“El eterno femenino”

  • “Darío exaltó a Venus como la belleza, pero fue Rafaela Contreras su musa quien a su muerte lo convertiría en un ser triste”, valoró la escritora Nydia Palacios

Con el modernismo en Rubén Darío se dan citas todas las poéticas sobre la mujer antes escritas y con el libro Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y otros poemas (1905), y otros textos líricos, el poeta conjuga su erotismo, simbolismo y su eterno femenino.

Musas

Carlos Tünnermann Bernheim, estudioso de la obra de Rubén Darío, calificó la conferencia de Palacios de “magistral exaltación de la mujer”; y recordó escritos de Pedro Salinas que describe el erotismo y amor del panida, idealizada en versos líricos o de gran sentir profano.

Tünnermann también se refirió a las musas de carne y hueso de Darío, como lo fue su prima Inés, Rosario Murillo, Rafaela Contreras, y Francisca Sánchez. Siendo Contreras “la ideal, porque además era escritora y escribía modernista a la manera de Darío”.

Valoraciones que realizó la escritora Nydia Palacios Vivas, en su conferencia: La visión de la mujer en la Obra de Rubén Darío, en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica.

Para Palacios, el poeta “no discrimina sino que celebra el amor en todas sus manifestaciones. Y su vitalismo es patentizado en vocablos como “roce”, mordisco” y “beso”, relacionado con lo sagrado y sexual de sus versos y a figuras como Venus, Stella, Cleopatra, Circe, Eva, Salomé y Dalila, entre otras.

Asimismo Palacios resaltó a un “Darío fascinado por la unión de la bestia divina y la bella Europa”, en clara alusión a la mitología de Leda y el cisne. Y recordó frase de Octavio Paz al respecto:

“Una gran ola sexual baña toda la obra de Darío. Ve al mundo un ser dual, de continua oposición de lo femenino y masculino. El mar es universal y conjugarlo es practicar ciencia suprema”.

También Palacios expresó: “Creemos en un verdadero Rubén sin máscaras, en un hombre sensible, sin rencores y noble. En un poeta en su creación literaria, con la imagen de la mujer que se ha venido a llamar el eterno femenino”.

Al concluir su ponencia Palacios abrió espacio a comentarios. Al tomar la palabra el historiador Jorge Eduardo Arellano, sugirió a Palacios incluir en el futuro el poema Metempsicosis, que es la descripción de un coito entre Cleopatra y el soldado Rufo Galo.

Asimismo dijo que en la primera edición de Azul, Darío exalta a la mujer como el “eterno estío y primavera inmortal”.

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 Quién era Montoya?

montoya
En la historia de Nicaragua hay un héroe que muchos mencionan, pero del que se conoce muy poco. Suena contradictorio, pero es real. Se trata de Ramón Montoya Acevedo, un joven de 14 años quien decidió alistarse para unirse a las tropas militares y así defender su patria de extranjeros.

Su gesto de heroísmo fue suficiente para que en su honor existiera un monumento, hoy conocido como la Estatua de Montoya. Pero volvamos al chavalo. Ramón Montoya Acevedo, nació en León en 1893, cuando inició el primer mandato del general José Santos Zelaya.

Su papá Francisco Montoya y su mamá Francisca Acevedo decidieron migrar a Managua al barrio El Nisperal, hoy barrio Cristo del Rosario.

Cuando Montoya cumplió 14 años, en 1907, Nicaragua estaba siendo víctima de una intervención por parte de Honduras, por lo que el adolescente decidió alistarse en las filas del Ejército del país. “Me voy a la guerra porque no quiero que me cuenten cuentos y Nicaragua me necesita”, esas fueron las últimas palabras que el héroe les dijo a sus padres, según narra el historiador Nicolás López Maltez.

La guerra en la que participó Montoya comenzó con el ataque inesperado del Ejército de Honduras a las tropas nicaragüenses ubicadas en el puesto fronterizo de Los Calpules, Chinandega, el 9 de enero de 1907.

En ese momento Nicaragua respondió de forma pacífica, pero después del segundo ataque, las tropas nicas ya estaban preparadas. Comandadas por el general Emiliano Chamorro Vargas lograron expulsar a las tropas hondureñas.

En uno de esos combates, en marzo de 1907, mientras Ramón Montoya se encontraba en el frente de la guerra, salió de su grupo alentando a sus compañeros para que lo siguieran y terminar con la batalla, pero cuando llegó a la cumbre de la loma El Grito, una bala lo alcanzó.

Desde ese momento se convirtió en el icono del heroísmo o mejor conocido como el ejemplo del Soldado Nicaragüense.

Heroísmo inmóvil

Para recordar la gesta del joven se erigió un monumento en honor a Ramón Montoya, inaugurado el 1 de enero de 1909 con un discurso del doctor José Dolores Gámez, ministro de Gobierno en ese entonces.

La imagen hecha de bronce fundido en Italia en un inicio fue ubicada en el Parque Central de Managua, frente a la Plaza de la República, pero años más tarde en los gobiernos conservadores desde 1911 hasta 1928, estos decidieron remover el monumento de su lugar para destruirlo y fue mandado a las caballerizas del Antiguo Palacio Nacional.

Siguiendo con el intento de deshacerse del monumento, el general Emiliano Chamorro Vargas, presidente de la República, le regaló la estatua al obispo de Granada para que hiciera una campana, pero don José Cuadra, conocido ciudadano granadino, convenció al obispo para que se la vendiera por 250 dólares.

En 1945 se pavimentó la Avenida del Ejército y el ministro Nacional, general Andrés Murillo mandó a poner la estatua en el sitio que se encuentra actualmente.

Esta imagen que evoca el heroísmo, según don Nicolás, representa el momento donde Montoya señalaba a los enemigos y a la vez alentaba a las tropas a seguir luchando por el país. Lamentablemente para la mayoría de ciudadanos, hoy solo es un punto de referencia.

ARCHIVO/ FOTOARTE: FÉLIX CASTILLO

http://www.hoy.com.ni/2014/08/11/quien-era-montoya/

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