerta indeseada,
Retorna la mariposa hada, roturada
Es la posibilidad de ser nueva
Es la posibilidad de ser tormento
¿En cuál de ellas me ahogara?
Oscilación de amarantos, pasión de enebro
Te enrosca en esa botella que se tiró al mar
Hace quinientos años.
Voy sobre

Voy sobre la hora montada
Yuma yuma ja ja pio, pio dijo el tigre
Miau, miau su mamá
Cinco cuernos tiene el gato
Siete patas para lazar
Ándele, ándele noche de ronda
Cara, carísima carismática
Ensoñada, ensoñadísima
Los diez delirios de la luna
Lunada, lunadísima sonada
Enramada hecha de la nada
Nadadina precolombina espina
¡Au –au- au -au! Seca tomate
Muele el maíz, bate la olla
Todo o nada, nada y todo
Todo, todo en Cuasimodo
¡Vamos chilote derrite!
Masaya, Masaya suena la marimba
Granada saca la espada
¡Ay, ay! Madreselva malva
Salva salvador de felpa suavísimo
José Traña trama la tragedia de Dante
Antes que se le adelante el almirante
Los tres hijos del sol con la cenicienta
Sus tres martirios solares
¡Yuuuju! Me ama, no me ama
Que importa lo importante es
Amarse a sí mismo
Papalote fantoche pela la pata
Chancleta bicicleta armada con pistola
Bang, bang, el golpe con una escopeta
Me condimentan y me cocinan
Me hacen barbacoa boa, boa
Pica y pica y rasca y rasca resaca
De madrugada fiero, fiero era agüero
Cola, cola en bataola
Pajarracos

Vuelan los pajarracos
Con sus patas brunas
Extendidas lámparas
Entre lámpara y lámpara
De bote en bote
Sobre techo en techo
Laberinto andando
Radiactivo pico picoteando
El jardín de la casa verde.

El misterio del meditativo Atlántico

El enigma del meditativo Atlántico
La medusa y la diminuta mano
Que en el mar navega su piragua prieta.
En piruetas se enreda tu cuerpo con
La brújula que guían buques de turquesa
Y en la noche que te piensan el negrito
Baila de cabeza.
Rítmico como la salsa tropical
Suave como la piel morena del anochecer
Danzarina como las muchachas del jolgorio.
Apagan la luz, azul, azul sin comulgar
Y colérica la tarde con su cola claroscuro
Ríe en el túnel de los campos, ríe, ríe sin parar.
En un canasto camuflado va el viento que te encierra
Y en caracoles de botones brota tu enloquecer.
Todos te ven pasar cuando te cambias al rey del carnaval
Todos te sostienen cuando vuelves al mutismo de las olas.

Hay mañanas

Hay mañanas como pieles tersas y lozanas
Mi cintura es la orilla del mar
Una rosa se entroniza en tus ojos
En cada hoja una gaviota suspira por las tardes
En cada tarde martilla el pájaro carpintero
En las alas del pájaro carpintero las horas anidan
En las horas un paisaje pintoresco
Las estrellas son de plumas y de polen
Vuelan en el aire, abanican la tierra
La serpiente serpentea entre los arbustos
Inoculando sapiencia con sus colmillos
Dejando en su inoculación a la piedra atolondrada
Porque la serpiente es el saber del mañana.
Montañas, fuentes como leche condensada
Huertos giratorios y rocas fosilizadas
Es el tiempo aliento, necesario y simple
Que se agranda como el crepúsculo de un astro.

Nada pero nada

La puesta lenta del sol en las aguas del Mediterráneo
La brizna que humecta las hojas de los árboles
El rojizo atardecer bajo tu almohada
La famosa muralla China y su recorrido
Los tulipanes en los jardines holandeses
Las montañas altas y nevadas de Vancouver
La tecla melodiosa que requiebra en tu corazón
Las rosas que brotan cada madrugada en el Stanley Park
El arcoíris y su arpegio de colores,
Todo y nada es tan maravilloso como la manera en
Que has conseguido conquistarme.

Ágil malabarista

Ágil malabarista
En el margen de lo iluso
La gimnasta en su doro
Malquiere a la hoz
Y al martillo hipocondríaco
Donde demanda desmantelar
El espectro de su pasado rancio,
Los libros, las revistas, los periódicos
Lo prohibido mímico
De sus palabras hostiles,
Doble ejecución, la arremetida
Mito, deidad y opresión
En el arco del mundo, pequeñez
Érase la nieve dura de memoria y
La tecla digital, la tecla de la derrota
Que se transformó al sobrevivir.
Renacen

Renacen planetas en la duda del horizonte
Florecen melancolías en los sueños de la fruta
Se tornan mal pensadas la montañas de Vancouver
Danzan los siete cabritos en un círculo de fuego
Corren chorros de dinero en la campaña de Trump
Llueven peces de colores en los ojos del alcaraván
Navegan submarinos en las aguas de la pestilencia
Caminan en puntillas los astros en el universo
Pelean entre si las siete hermanas pléyades
Saben a leche condensada los besos de Romeo
Tiemblan de frio las calles canadienses en el invierno
Silban las hojas del peral cuando están alegres
Se enloquece el micrófono cuando canta Justin Bieber
Hacen el amor el sol y la luna durante el verano
Escupen de sus bocas iPads los robots electrónicos
Miente y sigue mintiendo el cerebro de la piña
Tocan serenatas en la garganta de un sapo muerto
Tratan de hacer paces la verdad y la mentira
Desconfían del cerebro su alianza con el corazón
Sellan los párpados del tulipán y lágrima no escapa
Congelan los sentimientos del mundo entero
Fijan su fecha de boda la ternura y la felicidad
Padecen de depresión las nubes y se ponen a llorar
Crecen manos en el pensamiento de un mango maduro
Clonan el pensamiento amoroso de un pájaro galáctico
Vuela el pájaro galáctico en el valle de los suspiros
Analizan la depresión de las nubes y reciben terapia
Resuenan en el alma las sinfonías de Beethoven
Emergen arañas de la inteligencia de un oasis
Desgarran el instinto de un pez, se lo come una sirena
Queman la memoria de la tristeza agonizante

Atlético en la cúspide

Atlético en la cúspide del anochecer
Tajante en el olfato del clarín
Soñador como las madrugadas
Atiborrado de luceros lapislázulis
Enciendes tu alma y empiezas tu recorrido
De valles florales se llena tu cuerpo
De lluvia entonada se humecta
Tus manos titilan
Y tu corazón late con piedad
Late en el mío, lo nutre
Lo nutre de amor
Con tus besos
Como el pan de todos los días.
De tu voz se sostienen las nubes
Se expande el universo
Y en las aguas de tus mares
Nazco en forma de:
Sirena,
En caracol,
En peces de cuarzo,
En barco que se pierda a la deriva.
Tu mirada y la mía:
La flor en la libélula
Por donde abren las puertas del misterio,
La quinta sinfonía de Beethoven entre planetas
La música permanente en nuestras galaxias.
Con el alma, con mis ojos

Con el alma, con mis ojos
Firmes asomados al anochecer
Vislumbro los astros y sus figuras
Y desde el fondo de mi ser,
En el valle rojizo de mis soles
Los palpo, los exploro,
Relajados, optimistas,
Brillantes y profundos,
Como si mi sangre fuera
El mismo universo,
Allí perenne están girando.

Hombre de besos inmortales

Hombre de besos inmortales
Que divagan en mi corazón de melocotón
Verdes y dulces como el bostezo del bosque.
Hombre que cabalga en los caballos de la luna
Se inmortaliza ante el piélago de un astro
Y expande el abanico de su razón
Que pausada trepa en las plumas del faisán
Lánguido en el terciopelo del azur pensante
Caes en el gemido de una pera en espera
Y te bañas en los corales inseminados por la lluvia
Entre volcanes Nicas se tienta tu carne
Oyente como el mugido del orégano
Te alistas para la marcha elocuente del granizo
Que encubierto dibuja el pináculo pincelado
Buscarte en la distancia

Buscarte en la distancia del péndulo
Tan sólo encontrar la cripta de la nieve
Buscarte en la membrana de una década
Tan sólo encontrar la frontera desgarrada
Delinearte en el pico de un quetzal
Soñarte dentro del ojo de un tornado
Presentirte en las palmas de mis manos
Cuando tú merodeabas en la cola de un cometa
Y dejé de pensar en ti
Caminé entre los tendones de la Parra
Y pude oír el rimar de la cantata Pitagórica
Y entonces brotaste del vaso de la mermelada
La cuerda

La cuerda telescópica de las campanas
El aire sonoro en la sombra melodiosa
El almíbar fugaz de la melancolía
Una rosa carnal en el eco del recuerdo
La flor que nace en la pared invisible
La tierra firme del pan enmohecido
Las vacaciones olvidadas de las noticias
La manzana que se deleita dorada
El alegre funeral del pájaro bermejo
El corredor de la fama y su poción mágica
Un turista caminando por el Madison Square
Todo esto reflejaba el fondo de tu mirada
Después del anochecer relampagueante

Fotografías del insomnio

Fotografías del insomnio
Moderna ideología noctívaga
Renovado pensamiento
Desliza con ambiciones
Tomando las pequeñas cosas
Como la desnudez del nombre
En un arrebato de luces
Que se apagan y se encienden
Dentro de sí mismas
Y estallan alumbrando
Nuestros cuerpos
Y es el sueño de mi noche.
Picotean

Picotean, picotean,
Las codornices
Y en el relieve del paraíso
Al filo, filo, la sed de sus gargantas hablan.
Puyan el dorsal de la mazorca,
Rastrean su picotear
Y en las telarañas de tu cuello
Germina un índigo alfa sin principio.
¡Ah, no te asustes!
Presente, presente, ausente
Picotea, codorniz, picotea,
Lo que perdure tu andar
Perdurará este enigma en otro paraíso.

Las comillas y los símbolos

Las comillas y los símbolos
Entraban ordenados, disparejos
Cada uno en marcha de rotonda
Sobran de canto ganzúa
Chocarreros en Junio redonda
Se interrumpe la paz gansteril
Babean el boceto febril
Consumen la carne del gato
Se enojan en el ciclo menstrual
Se quieren independizar
Ovulan simétricos, ovulan multicolor
Se pueden leer y contar
Por una luna de sangre atraviesan
Se mojan en el remolino de la histeria
Toman impulso afín
Más en serie que nunca, más que nunca
Recortan su piel de lobo y cordero
Cruzan un llano de hormigas marcianas
Tiemblan en la frente alada del conejo
Revolotean a la deriva saliva
Se hacen peluches de un peluquín
Se empujan, pujan, se multiplican
Se dividen, se contabilizan, arquean
Lagrimean en Junio
No en Abril, nunca lagrimean.

Si debo teja

Si debo teja pelmazo
Pellizca uña pezuña
Espontáneo de abrazo
Carabina de derrota
Gaita en la frente
Franco valiente
Recuerda tu hijo
Burla y celaje
Lápiz de maquillaje
Respira hondo
Mandolina, mandolina
Caduca en la nuca
Mandril manda
Dos en dos
Cuatro en dos
Manecillas y tos
Demasiada pereza
Corazón se estresa
Mutila Atila al camaleón
Nerón y su pantalón
El muro de Berlín
Y el mago de Merlín.
La carencia erguida

La carencia erguida, antipatía antioxidante
Las tres carabelas con la caradura pura
Fogosidad del géminis etapa del esturión
Exorbitante excusa acusa la mancha
Padece, parpadea, parcial, imparcial
Arremete el jinete caballo cochero uno
A uno, cinco en cinco la casa del brinco
Regio saber que la verdad se restriega
Refrita suscita avalancha dramatizada
El reproche que lleva broche de acero
Resfriado reemprende reengancharse
Activo y subjetivo, virulento y selectivo
Motivo que deja morriña metódica y
Espática, escolástica lentejuela malsana
Reina victoria de las mañanas lejanas
Recordar, recordar el raudo viraje del
Pájaro y su plumaje, salvaje paupérrimo
Patriarcado patentado por tres jinetes
Que llevan aretes con equipaje pagado
Pacto de pacotilla comen ardilla pagana
Palmear, palmear y comer con las manos

Lucía cuerda

Lucía, lucía cuerda
Lucía cuentista sobada
Mi niña eras tú, criolla
Criatura mocosa garganta
Guajira tapa la olla
Pinta pelo cobrizo, abrillanta
Farsanta de ojo achinado
Zapato que aprieta coqueta
Lucía María sentada desvaría
Mi amor te pido silencio
Pásame el cigarrillo del mío
A poco se sabe la historia
De que Lucía amanecía
En una buhardilla amarilla
Con qué conquistar
Tus ojos de hielo
Pintar la noche de arrullos
Y la luna gimiendo
Mira mi boca aturdida
Mira a Saturno taciturno
Mañana será otro día
A todos nos llega su turno
Un imperio dormido en su cama
Otro despierto en el cementerio
Tenue vórtice

Tenue vórtice
Que extiende las huellas
Del amanecer.

Selva de cenzontles,
Tú te quedas dormido
Sobre el claro de amor.

Manos que tocan
Tus miedos y el agua
Que borra el pinar
Despechado.
En espirales

En espirales, la noche descose
Desahogo reciente, platino
Quitasueño, se acaba, empieza
Victoria rebelde, suspenso
Recurrente al preámbulo, vacía
Dinastía, te lleva
A una obtusa contienda, observo
Como todo es un melodrama arduo
Impulsivo, guerrero de oscuras
Insignias veladas, ademanes.
La señal

La señal eterno es eterna
La señal silencio es silenciosa
Las dos son eternas, silenciosas
Una a una intentas nómbralas
Sin que un reflejo pronuncie su señorío,
Un crepúsculo enumera en que trayecto
Está la oquedad en que te estremeces.

Llegan al filo de la veracidad y vuelan
Como dos alas con el viento
Esperando que en su vuelo
Te lleven a su conquista enigmática.
En el cielo estaba

En el cielo estaba
Precisa, sumisa, la poesía.
Precisa también,
Se encendió la aurora boreal,
Encarnada, acantilada
A penetrar entre pilares y poesías
El chopo de seda, vasijas finas de palabras
Se enternecieron con ellas.
¿Rimarán ambas?
Talvez, en lo inmediato del amanecer
Cuando ya puedan centellar
Algo más escarlata, en ocaso,
Esa maravillosa aurora boreal
Es la que atrae luz del relámpago
Como toda palabra de esperanzas.

Gato angora

En verano, gato angora
De cultísimo pelaje conservado,
La cola mueve dentro de las hojas.
Rasguña la maqueta en que se inclina
Decisivo incisivo montañoso
Salvaje aligerado pasa del azul
Al abedul al índigo al verde.
Como los presagiados dientes
El bigote negro blanco y tupido
Que le crece siempre.

Cada día

Cada día inexplicable, cada día
La extrañeza ondula secretos y esperanzas,
Y un sollozo de incontenible avidez
Suele declamar poesía, gozosa se dispersa.
Y el abedul soneto de música escarlata
En la explosión estelar de la alborada,
Solo es la valoración y conteo de tu espera.

Liberada encalada

Liberada encalada, mariposa,
Buganvilla sonrosada, ajustada corbata,
Cabalgó mi sangre con emulsionada primavera.
Exudó la fúlgida quimera,
Magnetizan mis venas tu pedúnculo;
El sensitivo espolón que mi corazón ensalza.
Revienta margarita tuya en los lúgubres jardines;
Oh, deshójame tú, vulnerable vénceme
Con tus manos colmadas de tu fresca seda.
Justo a su medida cabe como anillo al dedo en mi pecho,
Te acoplas, me acoplo, nuestros labios se juntan
Y una chispa asoma en tu cumbre sumisa.

Amapolas

Amapolas, jardines en tu cuerpo;
Su néctar me incita,
Sostenida entre tus labios
La fuerza íntima del pistilo.
Escarabajo del pezón, lenguado
La suave areola en las yemas de tus dedos
Como abanico de relámpagos, coleteando.
Ya entiende mi tacto el tenue hormigueo en tus oídos,
Y es una luciérnaga que habla de tu infancia
Y sabe a tu cuerpo
En mi cuerpo llevo la fragancia
De las amapolas. Son amapolas, jardines en tu cuerpo.

Tú queja

Tú queja silenciada, en mundo coniforme
Hervidero movible venidero, asidero.
Mi cuerpo lubrica su deleite en la
Envoltura imberbe del jamás.
Súplica, súplica tierra conjunta, súplica
Sarro de lenguas motoras, motricidad difunta.
Se junta en derrumbe, se hunde en el petróleo,
El óleo le devuelve su movilidad, afín afinada,
Afianzado tributo de treinta centavos que puede cargar
Un dialecto en lo tridimensional del tridente.
La pasión es una caracola de luz

La pasión es una caracola de luz
En cada rincón de tus preguntas.
Tu corazón y el mío es la placenta que
Nos envuelve para gestarnos de nuevo.
Nuestro destino es tan solo luna llena
Al otro lado del rio.
Me besas, te beso, vamos germinando
Por dentro y por fuera, vamos madurando.
Una línea vertical desciende del cielo y
Y la distancia que divide, ahora nos une
Por eso nos crearnos y recreamos
Dentro de nuestros propios pensamientos.
En su corola humectada, el gladiolo nos
refresca y nos duerme.
Vamos cavilando con equilibro de balanza
Mientras nuestros cuerpos en un eclipse
Estelar nos ayudan a imaginar.
La tierra nos devuelve la infancia donde
Hemos soñado, la noche se estira en la
Pupilas de nuestros ojos y el día nos
Dibuja en las orejas paisajes de amor.
Pero entre tanto, Dios no nos puede
Abandonar, el agua aplaca nuestra sed
Y el pan nos alimenta.
Desciende elástica

Desciende elástica
La espalda de la luna.
Se pintarrajea el sol
Y se contempla en su espejo celestial.
Se exilia el amor en mis ojos,
Se mueven gozosas mis caderas.
Mi carne recuerda la flexibilidad
De tus emociones.
Seguimos el camino del gato
Para vivir sus siete vidas.
Para sentirte me basta pensar
En el puma hambriento.
Somos la furia de la espada
Lubricada con su lengua.
Eres el rey de mi propia selva,
Yo, el pájaro sumiso que te canta
Todas las mañanas.
En el hilo de la araña nos balanceamos,
En su piscina de saliva buceamos.
Nuestro hogar es el laberinto erótico
Del búho reverenciando al falo
Decapitado buscando su perfume de piel.
La mañana se petrifica dentro de nuestros
Cuerpos y mudamos en dos bellas mariposas.
Las placas de todos los carros del mundo
Llevan nuestros nombres escritos.
Somos dos grandes limosinas de linajes,
Dos corazones portables con ruedas,
Nuestro equipaje.
Viajamos por el mundo a través de correos
Electrónicos.

Somos un heptaedro

Amor:
Somos un heptaedro frente al mar
Un punto suspensivo y enflorecido,
Cascanueces geométricas cara a cara,
Vértigo del sol, epifanía en sus aristas.
Campo retorcido que arranca en líneas,
Tenía quince años cuando aquel
Sueño azul descendía vertical.
Era aquel vaso lleno de agua
Que aplacaba mi sed fantasmal.
En la superficie cónica del universo
Te entregué el himen pasional y no
Cesabas de besarme.
En la ecuación cuadrática del beso
Trepé a tus labios y me protegiste
Del error matemático del miedo.
La claridad rómbica, el espacio
Infinito donde tú y yo nacimos.
En la cima del Kilimanjaro exclamé:
¡Somos la suma de dos funciones
Algebraicas confusas!
Frente a la nada todo, todo y siempre,
Siempre salimos de la nada y del todo.
Casi, casi siempre donde el heptaedro
Nace, nace la fortaleza con que se mantiene
Nuestro amor.
El vértigo de la pasión

El vértigo de la pasión no es más que la inquietud
De aquellas horas de Abril en que uno podía
Oscilar en el péndulo, el pensamiento de una
Letra.
Es más común nuestro mundo en un simple
Reflejo, que el reflejo fotografiado que palpita
Pero nada fosforece.
Porque si tú y yo existiéramos, nada frente
Al contraste del páramo, nada, solo tú y yo.
Lo extraño se apodera del inédito deseo,
La suave timidez nos transforma en fósiles
Milenarios y sus estatuillas aledañas.
Los objetos son extensiones de la cuadratura
De tiempo, llegamos no vencidos, cansadísimos.
¡Ah! Mirar el entristecimiento del gato,
¿A quién cuidar en sus siete existires?
Siete existires, siete colores en su larga y sensual
Compañía.
La esclava realidad, el momento que se
Alimenta del neumático claroscuro de la
De las cosas, solo existe a veces alegría en su
Exterior.
Pasamos desapercibidos en este corto viaje,
Sordos de amor y del rumor de la lluvia sobre
Los sauces llorones.

Hipnotizada

Hipnotizada
En tu nostalgia, cuerpo solo el tuyo,
La perpetuidad de la noche abundante,
El faro que prolonga la dicha de inventarte.
Sol que se levanta de la penumbra,
El beso insensato trasquilando la calavera
Monocromada.
Más duró la vieja comadreja ocultando
El amor y el volumen de sus voces, que
La confesión sincera donde se rendía
Un saltamontes. Tú no te rendías al amor.
Quedaba todo intacto entre nosotros,
El temblor solo repercutía en el marco
De tu ventana.
Era solo danza cada instante con los
Brazos ciegos. Pero la danza del instante
Es el instante mismo, la memoria
Silenciosa que ha decidido quemar
La triste realidad en algo, con el buen ojo
Del pasado.
Desde hace tiempo

Desde hace tiempo
Vengo siguiendo las huellas del papiro egipcio,
Encuentro cada signo que es lo que es
Y lo que quizás no pudo ser,
Lo que habituaba decir y lo que nunca dijo,
Lo que dice ahora,
Más el tiempo que transita por el
Laberinto del Esfinge y el abismo
De su cuerda transparente.
Lo correcto y lo que no es,
El equilibrio del camello y la sensación
De sentirse confortable o inconfortable,
Dominaría mejor insobornable, dormitaba en la boca
De un oasis, todo se expresa sin razón y con razón.
La letra representada por una pirámide,
La mayúscula parte de la costilla de tu
Corazón auricular, mientras se llena de arena.
Pasar de la materialidad de las palmeras
Al aroma fino de tu cuerpo, no renunciaría
En el nunca jamás a este regalo incoherente
Aunque corra el riesgo de columpiar perenne en
La luz oscura.

Debut de la astilla

Debut de la astilla y su modo de vivir.
Cuento que cuenta y se mete en enredos.
Me lo dijo mil veces, en voz sonora,
Se expresa y se pierde y se vuelva a
Encontrar mirándome en su dramatismo.
Bajo el telón de la telenovela que está
Revista y soslayada y cabizbaja,
Siempre hay un momento resumido
En la taquicardia de tu abatida mirada que
Con sus dedos exclamativos me señalan.
Debut del consorte y de la quietud alada,
En la garganta onomatopéyica, el agua
De los gestos se estanca y padece de
Una sed de batalla, se desenfunda el furor
Del estío sobre la muralla.
Voy disolviendo las huellas de mis pasos
Para hacer el mundo más alargado.
¡Que ilusión tan rara!
Te veo y no nacen los mares, la sierpe
No busca las mocedades. Solo decirte
Adiós para continuar la marcha, porque
Si continúo viviendo entre tus brazos,
Seré la invitada atada.

Pilares romanos

Pilares romanos exuberantes
Entre un cielo y mar de gotas acicates,
Ruinas clásicas envueltas,
Visión de una revuelta, exaltación
Como golpe propinado, y
El creativo salto derrumbado.

Templo hecho en la tempestad,
Atrás dejó lo que había sido,
Sinalefa veintiuno, velocidad,
Éxito redentor, ninguno.
Del opresor al oprimido
Del oprimido al olvido olivo,
La mano uniforme que sutura
El error.
Otros en cambio añoran
Las máquinas, los robots
La serenidad electrónica
El nacimiento de la cara biónica
Tras las cortinas fermentadas
Y las monedas añoradas.

Veracidad, vertiente del instante
Es probable, que lo haya dicho todo
Es probable que no haya dicho nada
Es probable dentro de lo más
Probable, que un meteorito
Caiga y el mundo se acaba
Pero es más probable todavía
Que tú y yo seamos en esta vida
Un casual respiro dentro de una
Encrucijada.
Las constelaciones de las palabras

Yo recordaba las constelaciones de las palabras,
Algunas opacas, brillantes, rimadas, opuestas.
Indagaba en ellas lo que de lejos no entendía,
Lo que jamás se pudo escribir y transcribir
Un signo, el significado de sus pericias, la hebra
Sinalefada que la transportan de lleno a la vida,
Tan pequeño el tiempo de sentirlas.
Cuánto se descubren y cuanto se pierden
Siempre han hecho lo que han querido.
Con sed de garganta van asegurando sus pasos
O imaginadas se convierten en cuerpos silentes,
A veces el miedo algo les enseña y la sigue
Pero las sigue sin ser agudas, graves, esdrújulas,
Inseguras e insatisfechas hacia el impulso
De tentaciones y olvidan su música y sus funciones.
Algo milagroso entre medio del diccionario,
Nunca pierden su adorno onomatopéyico y van a
Dar al paraíso del vocabulario,
Si esto no me gustara, de inmediato se los hago saber.
He pasado repasando el abecedario que prende su
Llama en el vacío y les confieso que las silabas y las palabras
Llevan calor pero no frio.
Y para concluir, les digo, que así un tanto raras,
Se han dado a conocer.
Alondra sin alas

Alondra sin alas, estrujada en signos,
Espuma ebria de gaviotas, fotografiada,
Melancolía en la puesta astral de Mayo.
Una guitarra con el corazón roto,
Un alma diluida en la oscura luz vespertina,
Aullido de un lobo herido,
Sed encendida en el desierto.
Tropiezo y me levanto con paciencia de huracán,
Acaricio las flores
Y escucho su música.
Cuerpo que suda en el frio,
Ruido seco de madera,
Débil luz de estrella,
Corazón de araña trepadora,
Palabra truncada,
Puerta crujiente,
Y tormenta del pasado,
Lo que alguna vez fui.
Penumbra errabunda

Penumbra errabunda del presente,
Coyunturas amorosas de las piernas,
Hermanos de la pena capital, gemelos,
Selfies instantáneos del alba,
Vacilaciones de Obama con el aire rancio
La suma de sus años mal dibujados
Sobre la alfombra voladora de asfalto,
Árbol de hormigas que bajo su sombra
Te vuelve transparente, y sino
Te amenaza y te ordena en categorías de insectos,
Gime el agua esparcida, la recuerda el humo
De las cocinas y precipita el verano de las lámparas,
Llueven en las calles de tu pecho pero se
Enciende una llama que le da calor y rezas
Veinte avemarías, por el mundo del juramento,
Por si nuestras almas se escapan de las cacerolas,
Por la señal de mis rodillas y su clara melodía
En la hora ora la delicia salada del tulipán
Que con prontitud convierte nuestros cuerpos
En afiches de neón y al parpadeo de luces se excitan
Recordando sus vidas y trayectos en una canción.

Con tus ojos

Con tus ojos me hago
Una lámpara que alumbra.
El silente universo
Y sus cabellos de algodón.
Todas las estrellas
Surfean en el Internet.
Me enamora
Un puercoespín
Con sus bucles de oro.
Mi espalda, un
Corral de animalitos.
Descienden flexibles
Las piernas de la lluvia.
Te amo
Con violencia gallarda.
En mi carne herida
Escucho tu voz de entierro.
Tus dedos palpan
Mi debilidad.
Soy el trigo que agoniza
En tu lengua loca.
Todo cae de las nubes
Con su llave mentirosa.
El grito del gato
Y sus alas de pulmón.
El cero y uno infinito
El número telefónico de Dios.
La amiga mitómana
Colgada de un clavo.
Remienda el pasado
Con hilos de dignidad.
La amnesia de mis huesos,
El dolor de cabeza del
Corazón y su actitud destructora.
El palmípedo otoño
Y la aventura humana.
Tu amor, el azúcar
Permanente de mis días.
Torrentes, mar

Torrentes, mar, cascadas anegadas,
Ciprés bajo el cielo cubierto de golondrinas
Por el divino terciopelo.
En el espacio blando, la sombra escarapelada
En peregrinación que eleva mis ojos dentro de tu
Corazón azul.
De la llanura vertida al mar, al mar el único retorno
Donde mi destino se hace polvo. Se contenta bemol,
Devuelto lo imposible se ha guardado en el mar, al mar.

Nuestro amor invulnerable, cálido acero sin cerrar
Murmura en la cima de la espesa arboleda,
Porque soy de esta orilla, de todas partes,
De todo sueño, que se queda en el diluvio serafín
Sin poderse anegar.

 

Esta entrada fue publicada en junio 11, 2016.