Apellidos

Apellidos 100 por ciento nicaragüenses

—Francisco Gutiérrez Barreto*—
El 11 de marzo de 2001, publiqué en EL NUEVO DIARIO el trabajo titulado, Ensalada nica de apellidos. En él, expuse los diez nombres de familia o apellidos más comunes del país, así como orígenes de los mayormente conocidos, incluyendo aquellos de procedencias extranjeras y los de nuestra costa caribeña. Fue una labor de filigrana con final feliz, pero me faltó explicar que vienen de 1,700 en adelante, época en que esta región devino de asiento a legítimos y permanentes inmigrados y del surgimiento de nuestra raza mestiza.
A esa misma era corresponde también la conservación de los apellidos nicaragüenses más antiguos, cuando los españoles o ellos mismos, nuestros indios, castellanizaron el sonar de sus nombres familiares en apellidos nicas, que no existen o encuentran por otras latitudes. Fueron 21 los presentados, a saber: Tola, Nicoya, Ochomogo, Ñamendi, Putoy, Nicaragua, Ñurinda, Norori, Jalina, Naborío, Namoyure, Metoy, Ondoy, Ambota, Potosme, Suze, Nacamure, Ñoriongue, Canda,y Nacatime.
Una semana después, 17 de marzo, el ilustre intelectual masayense, Dr. Enrique Peña Hernández, refiriéndose a mi trabajo, en su columna, “Lexicografía”, ofrecida los domingo por La Prensa, sumó cinco más: Arley, Anduray, Moritoy, Macanche y Pupiro, resaltando estos dos últimos provienen de Niquinohomo y subiendo el total a 26. El mismo autor, en trabajo de 1978, publicado por Fernando Silva en su Pequeño Diccionario Analítico de 1999, oferta varios, entre ellos dos faltantes a mi lista, Magdey y Urey.
Luego, el periodista de EL NUEVO DIARIO, Edwin Sánchez, presentó una pequeña lista incluyendo uno hasta entonces escabullido: Ticay, no raro en la zona de Masatepe. Aunque pensé podrían ser todos, no desanimé en mi búsqueda, teniendo siempre mi mente pendiente a cualquier sorpresa.
Muchos de los apellidos dados tienen variantes y son ahora patronímicos diferentes, engrandando el activo de esta contabilidad sanguínea, pero ello es material para un nuevo trabajo o investigación, que no descarto hacer en algún futuro cercano. Daré algunos ejemplos: Potoy como derivado de Putoy, Mondoy y Hondoy por Ondoy, Canda y Candia, Ñamendys por Ñamendi, Jalina y Jalinas, etc. Cabe asimismo pensar, desde un inicio son nombres familiares diferentes y no sería extraño.
Existen documentos, que podrían ayudar en aclarar estos enigmas. Son copias de libros bautismales y de casamientos del siglo XIX, en la parroquia de Masaya, y están a mi acceso. Sin embargo, por ahora los dejaré de derivados.
Como escribí en mi libro Ven a mi vida con amor, la mayoría de ellos se encuentran en el departamento de Masaya, específicamente en el barrio de Monimbó, centro por excelencia de la cultura chorotega.
Recuerdo de niño al caserío y sus ranchos de paja. A Luz Flores, mi china, vecina de los Jalina y emparentada por Norori a Chon Pavón, personaje clásico de la raza cobriza, inmortalizado por Mario Cajina Vega en sus poemas y quien a destajo, hoy por contrato, trabajó para mi padre.
Al maistro Suze, dueño de un billar por la calle El Progreso. Al padre Putoy, un sacerdote de baja estatura y activo; un santo, según las beatas. Desarrollé mi niñez bien relacionado y por ello mi inquietud.
Llama la atención que otros sectores como Subtiava de León, Norte del país y costa caribeña, carezcan de aportes significativos. Por razones varias, entre ellas comodidad, adaptación social, subyugamiento laboral e inclusive esclavitud, optaron por apellidos españoles y sajones en la costa Este del país. En tiempos actuales, por los grandes movimientos migratorios y aumento demográfico en los últimos 25 años, diseminados los encontramos por el país, aunque en Masaya, muchos continúan fieles a sus raíces.
Pero, continuemos…, dos nuevos sucesos se dieron en estos días. Viajando por el Río San Juan, durante el mes de diciembre, encontré una familia de apellido Taisigüe, recordándome al cacique Nicolás Taisigua, defensor exitoso de sus dominios en la hoy Camoapa y contra invasores caribes en 1768. Me comentó uno de estos Taisigüe, que no es extraño en la zona de Chontales y que en San Carlos, existen otros y no sabe si son parientes.
Tratando de localizar el origen etimológico, semántico o fonético de este apellido, pedí y encontró nuestro intelectual Orient Bolívar, que en Santa Bárbara, cercana a Puerto Cortés en Honduras, existe un caserío maya-tolteca llamado Tacxiguat y en la República de Bolivia, tenemos dos poblados que llevan por nombre, Tayasigua. Pensé podría venir de México como todos los apellidos indios nica, pero la presencia boliviana señalaba también al cono Sur del Continente.
Este dilema quedó resuelto cuando disfruté artículo de La Terraza Literaria de Fernando Silva, publicada en El Nuevo Amanecer Cultural del END, fechado el 20 de marzo de 2004. El trabajo titulado “El asunto de nuestros apellidos” nos indica que Taisigue, sin diéresis, es sinónimo de raza Mangue o Chorotega, confirmando así su origen mexicano.
Aquí tienen entonces estimados y acuciosos lectores, treinta y un apellidos nicaragüenses, de origen chorotega en mayoría. Los portan desde hace más de 500 años, quizá siglos. Son la raza autóctona, misma confirmada por las características físicas de sus tenedores… ¡Qué abolengo!… Y gracias Orient por tus aportes.

Apellidos Nicaragüenses

Nuestros antepasados son tanto indios como españoles. Nuestras genealogías suelen buscar el lado español, en parte por falta de datos para los indios, pero también por sobre valoración de la herencia española. Para rescatar a nuestro antepasado indígena, hemos elegido como símbolo de “Apellidos Nicaragüenses” este fragmento de jarrón encontrado en el Lago de Nicaragua, seis leguas al norte de Rivas. Repoducimos la banda geométrica de la base del jarrón. A la derecha se miran dos de los cuatro agujeros de la base, que contine varias bolitas de arcilla que producen ruido. Las caras rayadas sugieren las que se encuentran en los códices mexicanos. En esta pieza «tenemos la aproximación más estrecha a los manuscritos aborígenes de la región», opina Lothrop. (Lothrop, S. K. Cerámica de Costa Rica y Nicaragua. página 132, tomo I, Managua, Nicaragua: Fondo Cultural Banco de América, 1979)

        El interés de los nicaragüenses por sus raíces y por mantener sus lazos familiares es proverbial. Este sitio Web pretende dar la oportunidad a todos de compartir sus historias familiares y publicar la recopilación que han hecho de sus antepasados. No ofrece reunir los trabajos de ustedes en una publicación, sino que publicar lo que estedes envíen en la forma y formato que deseen, sin ningún retorque por parte de “Apellidos Nicas”.

    Antes que nada, este no es un foro de genealogía: no contestamos preguntas ni ayudamos a recopilar su propia genealogía. Esto solo usted puede hacerlo. Apellidos Nicaragüenses publica genealogías ya recopiladas; si consultar una de ellas le ayuda a recopilar la suya por estara emparentado con esa familia. ¡Excelente! Sería una ayuda indirecta.

      El diseño del sitio Web es sencillo. Por lo pronto cuenta con cinco páginas, que podría ir aumentándose a medida que crezcan las publicaciones. La página titulada “Frecuencia de apellidos” es una página de búsqueda que les permitirá saber cual es la abundancia del apellido en cada uno de los 153 municipios del país. Para limitar la lista de municipalidades, solo aparecen listados aquellos municipios donde hay más de cinco (5) individuos que tienen el apellido que se busca.

    Además de desplegar la abundancia del apellido en los municipios. Si usted quiere saber la abundancia del apellido en todo el país, le sugerimos consulte la página de “Archivos generales” y descargue el archivo “Abundancia de apellidos en Nicaragua“.  Estos datos permitirán al usuario tener una guía de donde se originó el apellido. Los apellidos generalmente son más abundante en los lugares de origen porque las familias han tenido más tiempo para crecer, para reproducirse.

    La página de “Archivos Generales” publica artículos generales sobre genealogía, historias de pueblos o municipios con hincapié en las familias residentes, guías de como organizar la búsqueda de su genealogía, datos de las personas sepultadas en los diferentes cementerios del país.

    “Archivos de familias” es el sitio donde publicamos, en formato PDF, las genealogías familiares. El único servicio que prestará “Apellidos Nicas” será convertir a .PDF los archivos que reciba en formato Word. Es responsabilidad del autor presentar su documento en la manera más clara y atractiva posible.

    Publicamos documentos que no cumplan con las “Reglas para publicar genealogías”. Si recomendamos que lean las reglas y traten de cumplirlas para que sus trabajos se lean mejor en la Internet.

    Finalmente la página titulada “Municipios” donde mostramos un mapa simplificado de Nicaragua y mapas de cada departamento con un cuadro que lista los municipios y sus códigos municipales.

http://www.apellidosnicas.net/

Por tu apellido te conocerán

16 MAR 2011 19:39

Pedro Joaquín Chamorro cardenal, asesinado por el régimen somocistaCuando el noble sevillano Diego Chamorro de Sotomayor puso rumbo a la Capitanía de Guatemala mediado el siglo XVIII, probablemente no se imaginó que entre su prole se contarían cinco presidentes de Nicaragua, generales, ministros, conservadores, sandinistas y reputados periodistas.

Los Chamorro han sido la familia más influyente en la historia pinolera, un legado que continúa en la actualidad. Sin embargo, este no es un fenómeno endémico de Nicaragua. En el resto de países centroamericanos se han dado similares dinastías de poder, con otros apellidos.

El primer presidente de la República, tras la declinación del antiguo Directorio en 1854, fue Fruto Chamorro Pérez. Él se convirtió en pionero de lo que más tarde pasaría a ser una tradición familiar: ascender a Jefe de Estado. En aquellos años, los Chamorro eran un linaje clave entre la elite oligárquica del país. De ideas conservadoras y tradicionalistas, ejercían una seria influencia en el devenir político y económico nicaragüense.

Pedro Joaquín Chamorro AlfaroFruto Chamorro fue destituido de su cargo al comenzar la guerra entre conservadores y liberales que arrasó Nicaragua. Su hermanastro Fernando fue un general clave en la derrota de los filibusteros comandados por el estadounidense William Walker, llegados al país con intención de quedárselo. Otro hermanastro, Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, fue ungido presidente en 1875: gobernaría el país durante cuatro años, en nombre del Partido Conservador.

Las aspiraciones presidenciales del clan se rompieron cuando, en 1893, se produjo el golpe de Estado del liberal Santos Zelaya, inaugurando una dictadura que perduraría dieciséis años. Tras la invasión norteamericana que acabó con el yugo, tuvieron oportunidad de continuar el mandamiento familiar. Entre 1917 y 1926 se sucedieron tres presidencias de distintos Chamorros en clave conservadora.

Emiliano ChamorroEmiliano Chamorro Vargas se convirtió en Jefe de Estado en 1917, cargo que ocuparía hasta 1921, año en que su tío segundo, Diego Manuel Chamorro Bolaños, alcanzaría el sillón. Este último gobernó hasta su muerte, dos años después, sustituyéndole por un par de semanas otro familiar, Rosendo Chamorro Oreamuno.

A este le sucedió el opositor Carlos José Solórzano, una presidencia que no aceptó Emiliano Chamorro, comenzando acciones de insurgencia y reclamando una presidencia que consiguió durante varios meses antes de ser retirado del puesto por orden norteamericana, siendo sustituido por Adolfo Díaz. Poco tiempo después estallaría la Guerra Constitucionalista entre los conservadores, apoyados por EEUU y los liberales, que dio lugar a las gestas de las tropas del general Sandino.

Pero si importante es la historia política de la familia, no menos es la periodística. En 1932, Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, nieto directo de Chamorro Alfaro, presidente en 1875, se hizo con el control total de la cabecera más importante del país, ‘La Prensa’. Este diario se convirtió, bajo la dirección de su hijo, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en un azote constante contra la dictadura somocista que gobernaba con mano de hierro el país. Él mismo había participado en una insurrección contra el dictador, por la que fue encarcelado y torturado en la capitalina Loma de Tiscapa. Volvería a participar en otra asonada, la ‘Rebelión de Olama y Mollejones’, en 1959. El periodista se casó con Violeta Barrios, que posteriormente también accedería a la presidencia.

Su asesinato, el 9 de enero de 1978, supuso el mayor error de las cuatro décadas de los Somoza en el poder. La muerte de este líder de opinión a manos de comandos enviados por Anastasio II espoleó a una población que no se había decidido a apoyar definitivamente a la guerrilla del FSLN: la Revolución ya no tenía vuelta atrás.

Con Somoza fuera de juego, la familia Chamorro Barrios sufrió una división entre los que apoyaban las políticas del Frente y los que las criticaban. Este cisma desembocó en la escisión de parte de ‘La Prensa’ en  ‘El Nuevo Diario’ por iniciativa de uno de los hermanos de Pedro Joaquín, Javier Chamorro, al no comulgar con la persecución que el rotativo familiar hacía en contra de los sandinistas.

Mientras, otra de las hijas de la pareja Chamorro Barrios, Claudia, que había contraído matrimonio con el sandinista Edmundo Jarquín (actualmente disidente y candidato a la vicepresidencia en alianza con el liberal Fabio Gadea)  se convertía en embajadora en Costa Rica en el primer gobierno de Daniel Ortega. Jarquín fue embajador en España.

En contraste, otro de sus hijos, Pedro Chamorro Barrios , tuvo que exiliarse a Costa Rica por posiciones divergentes con el oficialismo. No sería el único en problemas con los sandinistas: otro Chamorro, Fernando ‘El Negro’, lucharía en la contrarrevolucíon. Moriría en 1994 por consecuencia de una embolia producida dos años antes. Había vuelto al país tras la amnistía de 1988. Por su parte, Pedro se convertiría en Ministro de Defensa durante el gobierno del liberal Arnoldo Alemán.

Violeta Barrios de ChamorroSu madre,  Violeta Barrios de Chamorro, alcanzó el sillón presidencial tras las elecciones de 1990, a las que acudía como candidata de la Unión Nacional Opositora que se impuso en la votación al FSLN de Daniel Ortega. Pese a no tener sangre directa de los Chamorro, Violeta se convirtió en la sexta integrante del clan que llegaba a la jefatura del Estado.

La familia controla actualmente los dos diarios independientes del país, ‘La Prensa’ y ‘El Nuevo Diario’, que abandonó hace años su línea editorial sandinista por una más crítica. El primero lo dirige Jaime Chamorro Cardenal, hermano de Pedro Joaquín y Javier, y el segundo Francisco Chamorro, hijo del último.

Los países del istmo americano han sido proclives a dar con este tipo de dinastías familiares.  Debido a su amplia ascendencia política, el apellido Chamorro en Nicaragua es de aquellos que no se olvidan: han estado presentes en gran parte de los sucesos históricos  que han ocurrido en los casi dos siglos de independencia del país.

http://www.elmundo.es/america/blogs/cronicascentroamerica/2011/03/16/por-tu-apellido-te-conoceran.html

En todos los libros de Historia
y tratados sobre los Mendoza

encontramos que los apellidos de los biografiados no siguen un orden como en la actualidad.

IRREGULARIDAD DE LOS APELLIDOS ESPAÑOLES HASTA EL SIGLO XIX

Durante el Imperio Romano, el uso de los nombres y apellidos era diferente al que conocemos en la actualidad. Se utilizaba primero el Nomen, equivalente al nombre o carácterísticas físicas descriptivas, de índole tradicional. Luego, en el medio, iba el Cognomen, que constituía el apellido o linaje de la familia. Finalmente, figuraba el Agnomen, que era descriptivo de alguna cualidad, oficio, carácter personal o defecto de la persona. A veces se anteponía un Preagnomen antes del Nomen, para añadir alguna cualidad especial o mérito notorio. Un ejemplo del sistema romano de identificación personal es el de Cayo Julio César, cuyo nombre romano completo era: Gaius Iulius Caesar. Gaius era el Nomen, que significaba “bonito”, “bello”, “apuesto”. Iulius era el Cognomen, que indicaba que procedía del linaje o familia Iulia (Julia). Finalmente, Caesar significaba “de pelo largo” en el idioma latín, lo que pudo describir una característica física al nacer, o quizás alguna cualidad tradicional, puesto que Julio César se quedó calvo al llegar a su edad adulta. Este sistema se aplicó por ley a todo el Imperio Romano, incluyendo a la Hispania, que comprendía la Península Ibérica. Antes de esta época se tienen pocos datos de los pueblos pre-romanos, que fueron los iberos, los celtas, los vascos, y los colonos fenicios, griegos y cartagineses.

Con la llegada de los pueblos de origen germánico a la Península Ibérica, y el posterior final de la dominación romana, fue desapareciendo paulatinamente este sistema de identificación personal, persistiendo los nombres romanos, mezclados con los germánicos, simplificándose con el uso de un nombre, seguido del patronímico terminado en las letras “ez”, que era el equivalente a la palabra germánica “son”, que significa “hijo”. Así Rodriguez significa “hijo de Rodrigo” y López significa “hijo de Lope”. Asimismo hay palabras que se pueden usar tanto como nombre o como patronímico, siendo ejemplos Gómez o García. Luego, comenzaron a usarse otros medios de identificación, refiriénose al toponímico, o lugar de origen, o a alguna característica física, defecto, o cualidad personal. Por tanto “Lope Íñiguez de Mendoza” significaba entonces “Lope, hijo de Íñigo, señor del lugar de Mendoza”.

Los apellidos españoles, como los de otros países europeos, comenzaron a ser utilizados a partir de los siglos XI y XII.

A mediados del siglo XII empieza a aparecer entre los grandes señores de Castilla y León la costumbre de firmar en la documentación, siguiendo a su nombre y patronímico, el nombre del lugar cuyo gobierno ejercen. Esta fórmula suele utilizarse intercalando las más de las veces, entre el patronímico y el lugar de gobierno, la preposición en, es decir, Rodrigo Fernández en Astorga, Álvaro Rodríguez en Benavente, Pedro Rodríguez en Toro; pero a veces se suscita el problema cuando el escriba emplea, para significar lo mismo, la preposición de, y hay que saber diferenciar entonces lo que es el gobierno de un lugar, de un incipiente nombre de linaje. Este nombre de linaje que surge en estos tiempos se va implantando en la alta sociedad medieval y podemos decir que está perfectamente establecido, con la aquiescencia de todos, en la segunda mitad del siglo XIII.

Asimismo hay que indicar la costumbre de que la mujer conserva su propio apellido después del matrimonio. Adem´s, si el linaje materno es de mayor importancia que el paterno, los hijos llevan el apellido de la madre, desapareciendo él del padre. Esta situación puede producirse espontáneamente o por capitulación matrimonial, apareciendo asi nuevos linajes.

El Marques de Santillana     El Gran Cardenal Mendoza

MARQUES SANTILLANA | GRAN CARDENAL

Finalmente, llegado el siglo XIV los patronímicos pierden su significación original, pasando a unirse inseparablemente al nombre de la persona para hacer homenaje a un antepasado de relevancia. Así, en honor al asesinado pariente Íñigo López de Orozco, muchos Mendozas son llamados “Íñigo López” aunque su padre no se llemara Lope, y en honor al Gran Cardenal y al muerto en Aljubarrota, otros son llamados “Pedro González” aunque su padre no se llamara Gonzalo.

El caos que existió en España durante la Edad Media, en el uso de los apellidos, ha puesto a prueba la paciencia de los historiadores y los genealogistas, haciendo muy difícil identificar los protagonistas de la historia y establecer las genealogías con resultados satisfactorios. Esta irregularidad llegó a ser casi una anarquía, extendiéndose, no sólo a las familias de rancio abolengo, sino a los estratos sociales más pobres, e incluso a los conversos a la fe cristiana, perdurando también en América hasta bien entrado el siglo XVIII.

Un típico ejemplo de esta irregularidad de apellidos es evidente en los hijos e hijas de Don Íñigo López de Mendoza (1398-1458), mejor conocido como el marqués de Santillana, y de su esposa doña Catalina Suárez de Figueroa. La sucesión fue la siguiente:

  • Diego Hurtado de Mendoza
  • Íñigo López de Mendoza
  • Lorenzo Suárez de Figueroa
  • Pedro González de Mendoza
  • Pedro Hurtado de Mendoza
  • Juan Hurtado de Mendoza
  • Pedro Lasso de la Vega
  • Mencía de Mendoza
  • María de Mendoza
  • Leonor de la Vega

De todos los hijos mencionados, siete de ellos ostentaban el apellido paterno de Mendoza; dos llevaban el apellido paterno de la abuela, de la Vega; y uno tenía el apellido materno de Figueroa. Resulta un consuelo saber que los castellanos del siglo XV también se confundían con este enredo de apellidos. En 1475, un escribano real se refirió a un hermano del duque del Infantado como “Lorenzo Suárez de Mendoza”. En su testamento, el duque llamó al mismo hermano “Lorenzo Suárez de Figueroa”.

Sin embargo, este caos existió dentro de ciertos límites. En la familia, algunos nombres se combinaban solamente con ciertos apellidos determinados. Por ejemplo: siempre Íñigo López, nunca Íñigo González o Íñigo Hurtado; Pedro González o Pedro Hurtado, pero nunca Pedro López de Mendoza; Garcilaso de la Vega, pero nunca Garcilaso de Mendoza. En el año 1550, este pequeño número de nombres tradicionales había aumentado hasta alcanzar la cifra de más de cuatrocientos miembros de la familia, muchos de ellos con los mismos nombres y apellidos repetidos, lo que ha resultado en una desesperación para los historiadores.

A partir de 1492, el problema se complicó con la costumbre de otorgar los nombres y apellidos de los padrinos o testigos bautismales a los judíos, y a los moriscos adultos, conversos a la fe cristiana, por lo cual era común encontrar un miembro de la familia Mendoza rodeado por varios homónimos conversos, que eran su secretario, su médico, y su recaudador de impuestos. De ahí que muchos descendientes de judíos conversos (marranos), ostenten también apellidos de hidalgos, tales como: Ávila, Calderón, Correa, Guzmán, Mendoza, Pereira, Toledo, Torres, y Vargas. Algunos de estos apellidos, especialmente en Portugal y en América son generalmente de origen “marrano”, tales como: Calderón, Correa, Pereira, y Torres.

A mediados del siglo XVI encontramos un caso similar de irregularidad de apellidos en Puerto Rico, muy parecido al de la familia Mendoza en la Península Ibérica. Se trata del matrimonio del colono Hernán Pérez, natural de la villa de Almonte, en Andalucía, sobrino del conquistador Hernando de Lepe. Hernán Pérez casó con María del Rincón. De este matrimonio nacieron los siguientes hijos:

  • Catalina Maldonado
  • Luis Pérez del Rincón
  • Leonor del Rincón
  • Beatriz del Rincón
  • Francisca de Escobar
  • Elena del Rincón
  • Isabel de Sotomayor
  • Ana del Rincón

Del matrimonio de Hernán Pérez y doña Luisa de Vargas nacieron los siguientes hijos:

  • Agustina de Vargas
  • Fernando de Vargas

Esta irregularidad en los apellidos se conoce como la época anárquica en España, y se extendió hasta bien entrado el siglo XVIII. Durante el reinado del sabio rey español Carlos III de Borbón, se empezó a establecer la época reglada en España. Se adoptó la actual bandera española, de colores roja y gualda (roja y dorada), y se hizo oficial la marcha real como el himno de la nación. También, se estableció el sistema de nombres y apellidos que está en uso actualmente. No fue hasta el siglo XIX, cuando se puede decir que se dejó de utilizar definitivamente la antigua anarquía de los apellidos.

Asimismo influye en la elección del apellido el fenómeno de la herencia a través de la institución de los mayorazgos desde finales del siglo XIV. La fundación de un mayorazgo tenía por objeto el mantener unido un patrimonio que, en otras condiciones, a través de sucesivos repartos, habría condenado a la descendencia a un descenso en la categoría social. Para proteger esta perduración del linaje y para asegurar su lustre social, los testadores establecen todo tipo de cláusulas sucesorias, que coartarán la libertad de sus herederos. Así, no solamente se prohibía a los sucesores cualquier posible enajenación del patrimonio vinculado, sino que, además, se les imponía el uso de apellidos y armas y muchas veces, incluso, las personas con las que habrían de casar. Todo ello nos pone en evidencia la gran preocupación que aquellos hombres tenían por todo lo referente al linaje.

Diego Hurtado de Mendoza, hijo del Gran Tendilla, por Tiziano     Mariano Tellez-Giron, duque de Osuna

EMBAJADOR DIEGO | DUQUE DE OSUNA

En Castilla son frecuentes los mayorazgos que imponen uso de apellido y armas, entre ellos casi todas las casas de la Grandeza, y todavía está fresca la memoria de personajes que han conocido nuestros abuelos y cuyos apellidos se debían a imposición de mayorazgos. La Emperatriz Eugenia, por ejemplo, se apellidaba Guzmán, su hermana mayor la Condesa de Montijo -luego Duquesa de Alba-, Portocarrero, y el abuelo paterno de ambas Palafox, aunque Rebolledo de origen. La razones de estos cambios eran que en la casa de Ariza había que llamarse Palafox, en la de Montijo, Portocarrero, y en la de Teba, que tocó a la Emperatriz Eugenia por incompatibilidad de su mayorazgo con los demás de su hermana mayor, el poseedor estaba obligado a llamarse Guzmán. Pero por no saber esto, es difícil encontrar un biógrafo de la Emperatriz que no corrija rápidamente los apellidos de ésta cuando se entera de que sus padres se llamaban Portocarrero y Kirkpatrick, que es como, sin embargo, no se llamó nunca la última Emperatriz de los Franceses.

Por todo lo anterior, es absolutamente inapropiada esa costumbre “actual” de hablar de los Téllez Girón, los Hurtado de Mendoza, los Álvarez de Toledo o los Fernández de Córdoba, para aquellos tiempos, y no de los Girones, los Mendozas, los Toledos, y los Córdobas, que es como entonces se decía, pues -repito una vez más- el patronímico, en este tipo de apellidos, sólo se utilizaba cuando iba inmediatamente después de un nombre de pila.

La situación anterior finalizó con la Ley de Registro Civil de 17 de junio 1870 establecía (articulo 48) que todos los españoles serían inscritos con nuestro nombre y los apellidos de los padres y de los abuelos paternos y maternos. La inclusión en el nuevo Código Penal de dicho año del delito de uso de nombre supuesto vino a consagrar como únicos apellidos utilizables los inscritos en el Registro Civil. Esta fórmula se consagró jurídicamente con la nueva redacción de la Ley de Registro Civil de 8 de junio de 1957, que dió carta de naturaleza a esta costumbre únicamente española, pues ni siquiera en Hispanoamérica rige, de utilizar los dos apellidos, paterno y materno, que según la propia normativa deben ir separados por la conjunción copulativa y, lo cual nunca se ha aplicado con rigor. Es también a partir de esta fecha cuando todo cambio o unión de apellidos se deberá llevar a cabo mediante expediente instruido de forma reglamentaria ante el Ministerio de Justicia. Modificaciones posteriores a la ley permiten desde los años 80 del siglo XX que se pueda anteponer el apellido materno al paterno, si la persona lo desea y lo solicita al alcanzar la mayoría de edad.

Autor: D. Luis Orlando Piñero Rivera fue un dibujante de retratos “free-lance” para el periódico “El Nuevo Día”, el de mayor circulación de habla hispana en Puerto Rico, que se lee en New York y en Miami. Cuando escribió este texto estaba jubilado y con nietos.

 

[Bibliografía]: La información se obtuvo del libro de la Dra. Helen Nader, titulado: “The Mendoza Family in the Spanish Renaissance 1350-1550”, asi como del discurso de ingreso en la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía de don Jaime de Salazar y Acha “Génesis y evolución histórica del apellido en España” (1991). También gracias a la valiosa información del genealogista tinerfeño Julio N. Rancel Villamandos. Se incluyeron datos del archivo privado de D. Luis Orlando Piñero.

http://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/depaz/mendoza/mapellid.htm

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